La tribuna

La termodinámica de los necios

La termodinámica de los necios
D.A.
Juan Miguel Requena Mullor
- Investigador Y Docente De La Fac. De Cc Exp. De La Ual

La termodinámica se ocupa de la energía y su interacción con la materia. La necedad, en cambio, prospera en la ausencia de lógica. ¿Qué relación podrían tener estos dos conceptos? Erwin Schrödinger, físico y filósofo austríaco, nos enseñó a interpretar los sistemas vivos como estructuras disipadoras de energía que crecen en complejidad como consecuencia inevitable del flujo de dicha energía. Pero cuando la energía fluye a través de un sistema vivo, ¿qué es lo que permanece después de su paso? Información: esa es la respuesta. La información es la clave de la vida. En todo lo que observamos, en mayor o menor medida, hay información. En la estructura interna y externa de un objeto o ser vivo, en su forma y en su movimiento, existe información creada, consciente o inconscientemente, para que perdure. Lo complejo nos informa acerca de la sofisticación como solución al paso del tiempo; lo simple nos hace valorar la genialidad de sobrevivir con lo mínimo. Es de necios creer que lo simple alberga menos información que lo complejo. Un beso encierra miles de años de evolución cognitiva, mientras que el funcionamiento del motor de un coche se aprende en unas pocas jornadas. Información y necedad llevan miles de años combatiendo, y de ese combate han surgido civilizaciones enteras y modernos sistemas sociopolíticos. Líderes, medios de comunicación y redes influyen en nuestra forma de pensar. Cuando estos merman nuestra capacidad para tomar decisiones razonables, surge la necedad.

La necedad ha sido fomentada y explotada por unos pocos a lo largo de la historia, gracias a que somos una especie profundamente social. Desde los albores del Homo sapiens, la organización social estaba fuertemente estructurada en grupos que razonaban y actuaban de forma independiente bajo el liderazgo de las “élites”. Este control regulaba la generación y dispersión de la información, limitando así el libre albedrío y convirtiéndonos en seres fácilmente manipulables. Sin embargo, al analizar esta dinámica a gran escala, se observa una notable diversidad de información: aunque los grupos actuaban de manera homogénea a pequeña escala, la información se tornaba sumamente variada a nivel global. Existía, además, un constante flujo de información entre comunidades, tribus, pueblos o regiones. El conocimiento se intercambiaba, se modificaba y se mejoraba, evolucionando aquí y allá como fruto de la necesidad de supervivencia y la adaptación a entornos cambiantes. Esta diversidad de saberes entre los pueblos se retroalimentaba, generando una riqueza informacional aún mayor. Por ello, las redes humanas se asemejaban a un gran tapiz compuesto por hilos homogéneos en su tramado local, pero entrelazados, creaban un diseño global de complejidad y variedad enorme.

En la actual “era de la información”, paradójicamente, la necedad está menos compartimentada que nunca. La capacidad de unos pocos para influir en muchos se ha incrementado exponencialmente. Tecnologías emergentes como internet, la inteligencia artificial y una de sus creaciones más notables, ChatGPT, tienen el potencial de reducir la compartimentación de los necios, homogeneizándonos hasta la esterilidad creativa. Ser conscientes de ello nos hace menos necios. La termodinámica de los necios nos advierte sobre la necesidad de rebelarnos contra la ignorancia. Dudemos, desconfiemos de lo fácil, no caigamos en la trampa de la comodidad, del mínimo esfuerzo, no nos abandonemos a la narcosis de la flor de loto como en la Odisea de Homero. En la mitología griega, los lotófagos (comedores de loto) eran un pueblo de una isla mediterránea que comía una flor de loto narcótica que provocaba olvido y apatía, haciendo que los hombres de Ulises desearan quedarse para siempre. Ulises tuvo que forzarlos a volver a los barcos para continuar su viaje a Ítaca. Esta parábola ilustra la tentación del hedonismo, la fuga de la realidad frente a las responsabilidades y el destino autoimpulsado. ¿A dónde vamos queriendo ir rápido? Si no luchamos contra el mínimo esfuerzo, corremos el riesgo de convertirnos en eco de ideas prefabricadas. La lucha contra la necedad consiste en cuestionar y contrastar información. Así garantizaremos que, tras el paso de la energía, la creatividad y el pensamiento crítico no serán sacrificados.

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