La caída del Almería: causas y posibles soluciones

UD ALMERÍA | Análisis

El juego sin balón, el método obsesivo de Rubi que encorseta a los futbolistas o la falta de un patrón de juego definido entre las primeras; la necesidad de autocrítica, de sacarle partido a los refuerzos o un traumático cambio de entrenador, camino para la mejoría

Rubi, ante un ultimátum contra el Ceuta

Rubi, en la soledad del entrenador, necesita dar pronto con la tecla para hacer reaccionar a su equipo
Rubi, en la soledad del entrenador, necesita dar pronto con la tecla para hacer reaccionar a su equipo / UDA

Fuera de Almería pocos se explican la caída que está protagonizando la UDA desde finales de noviembre, coincidiendo con la derrota en el Alfonso Murube (3-2), en aquel partido reanudado días después de su celebración en el que la actuación arbitral tuvo mucho que ver. Con mayor o menor justicia, desde aquella derrota el equipo no ha levantado cabeza y mientras dentro de la provincia los simpatizantes del club parecen tener claros los motivos de esta mala dinámica, apuntando directamente al entrenador, lo cierto es que una racha de este calado no suele tener un único culpable. El objeto de este artículo es intentar aportar razones para entender los motivos de que un plantel confeccionado para ascender por la vía directa esté más cerca de salir de la zona de play-off, así como las soluciones que podrían articularse para mejorar un panorama hoy por hoy bastante sombrío.

Causas

Juego sin balón muy mejorable: En Segunda los conjuntos contemplativos, y el Almería se ha convertido en uno de ellos, suelen tenerlo crudo. A los de Rubi, y en esto el técnico tiene mucho que decir, les cuesta horrores ejercer una presión organizada sobre la salida de balón del rival. Por lo general se hace de forma deslabazada, sin que todas las líneas vayan a una, lo que origina un desgaste físico innecesario y facilita que el contrario genere juego sin verse amenazado. La ocupación inteligente de espacios tampoco es uno de los fuertes del equipo, provocando enormes agujeros en ambos carriles que suelen ser castigados jornada tras jornada por los adversarios con la fórmula universal de centro al área y remate del nueve de turno. Esto lo ve un UEFA C (titulación básica de entrenador) y también quien no posee ningún título acreditativo.

El método obsesivo de Rubi encorseta a sus futbolistas: El arquitecto de Vilassar es un preparador tan metódico que roza la obsesión, lo que redunda irremediablemente en encorsetar al futbolista y capar sus capacidades, aunque lo que esté persiguiendo sea justo lo contrario. Hay un punto en la revisión de vídeos para corregir errores y en las sesiones tácticas en el que el jugador desconecta y se evade de la explicación. Da la sensación de que muchos han llegado a ese nivel de bloqueo mental. Necesitan liberarse, no pensar tanto en el dibujo, para que puedan aflorar las condiciones técnicas innatas que llevan dentro. Esto lo explicó muy bien Gonzalo Melero, uno de los alumnos aventajados de Rubi (por lo tanto no está bajo sospecha) en una aparición en el podcast de @offsiders que aquí compartimos porque es muy revelador de lo que puede estar aconteciendo en el vestuario indálico.

Coladero atrás y motor gripado arriba: Lo de construir desde atrás viene resultando un mal endémico del Almería como club, más que como equipo. La directiva demanda juego vistoso y alegre, lo que tiene como contrapartida una mayor exposición en la retaguardia. Pero eso no justifica que la UDA defienda tan mal, al punto de ser el aspirante al ascenso con más goles encajados hasta la fecha (33). Curiosamente el Racing, líder, lleva 32 en contra, pero los de José Alberto mantienen el alto porcentaje de anotación, con 50 dianas a favor, por 41 de los rojiblancos, que han gripado su caudal ofensivo en las últimas jornadas. El rendimiento top de Arribas y Embarba, que hasta ahora habían maquillado con sus goles y asistencias la venta de Luis Suárez, era insostenible en el tiempo, y ese bajón empieza a acusarse. Por añadir una pincelada atrás, la dupla Monte-Bonini parece solvente y fiable, pero por los carriles se sufre lo indecible y las ayudas desde la media muchas veces llegan a destiempo.

