Viaje al centro del corazón alfarero de Níjar: "Somos parte de la cultura y tradición locales"

Levante

Una familia de artesanos se afana por preservar un legado que permanece vivo desde 1774 y que tiene en la era digital y el relevo generacional a sus principales caballos de batalla

El fenómeno de la Villa de Níjar: artesanía, jarapas y el 'Banco del Beso' conquistan a los viajeros

El taller Ángel y Loli, vestigio de un legado que se remonta a 1774. / MARIAN LEÓN

Pasear por la villa de Níjar es sumergirse en un viaje en el tiempo, en uno que parece detenerse. Deambular por sus angostas calles de casas bajas y encaladas transportan al transeúnte hacia una época pretérita que tiene hoy, más que nunca, visos de presente y de futuro gracias a unos habitantes que se afanan denodadamente por que perviva todo aquello que les ha llevado a ser uno de los pueblos más bonitos de España, definido así por su presencia en la red homónima que distingue a las localidades que pueden presumir de tener un considerable patrimonio cultural, arquitectónico y natural.

La tradición alfarera de la que hace gala la villa nijareña bien le ha valido para sumar otro atractivo turístico y comercial a las ya múltiples bondades que se despliegan a lo largo y ancho de todo el término municipal. Una tradición que descansa sobre los hombros de una misma familia de artesanos que desde hace más de dos siglos y medio lucha contra el implacable paso del tiempo y por mantener vivo un trabajo que es, a un tiempo, sustento y vocación.

De ese alma artesana de Níjar emerge el taller de Ángel y Loli, hoy bastión de una tarea, la alfarera, que desde 1774 viene empleando los mismos dibujos y colores para dar forma a sus creaciones. "Somos parte de la cultura y la tradición de la cerámica nijareña", asegura a este periódico Lorenzo Lores, el hasta ahora último eslabón de esa cadena de artesanos que ha sido su familia a lo largo de las décadas. No ha sido precisamente sencillo trascender de generación en generación, máxime en una era digital como la actual que parece avanzar mucho más rápido de lo que oficios tan primigenios como este pueden tolerar.

En Níjar aún resisten cuatro talleres alfareros que elaboran cerámica de forma tradicional. Y todos pertenecen a una misma familia de artesanos, la de Lorenzo. "En mi caso, era mi madre quien tenía raíces alfareras. Mi padre era agricultor y cuando se casaron aprendió el oficio con mi abuelo, y ya entre los dos levantaron su propia alfarería", asevera Lores, consciente de que es un trabajo que en la actualidad no logra atraer a la gente joven. "Es muy sacrificado, antes no se libraba nunca y nuestros padres no iban a ningún sitio de vacaciones", abunda este graduado en administración de empresas que ha trabajado en recursos humanos y administración antes de ponerse al frente del negocio. "Mi madre me dijo que o me hacía cargo del taller o había que cerrarlo", afirma.

Sobre sus hombros se posa desde entonces todo un legado familiar, con la responsabilidad que ello conlleva. Un legado del que ha sido testigo desde bien pequeño, cuando moldeaba sus primeras creaciones de cerámica con la pericia propia de un niño pero con el cariño de quien sabe que tiene entre sus manos una tradición centenaria. Es por ello que desde que se hizo cargo del taller ha ido incorporando nuevos modelos de negocio que se adapten a los tiempos actuales sin perder la esencia. Los pedidos online son una de esas nuevas líneas que se han sumado al día a día de un taller que recibe la mayor parte de sus visitantes en fines de semana y festivos. "Cuando tienes unos gastos importantes, tienes personal todo el año, se hace difícil, entonces yo sí asumí pedidos para fuera de España, y he logrado vender en Francia, Holanda y otros sitios del país", sostiene Lores. Ello ha contribuido a la supervivencia de un taller en el que, cuenta Lorenzo, el trabajo nunca cesa.

"Los productos de cerámica no son perecederos, puedes fabricar y almacenarlos, entonces realmente no cierro el taller nunca. Sí que cogemos vacaciones, pero no llego a cerrar las puertas en ningún momento. Como tengo el taller y la tiendas están unidos, yo siempre estoy trabajando. Si no tengo pedidos o clientes que atender, voy viendo las carencias que tengo y voy fabricando para tener volumen cuando llegue Semana Santa", abunda.

