Bajo Palio

Más de quince años a los pies del Señor

  • Son muchas las vivencias que se viven esta Semana Santa pero, sin duda, la del costalero es una de las más conmovedoras La de Rafa, jefe de cuadrilla del Cautivo, una de ellas

Dicen que ser costalero se lleva en la sangre, que es un oficio que se aprende y que es uno de los legados más bonitos que te pueden dejar. Multitud de historias y vivencias son compartidas debajo de un paso o parihuela con la única herramienta de costal y faja. Diversidad de momentos son los que se viven en una parihuela pero, sin duda alguna, son esos recuerdos de los comienzos los que te ayudan a cargar con el peso igual que Jesucristo cargó con la Cruz en los tramos más duros.

Un claro ejemplo de ello es Rafa, costalero y jefe de cuadrilla de Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli durante 16 años. Para muestra, un botón: Corría el año de nuestro Señor 1996, Miércoles Santo, y fue la primera vez que acompañó a Nuestro Padre Jesús Cautivo de Medinaceli, un Cristo milagroso con un gran fervor popular e inigualable en la ciudad de Almeria. Escasamente tres meses antes, su hermano de 11 años cayo en una enfermedad (que aun hoy en los informes aparece de origen desconocido) y en la que los médicos no podían hacer nada. Era tan dantesca la situación de sus padres y la suya propia que una persona que estaba sentada a su lado le metió a su madre en el bolsillo una estampita de un Cristo que le decían milagroso, que fuera a rezarle y que les reconfortaría. En estas situaciones, te aferras a la más mínima esperanza.

Allí fueron por primera vez a sus plantas y pedirle que hiciera algo, si estaba en sus manos, y así fue como al poco tiempo su enfermo hermano se encontraba ya jugando a lo que mas le gusta, al fútbol sala. Desde aquí comenzó la andadura de Rafa con ese "moreno" de la Catedral, como cariñosamente le llama. Casualidades de la vida o no, su hermano se curó pero el Cristo se quemó en el fatídico incendio de aquel mismo año de 1996. Le prometí que, mientras mi cuerpo aguantara, y él quisiese, sería sus pies y así fue hasta el pasado año.

Rafa ha tenido la suerte de trabajar al lado de gente muy buena que está con nosotros, confiesa, y otros tantos que están en las marismas eternas gozando de la bendita resurrección de nuestro Señor. Siempre a las órdenes de excelentes personas como Manolo El Patata, Manolo Lacalle, Pepe el Pollero, Javi Marin, Javi Alonso, José Ramón Suárez , Cristóbal Moya, Paco Romero o José Manuel Murcia, al que, admite, siempre le estará agradecido de coger el timón de un barco que iba a la deriva y de sentar las bases de lo que hoy es la cuadrilla del Cautivo.

"He vivido momentos muy especiales debajo del Señor de Almería, como el año de la Procesión Magna, o un año que tuve el enorme orgullo de poder cargar junto con mis dos hermanos Javi y Jose, el año del Cincuentenario de la hermandad, o el año pasado sin ir más lejos, en el que vimos cumplido el sueño de poder encerrarnos en nuestra propia Capilla".

Casualidades y caprichos del destino han querido que incluso "estando fuerte", admite nuestro protagonista, y sin ningún problema físico, tuvo que pedirle un favor aun mayor y más duro aún si cabe, porque tuvo que eximirse de su antigua promesa para poder realizar una más difícil de cumplir debido a la enfermedad de otro ser querido, su padre. El Miércoles Santo de 2012 antes de meterse debajo de esas benditas maderas prometió que, si salía todo bien, no volvería a cargar con él nunca más. Dura promesa y "todo el que se enfaja y se hace el costal sabe de que estoy hablando", pero con la alegría, indica, de tener que cumplirla a partir de esa Semana Grande.

Pero tampoco no solo de milagros va la cosa. El Señor de Almería, ese que algunos llaman el "Jefe" también tiene su lado humado. Ese gran grupo que hoy día son los pies del Cautivo. "Transmitirles desde estas líneas que me brindas que se mantengan unidos y sean una cuadrilla por y para él, recen debajo del crujir a cada paso, cada levantá o cada arriá; cada revirá o cada giro y disfruten cada año como si fuera el último de vuestra vida en el que vais a cargar. No olvidarse nunca que aquí tenéis una mano amiga para todo lo que necesitéis. Dejadle este legado a las futuras generaciones enseñándolos y mostrándoles lo que significa ser Costalero del Medinaceli. Gracias a mis padres, a mis hermanos y a la Hermandad de Prendimiento por haberme hecho tan feliz y haberme dado la oportunidad de crecer y ser persona de ser costalero".

Y esto es la Fe. Esa palabra a la que muchos tanto miedo le tienen. Esa que, sin embargo, debe ser el plato principal durante estos días de Pasión. Esa Fé que tuvo Rafa con el Señor de los "milagros", con Jesús Cautivo de Medinaceli pero que, a buen seguro, al igual que Rafa muchos otros cofrades de nuestra geografía han tenido.

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