El Levante almeriense llora: en memoria del abogado Javier Loustau
Obituario
Hay personas cuya presencia embellecen la vida y la hacen más soportable, Javier era una de ellas
Fallece Luis 'el de la Seat', muy querido en Olula del Río
Escribo consternado por la triste noticia. El Levante almeriense amanece un poco más nublado y un espeso silencio sobre los altos montes de la Sierra Cabrera. Ha fallecido Javier Loustau, de manera súbita, injusta, casi sin avisar, como se van los hombres buenos cuando aún tenían palabras que decir y abrazos que dar. Una cirugía, en apariencia un trámite, se convirtió en el umbral inesperado de su despedida. Y la vida, que suele ser pródiga en ironías crueles, decidió detenerle el corazón cuando nadie estaba preparado para aceptarlo.
Javier no era solo un amigo muy querido; era una presencia serena, un referente moral, de esos que no levantan la voz pero dejan huella. En esta comarca nuestra su nombre era sinónimo de respeto, cercanía y afecto sincero. Lo querían mucho porque nunca necesitó imponerse a nadie; le bastaba con ser. Su ausencia duele como duelen las pérdidas verdaderas; en silencio, sin estridencias, pero con una hondura que no encuentra consuelo inmediato. Queda su memoria, limpia y luminosa, y la certeza de que hay vidas demasiado breves en el tiempo pero que son inmensas en significado. Hoy el corazón se encoge, pero también da gracias por haber compartido camino con Javier. Hay hombres que no mueren del todo: se quedan a vivir en la conciencia de quienes le quisieron.
El destino ha querido que falleciera en su casa de la Sierra de Mojácar, donde quiso vivir el día siguiente de llegar de Granada de una cirugía. Abogado prestigioso antes ejerció como juez en Vera, muy querido en la comarca por tantas virtudes que adornaron una vida plena. Se enamoró de esta tierra nuestra y allí ancló su vida junto a su esposa Carmen. Muchas gestiones personales y llevadas con discreción y éxito han sido elementos importantes para el desarrollo de Mojácar y los pueblos del Levante almeriense. Grandes proyectos, inversiones, propietarios de países diversos han gestionado con Javier Loustu sus propiedades. La etiqueta de la honestidad era su mejor carta de presentación.
La noticia de su muerte súbita me ha sumido en dudas existenciales sobre la vida y sobre la muerte, sumido en reflexiones donde el tiempo se detiene y solo queda un dolor desnudo huérfano del calor de esa amistad. Javier no era solo un amigo; era un amigo del alma, de esos que no necesitan alzar la voz para hacerse imprescindibles. Una persona entrañable, buena en el sentido más hondo y menos frecuente de la palabra. Honrado, leal, recto en
su manera de estar en la vida y en singularmente en la amistad. Admiré siempre en él esa rara virtud de mejorar el mundo sin alardes, simplemente siendo quien era. Y al hacerlo, también mejoraba nuestras propias vidas. Porque supo sembrar la semilla de la humildad, de la mirada limpia, de la sonrisa eterna, de la palabra afable, será difícil asimilar su ausencia. Se lleva un trozo de nosotros allí donde ahora sonría.
Hay personas cuya presencia embellecen la vida y la hacen más soportable, Javier era una de ellas. Por ello su pérdida no es solo íntima, es también una herida en lo común, en aquello que compartíamos sin necesidad de decirlo. Resulta casi inconcebible imaginar que un grupo de amigos habremos de continuar sin su mirada, sin su sonrisa, sin su palabra justa, sin su manera limpia de estar al lado de los demás. La vida de los muertos está en la memoria de los vivos. Javier no ha muerto en nuestros corazones, vivirá en esa memoria agradecida que hoy nos duele y que mañana cuando el tiempo atenúe la herida, será también consuelo y ejemplo. Hoy nos deja la tristeza de su ausencia y al mismo tiempo la obligación moral de estar a la altura de su amistad y recordarlo.
Querida Carmen, familia, amigos, nos queda la esperanza que un día podamos encontrarnos con Javier en esa plenitud de la vida eterna, recuperar su sonrisa, su humor y la luz de su presencia. Mi abrazo más sentido compartiendo vuestro dolor como propio. Nos queda el recuerdo que es una forma humilde pero firme de vencer al olvido. Y nos quedara por siempre la sonrisa y el abrazo eterno de Javier.
Con profunda tristeza.
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