EL DETALLE

Viernes Santo de Miñarro en Almería

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Misterio de la Vuelta del Sepulcro de la Soledad, obra de Juan Manuel Miñarro Misterio de la Vuelta del Sepulcro de la Soledad, obra de Juan Manuel Miñarro

Misterio de la Vuelta del Sepulcro de la Soledad, obra de Juan Manuel Miñarro

De las veintiuna imágenes que procesionan en Almería la trágica noche del Viernes Santo, diecisiete han salido de la gubia del genial imaginero sevillano Juan Manuel Miñarro López. La impronta hispalense es total en los dos sobrecogedores misterios que salen a la calle esta noche. Son escenas completas, pasajes evangélicos que nos muestran dos momentos esenciales de la muerte de Cristo. A ellos se suman el Cristo Yacente y dos imágenes de Nuestra Señora de los Dolores con un aire mucho más almeriense. Aunque para almeriense, el Cristo del Escucha. Toda la noche puede admirarse como lineal: el Señor es crucificado, muerto es llevado al sepulcro, allí se deja y sus discípulos vuelven desconsolados junto a Su Madre Santísima.

La madrugá almeriense está protagonizada por el Cristo del Escucha, copia de la antiquísima imagen anónima que se veneraba en la catedral desde antaño. La actual talla la gubió el almeriense Jesús de Perceval, después de que antes de la guerra se realizase una mascarilla al original por el miedo a lo que después sucedería.

Las dos imágenes titulares de la hermandad del Santo Sepulcro fueron talladas por el artista granadino Nicolás Prados López. El Cristo Yacente y la Virgen de los Dolores fueron bendecidos el 25 de marzo de 1945 en la iglesia de San Pedro, después de que la guerra civil destrozara los antiguos titulares.

Desde el siglo XVII aparecen referencias a una procesión del Santo Entierro con una urna que procesionaba la tarde del Viernes Santo que organizaba la familia Vílchez. En 1768 el tallista almeriense Diego López construyó un nuevo sepulcro. A principios del siglo XIX la propiedad de la talla y del paso llegó a Guillermo López Rull, quién lo mandó dorar y lo cedió a la iglesia de San Pedro. Desde el año 1877 le acompañaba una magnífica talla de una Dolorosa del siglo XVIII y atribuida a Torcuato Ruiz del Peral, que hasta la desamortización se encontraba al culto en la iglesia de San Pedro el Viejo. Estas antiguas obras de arte se perdieron en 1936.

Nueve imágenes talladas por el profesor Miñarro en su taller hispalense conforman el misterio del Traslado al sepulcro. Esta impresionante escena representa el momento en el que los pocos discípulos que permanecieron junto a Jesús hasta su muerte lo llevan al sepulcro medio envuelto en una sábana. Todo lo preside el imponente Cristo de la Caridad (1999), que es llevado por José de Arimatea, Nicodemo y san Juan Evangelista (2004); delante de Él, María Magdalena (2006) se inclina a sus pies y al fondo del misterio junto a la cruz aparecen María Salomé y María Cleofás (2008), Marta (2007) y María Santísima de las Penas (2007).

Como curiosidad, el Cristo de la Caridad no lleva corona de espinas, lo que hace que se puedan observar tres pequeños orificios en la frente y un resto de una de las espinas en la oreja izquierda. Además, la Virgen de las Penas representa una mujer madura, madre dolorosa, alejándose así del modelo juvenil y perfecto de la escuela sevillana.

A lo largo de bicentenaria historia, en la hermandad de la Soledad han procesionado hasta cinco imágenes del evangelista Juan (el anterior obra de Perceval en 1946) e incluso en algunos años también María Magdalena. En la actualidad, el misterio de la Vuelta del Sepulcro está formado por ocho imágenes, todas salidas de la gubia de Juan Manuel Miñarro: san Juan (1997), María de Cleofás, María Magdalena y María Salomé (1998), Nicodemo (2001), José de Arimatea (2002), un soldado romano (2003) y un sanedrita (2004). Después de enterrar a Jesús vuelven tristes y desesperanzados, mientras aligeran la marcha puesto que un sanedrita ha reconocido a José de Arimatea y se lo está diciendo a un soldado.

La actual imagen de la Virgen es de José Pascual Ortells Ramos bendecida en la Cuaresma de 1941, que vino a sustituir a la antigua imagen que llegó a la parroquia de Santiago entre 1762 y 1782. La primitiva titular era de alguno de los discípulos de José de Mora y fue quemada en la plaza Flores a los pocos días de comenzar la guerra civil. En 1940 se decide encargar al famoso escultor Ortells una copia, para lo que se le mandan fotos antiguas, medidas del manto y corona y cartas con descripciones de algunos hermanos. Como curiosidad, el mismo Miñarro la restauró en 1993.

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