Semana Santa

Niños, palmas y alegría

Como cada año, cientos de almerienses se han congregado ante las puertas de la Iglesia parroquial del Espíritu Santo para poder ver la salida de las Ilustre Hermandad del Santo Niño del Remedio y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de la Victoria en su Entrada Triunfal en Jerusalén y Nuestra Señora de la Paz, la muy querida Borriquita. Las juventudes cofrades de pasión, estudiantes o los ángeles esperaban, expectantes, la aparición de la amada imagen. Entre ellos estaba Javier Barranco, encargado del grupo joven del silencio.

Ya quedaron atrás los problemas que atravesó hace años y que le impidieron procesionar el paso de palio. Ahora se nos ha presentado renovada y fuerte con estrenos como el grupo escultórico de Nuestro Padre Jesús de la Victoria, con la imagen de una mujer arrodillada ante el Señor, que el próximo año contará con un niño entre sus brazos; o el acompañamiento musical del Ntra. Sra. del Mar de Huércal de Almería con el misterio y la Banda de Música de San Indalecio de la Cañada con el paso del palio. A las 11:15 salía la cruz de guía y menos de diez minutos después, la Borriquita. Hay que resaltar un poco de incertidumbre en la salida del cortejo y pequeños cortes que han provocado algo de desconcierto entre los miembros de la procesión. El himno de España y los aplausos daban fuerzas a los costaleros que bailaron a la virgen, pasadas las 11:34 de la mañana, en su salida. Iba preciosa, con su manto de marfil y oro y un fajín rojo, sin olvidar los rosarios que portaba en su mano. El Cristo, por su parte, iba vestido con túnica celeste ribeteada en hilo dorado e incrustaciones de rojo y con un manto blanco.

A primeras horas de la mañana, las inmediaciones del templo estaban rebosantes de gente que, como es tradición, ya habían acudido a primera hora a la misa de bendición de las Palmas para después poder seguir el recorrido de una de las Hermandades más queridas de Almería. Este año ha sido menor el número de palmas visto en las calles aunque los globos de colores pintaban de alegría el entorno.

El ambiente de las calles era festivo dando un gran protagonismo a los más pequeños que observaban, emocionados, el transcurrir de los más de 50 nazarenos con sus túnicas y capas blancas y sus capirotes rojos. Los benjamines de la hermandad iban caracterizados de hebreos y portaban palmas en sus manos.

En este año también ha tenido cabida "pequeños homenajes" a la labor de algunos cofrades: la cofradía designó al matrimonio formado por Isabel García y José Luis Cantón para llevar a cabo las primeras levantás en los pasos de la Virgen y el Señor, respectivamente, por los años y el cariño que han dedicado en la revitalización de la hermandad. Tras la salida, y gracias al buen hacer de los capataces Francisco Javier Jiménez "el latas" en el misterio, y Antonio Jesús Gálvez Rodrígez en Nuestra Señora de la Paz, la procesión ha seguido su itinerario para adentrarse en el casco antiguo de la ciudad. El hermano mayor, Diego Manuel de Haro Fernández, se mostraba plenamente orgulloso ante el cariño que iba recibiendo su cofradía por las distintas calles de la ciudad. Tras la austera Cruz de Guía, de madera sin tallar, pero adornada con palmas y olivo, hacia su acto de presencia nuestro Señor en Jerusalén, que conseguía arrastrar una marea de cariño.

Todo el recorrido fue seguido por numerosos padres con sus hijos en carritos, de la mano o en brazos que querían luchar por escaparse de la vigilancia filial para situarse en las primeras filas y así ser testigos de excepción del evento. Tal vez, si algo pudo deslucir, sería el segmento medio que transcurre entre la calle Altamira, Avda. de la Estación y Avenida Federico García Lorca ya que estas calles anchas no hacen, a ninguna cofradía, justicia. A pesar de contar con numerosos testigos, estos parecen deslucirse en estos tramos. Pero hubo un momento clave con la llegada de la hermandad a las inmediaciones de la Catedral después de muchos años sin hacerlo. Las flores, claveles rojos y ramas de olivo en el misterio y claveles blancos, gladiolos y pillanovios en el palio, formaban una bella paleta de colores que alegraban la vista y formaban un precioso conjunto digno de ser alabado y reconocido.

Cuando, a principios de la tarde, la Borriquita volvió a su templo, el corazón de muchos almerienses se entristecía pensando que hasta dentro de un año no volverían a disfrutar de la alegría y bondad de esta cofradía tan querida para todos los amantes de la Semana Santa almeriense.

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