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VERA

La Cantina de Jose: 34 años de bocadillos de panceta en El Palmeral

  • No ha cerrado un solo día lectivo desde el curso 1986/87

  • Su mujer, Consuelo, es un apoyo fundamental

La Cantina de Jose abrió en el año 1987 en el IES El Palmeral. La Cantina de Jose abrió en el año 1987 en el IES El Palmeral.

La Cantina de Jose abrió en el año 1987 en el IES El Palmeral. / V. Visiedo P.

Tiene apenas 20 metros cuadrados pero es un rincón con mucha historia. La Cantina de Jose (así, sin tilde, signo de la confianza y familiaridad que inspira la persona que hay detrás de la barra) lleva abierta 34 años en el instituto El Palmeral de Vera. Los millares de alumnos de toda la comarca que han pasado por el centro guardan un especial recuerdo de este pequeño bar y de sus bocadillos de panceta.

Al frente de la cantina está José López Pérez, o Jose para todo el mundo, desde los niños más pequeños de la ESO hasta los profesores más veteranos. Cuando empezó, en el curso 1986/87, apenas tenía 21 años. Ahora ya sobrepasa los 50 y ahí sigue, al pie del cañón día tras día desde las seis de la mañana. “No he faltado ni un solo día lectivo, ni cuando nacieron mis hijos, ni siquiera cuando murió mi padre”, asegura.

Los primeros años fueron especiales. Tras dejar los estudios y hacer la mili, consiguió la concesión del pequeño bar del instituto. Un centro nuevo, que acaba de nacer, lleno de vida. “Muchos de los alumnos eran de mi edad, así que salíamos juntos de fiesta y me iba a los viajes con ellos. Esos años eran los mejores”, cuenta con cierta melancolía. Antes había trabajado algún verano en el Pueblo Indalo de Mojácar, pero ahora le tocaba estar solo al frente de un negocio. “Al principio venía a veces a ayudarme mi madre. Sus bocadillos de tortilla eran entonces el producto estrella”, recuerda.

Jose prepara en la plancha los famosos bocadillos de panceta o magreta. Jose prepara en la plancha los famosos bocadillos de panceta o magreta.

Jose prepara en la plancha los famosos bocadillos de panceta o magreta. / V. Visiedo P.

Pero poco después llegarían los bocadillos de panceta o magreta, que se han convertido en su seña de identidad. “Hay antiguos alumnos que siguen viniendo a comprarse un bocadillo, e incluso bajan desde el instituto Alyanub”. Cada mañana, pasadas las 9:30 empieza el ritual:corta la magreta con la máquina en finas rodajas, enciende la plancha y comienza a asarla, esparciendo un delicioso aroma por todo el patio, que se cuela por las ventanas abiertas de algunas aulas y despierta el apetito de los alumnos. Con ketchup y queso es un delicia. ¿Cuál es el secreto que hace que estos bocadillos sean inimitables? “Esmero, cariño y pillarlos con mucha hambre”, bromea Jose.

La locura de los recreos

Cuando suena el timbre del primer recreo, a las 10:00, la tranquilidad de la cantina se convierte en un bullicio de jóvenes que piden bocadillos, bolsas de patatas fritas, pizzas de atún o jamón york, empanadillas, un refresco o unos donuts. “Cada día se venden cerca de cien bocadillos, no solo de panceta, también de salchichón, jamón serrano o tortilla”, aclara. Para hacer frente a esa horda de adolescentes hambrientos necesita la inestimable ayuda de su mujer, Consuelo:“es un pilar fundamental; sin ella no podría dar abasto”.

Ha habido tiempos difíciles, como la crisis económica de 2008, con la que bajaron mucho las ventas: “se notó que los chavales ya se traían el bocadillo de casa para ahorrar”. Pero tener una clientela fija de más de 600 estudiantes es una ventaja. Por eso, su intención es jubilarse allí. “¿Dónde voy a ir ya? Como no sea que me toque la lotería...”, dice.

Decenas de estudiantes acceden a la cantina en uno de los recreos. Decenas de estudiantes acceden a la cantina en uno de los recreos.

Decenas de estudiantes acceden a la cantina en uno de los recreos. / V. Visiedo P.

Por la cantina ha visto pasar ya a dos generaciones. Muchos de los alumnos de hoy son hijos de los que estudiaban allí a finales de los 80. El instituto ha tenido una decena de directores, cientos de profesores, pero él siempre sigue allí, frente a la plancha, atendiendo con una sonrisa y con su inconfundible ironía.

Jose se lleva bien con todo el mundo, tanto profesores (con algunos de ellos tiene una relación de verdadera amistad) como estudiantes. “Los críos muchas veces me hacen más caso que a los maestros; me tienen respeto”. Por ello, las paredes de la cantina son un museo de recuerdos de viejos alumnos:fotos, orlas, mensajes... Y es que no debe de haber nadie que haya pasado por el IES El Palmeral y que no guarde un grato recuerdo de Jose y de su cantina.

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