La identidad y colores de la artesanía nijareña sobreviven al paso del tiempo. / MARIAN LEÓN

Identidad y colores que perviven

La tradición alfarera ha permutando y adaptándose a las necesidades del consumidor. Piezas que anteriormente estaban a la orden del día en las casas de todo vecino que se preciara, como los cántaros, hoy han dado paso a otras que se han puesto de moda como el llamado rasca-ajo, una suerte de plato que sirve para rayar este alimento, servilleteros o una gran cuchara en la que 'descansan' los utensilios de cocina mientras se está preparando cualquier elaboración. "Lo que siempre mantenemos es la identidad de los dibujos y los colores típicos de aquí", subraya Lores. "Aunque se sacan nuevos productos y colores, los típicos de Níjar son el marrón, verde, amarillo y azul, hoy en día tú puedes comprar cualquier color, pero nosotros abogamos por mantener la tradición, incorporando alguna novedad, pero siempre preservando la identidad", argumenta.

Es por tanto este oficio un atractivo más para el visitante. Un recurso a explotar tanto por parte de los que lo ejercen como por las administraciones. "Lo que más caracteriza a la villa de Níjar es que aún tiene viva su artesanía, que se sigue trabajando en ella y se puede hacer partícipe al cliente. Eso no lo tienen todos los pueblos", espeta un Lores que sin embargo en sabedor de los retos de presente y futuro a los que hace frente el oficio, con el relevo generacional como uno de sus principales caballos de batalla: "La gente joven prefiere unos trabajos más cómodos, un horario lo más reducido posible, cobrando lo máximo posible y con muchos días libres, y la artesanía requiere su tiempo", afirma. "Todas las cosas que se hacen con las manos -prosigue- han de tener dedicación; tienes que tener pasión por lo que haces". En cualquier caso no pierde la esperanza de que esta tarea pueda atraer nuevos adeptos, si bien asume que es más propicia entre familias donde es ya una tradición. "Como yo vengo de esta familia tengo un negocio, como quien dice, ya hecho, no me ha costado tanto porque mis padres me lo han dejado y me han dado la enseñanza; no me he tenido que formar porque lo he mamado desde pequeño, pero sí que es verdad que para alguien que venga ahora de nuevas, que tenga que formarse en alfarería, comprar un horno y toda la maquinaria que hoy en día se utiliza, supone inversión muy grande para un negocio que no se sabe si va a funcionar".

Al fin y al cabo, esgrime Lores, "la artesanía es arte y no todo el arte gusta, luego tienes que venderlo". "Para los que venimos de una estirpe con un legado es mucho más fácil porque ya la gente conoce la cerámica de Níjar, saben que es un pueblo famoso por ella, conocen a mi madre, de hecho la mayoría de mis clientes me recuerdan que sus padres y abuelos venían al taller", rememora.

Un "referente a nivel provincial"

Esa madre, Loli García, ha sido una de las grandes responsables de que el taller prospere. "Me ha enseñado prácticamente todo y, aunque ahora esté jubilada, siempre está a mi lado para tomar decisiones porque ella tiene la experiencia de toda una vida", explica. Y es que esa merecida jubilación no le ha dejado exenta de continuar apegada al mundo de la artesanía. "Es referente a nivel provincial", cuenta su vástago, como así lo atestiguan las demostraciones que protagoniza cuando alguien rinde visita al taller. "Ella transmite mucho más que yo", apostilla.

Loli García, pese a estar jubilada, aún transmite hoy su pasión por la alfarería. / MARIAN LEÓN

Es esa vocación la que le ha valido a este taller el distintivo otorgado recientemente por la Junta de Andalucía de Punto de Interés Artesanal, que pone en valor el buen ejemplo de relevo generacional, así como su diferenciación y la comercialización de sus piezas, además del fuerte arraigo que tienen la artesanía y el oficio alfarero en la comarca nijareña. "Este es un paso más a la hora de dar a conocer y promocionar la artesanía de Níjar, no solamente la nuestra, porque al final la gente que venga aquí ya hace vida en el pueblo", abunda Lores, que es consciente de la importancia que tiene la cerámica en ese engranaje que es la economía circular del pueblo. "Hay muchas tiendas, bares, establecimientos para dormir... y que la gente nos vea en el listado, donde aparece que no solo hacemos artesanía, sino que se puede ver cómo se hace, es interesante. Este es un lugar que está vivo", apostilla.

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