El Almería ya vence, pero aún no convence

UD ALMERÍA | Contracrónica

El 3-0 ante la Cultural no eximió de silbidos al equipo de Rubi

Arribas castiga la bisoñez de la Cultural y proyecta al Almería (3-0)

Arribas forma con los dedos la letra M para dedicarle el gol a su hijo Marcos
Arribas forma con los dedos la letra M para dedicarle el gol a su hijo Marcos / Javier Alonso

El Almería ya vence, así lo atestigua la bolsa de 16 puntos sobre 18 posibles y seis jornadas seguidas sin perder, pero todavía no convence, como demuestran los silbidos que padeció el equipo por parte de su propia hinchada cuando el marcador reflejaba un pírrico 1-0 y le habían entregado el control de la pelota a la Cultural Leonesa. Los pragmáticos, más resultadistas, alegarán que lo primordial es alcanzar el objetivo del ascenso directo, que el fin justifica los medios, que dame pan y dime tonto, pero a los panenkitas Rubi todavía no los tiene convencidos. En el seno de la afición indálica, que libra auténticos debates tuiteros, podríamos dividirlos entre quienes defienden los planteamientos espartanos de 'pacoelbajo' (@pacoelbajo72) y quienes abogan por un fútbol más preciosista, que podrían encuadrarse como 'pantaleones' (@PantasMecias17).

Poner de acuerdo esas dos corrientes de pensamiento diametralmente opuestas resulta complejo, pero unos y otros confluyeron ante los leoneses en que al equipo le falta juego en muchas fases de los 90 minutos y no acaba de completar un partido redondo, lo que da pie a pensar que cuando lleguen las citas ante rivales directos como Racing de Santander o Castellón el cartón podría salir a relucir. De momento, a la sexta tentativa, Rubi ha conseguido devolver a la UDA a la zona de ascenso directo, que no pisaba desde la duodécima jornada, y ahora la misión es que no sea flor de un día, toca defender el castillo. Para ello cuenta con un Dion Lopy que parece haber vuelto de su lesión con energías renovadas, a tenor de sus buenos minutos ante el cuadro de Rubén de la Barrera, que no pudo frenar sus arrancadas desde la medular para romper líneas y facilitar la labor de definición de los atacantes.

También cuenta con el estado de gracia de Sergio Arribas, que se ha creído su papel de goleador y enchufa todo lo que toca, sumando ya diecisiete dianas al frente del Pichichi de plata. Faltaría que se una a la fiesta Adrián Embarba, como ya hiciera en el primer tramo de la competición, sobre todo ahora que tanto Leo Baptistao como Jon Morcillo vienen dando una de cal y otra de arena. Los dos extremos titulares desempeñaron un papel gris ante la Cultural, muy desenfocados. En el aspecto positivo cabe reseñar también que Andrés Fernández continúa inspirado bajo palos, sumando la séptima portería a cero del curso pese a sufrir tiroteo tras tiroteo en cada jornada.

Caos en el cambio de Melamed

Incluso Nico Melamed tuvo minutos de calidad. Entró en el minuto 77 y provocó dos situaciones de gol, la segunda convertida en el 2-0 por Arribas. En el debe, no obstante, hay que señalar la curiosa forma que tuvo de entrar al campo, que no deja en buen lugar a los asistentes de Rubi. La sustitución lógica e inicialmente preparada era dar entrada a Gui Guedes por Dion Lopy, amonestado y agotado tras salir de una lesión, pero alguien se lió con la orden de nombres o el cartelón mientras Lopy se quejaba de un golpe y el resultado fue agotar una ventana de forma absurda para meter a Melamed por el senegalés, propiciando unos minutos de desbarajuste táctico que sin embargo resultaron afortunados, dada la buena incidencia ofensiva que tuvo el extremo catalán en la recta final. Solo tres minutos después se arreglaba el desaguisado con la entrada de Gui por Arribas.

Incluso Thalys tuvo su momento de gloria, pero analizar el 3-0 del brasileño merece pieza aparte. La sensación final es agridulce porque la goleada tuvo tintes engañosos y deja ciertas dudas sin despejar de cara a las dos salidas consecutivas a Zaragoza y Huesca. Quizá a este Almería le baste con exhibir pegada y castigar al oponente con su pléyade de individualidades, pero abusar de esa alternativa facilona sin construir un patrón de juego definido puede pasarle factura tarde o temprano, en el momento que decaiga la presión o no se iguale la intensidad del contrario. El tiempo dirá.

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