La tribuna

La Pascua Militar, primer acto de Estado

La Pascua Militar, primer acto de Estado
Europa Press

Uno de los pilares fundamentales sobre los que se asientan las Fuerzas Armadas son sus tradiciones y una de estas es la que desde el 6 de enero de 1782 figura en el calendario militar como el día de la Pascua Militar. Ese día se recuperó la localidad menorquina de Mahón en poder de los ingleses, quienes habían ocupado Menorca en 1708 durante la Guerra de Sucesión al trono de España y a los que se la habíamos cedido formalmente en 1713 como consecuencia del Tratado de Utrecht. En 1779 acordamos con Francia apoyar a las 13 colonias angloamericanas en su proceso de Independencia de Inglaterra, entrando en guerra contra los ingleses en escenarios tan dispersos como en las aguas del Atlántico, en Europa y América. En Europa, con el objetivo de reconquistar Gibraltar y Menorca, desarrollándose en esta isla los combates desde el 19 de agosto de 1781 al 7 de febrero de 1782 con victoria de nuestro lado, recuperando con ello la soberanía perdida en 1708. Gibraltar nunca se pudo reconquistar, siendo en la actualidad la única colonia en territorio de la Unión Europea, reconocida como tal por Naciones Unidas.

En aquellos tiempos no existía un sistema formal y reglamentado de reconocimientos militares, pero para recompensar los méritos obtenidos en las campañas el Rey otorgaba ascensos a las figuras destacadas; otro modo acostumbrado era “dar el Rey las gracias a…” con reconocimientos del Monarca en persona. En este sentido, el Rey Carlos III, como una muestra de aprecio a sus Ejércitos por la reconquista de Menorca y por la importancia que dio a este hecho de armas, ordenó a los Virreyes, Capitanes Generales y Gobernadores que en el día de la Epifanía del Señor, de los Reyes Magos, el 6 de enero, reuniesen a las guarniciones y presidios y notificasen, en su nombre, a los jefes y oficiales de sus Ejércitos su regia felicitación por la Pascua, y las mercedes que se había dignado concederles con ocasión de la celebración; que en adelante debía llamarse Pascua Militar.

La fiesta fue solemne en todas partes; una fiesta ampliada a la tropa según dispusieron los Coroneles. Explica el historiador militar y literato General Luis Bermúdez de Castro y Tomás que el sentido del acontecimiento, la Pascua Militar, era a la inversa de la costumbre: consistía en que fuese el Rey quien cumplimentara a la oficialidad y ésta quien lo hiciera a la tropa. En Madrid y en los Virreinatos, Capitanías y Gobiernos, la oficialidad acudía a los palacios no a la manera de los besamanos (desfilando por delante del rey o de la autoridad superior) sino reuniéndose en la estancia más capaz para ello y saliendo el Monarca o las autoridades respectivas a saludar, felicitar y conversar con los oficiales. Por la noche se celebraban banquetes, exclusivamente militares, ofrecidos por la superioridad. Lo significativo de esta celebración radicaba precisamente en que no eran los subordinados quienes rendían homenaje a sus superiores, sino estos los que lo hacían a aquellos. Con el paso del tiempo, la fiesta como tal se ha ido adaptando a las circunstancias políticas de cada época, pero conservando la característica de ser los subordinados los agasajados. Una celebración que se ha mantenido independientemente del régimen político imperantes en cada momento; tal es así que se siguió celebrando durante la II República.

En la actualidad, este acto institucional tiene lugar en el Salón del Trono del Palacio Real de Madrid, donde S.M. el Rey, acompañado de la familia Real, Autoridades Civiles y una nutrida representación de las Fuerzas Armadas, se reúnen para la tradicional celebración que sirve de escenario para el inicio del año militar y análisis a modo de balance el año anterior a la par que se marcan las líneas de acción a desarrollar en el que comienza, siendo el primer acto institucional de Estado del año y así mismo el primero del calendario anual de las Fuerzas Armadas. Esta celebración y la del Día de las Fuerzas Armadas, constituyen los dos actos institucionales anuales específicos más importantes y de mayor relieve de los Ejércitos.

Celebremos la Pascua Militar no solo como un acto protocolario de Estado más, sino como una lección de historia, un recordatorio de la importancia de preservar la seguridad y la integridad nacional y una expresión de gratitud hacia las Fuerzas Armadas, garantes de nuestro ordenamiento constitucional como así establece el artículo 8 de la Carta Magna.

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