Sin un patrón de juego definido: Los aficionados de Racing, Castellón, Deportivo o Las Palmas saben a lo que juegan sus equipos, ¿pero a qué juega el Almería? La pregunta tiene difícil respuesta. Hubo un periodo del campeonato (entre las jornadas 6 y 12) en el que sí pudo atisbarse a una UDA con unas señas de identidad más o menos claras, fundamentadas básicamente en intentar aplastar al rival con su potencial ofensivo, con Chirino siendo un cuchillo por su costado, apareciendo en zonas de finalización de forma sorpresiva para el contrario, Lopy rompiendo líneas y repartiendo juego en la medular y la inestimable inspiración de Arribas y Embarba. Fue un espejismo en el desierto. De un tiempo a esta parte la UDA es irreconocible, desordenada, como si cada cual quisiera librar la guerra por su cuenta.

Lesiones: Puede sonar a excusa de mal pagador, pero es inexcusable que el Almería tampoco está teniendo suerte esta campaña con las lesiones. Particularmente de dos puntales como Bonini y Lopy. Mientras el italiano estuvo de baja por una rotura en la musculatura isquiotibial el equipo encajó la friolera de dos goles por partido. Obviamente un solo futbolista no construye una zaga, pero sí aporta una jerarquía de la que carecen sus posibles sustitutos. Al poco llegó la de Lopy, con rotura en el recto femoral. El centrocampista africano no es la panacea, porque tiene muchas desconexiones en los partidos y la mayoría los juega condicionados al ser tarjeteado muy pronto, pero sin él se ha perdido mucha creatividad y su capacidad de conectar con el ataque. Pese a contar con numerosas variantes en la demarcación (Baba, Gui, Dzodic, Horta...) el perfil del senegalés es único.

Soluciones

Actitud versus aptitud: Las aptitudes de un puñado de jugadores firmados para llevar al equipo a Primera resultan incuestionables. Nadie duda de que el Almería posee una de las mejores y más compensadas plantillas de la categoría, así se pregona en todas las latitudes, pero eso tiene que casar con una actitud que en no pocos duelos, tanto en casa como a domicilio, este curso está fallando. Al equipo se le ha visto en numerosas ocasiones falto de intensidad, lo que, si se juega como se entrena, también sería en parte achacable al desempeño del cuerpo técnico. En Segunda es imposible subir si no se ganan duelos, si no hay anticipaciones o si no se va al choque y en esa faceta el Almería tiene una rémora importante.

Ejercer la autocrítica: En este capítulo Rubi tiene que quitarse las orejeras y empezar a escuchar a la masa, que no siempre tiene por qué estar equivocada en sus percepciones. El 'agur' (adiós en euskera) de su última comparecencia en Eibar puede resultar muy sintomático. Un entrenador no puede afrontar una rueda de prensa postpartido en la que a su equipo le han pintado la cara justificando que fallaron cuatro controles cerca del área que eran ocasiones claras. Cuando el técnico relata una película distinta a la vivida en el campo el personal empieza a palpar que le están tomando el pelo y esa sensación no es buena compañera de viaje para afrontar la posterior semana. A Rubi le cuesta asumir que a veces se equivoca en el planteamiento, las sustituciones o la lectura de partido y asumirlo sería poner la primera piedra para superarlo. Humanizar el error no te hace más débil, al contrario, te reviste de fuerza ante tu audiencia.

Sacarle partido a los refuerzos: Con el límite salarial muy ajustado, la dirección deportiva ha hecho un esfuerzo ingente para dotar al plantel de las piezas que faltaban y Rubi le ha demandado. A la espera de que llegue la guinda del central, ahora tiene a un delantero contrastado en la categoría como De la Fuente y a un extremo diferencial como Jon Morcillo. Su misión pasa por sacarles rendimiento inmediato porque no necesitan periodo de adaptación. Para ello lo primero es ponerlos de inicio, algo que ya hizo con el vallisoletano en Ipurúa, y lo segundo es asumir que si cuentas con el vasco, uno de los mejores centradores de la división de plata, lo lógico es mantener en juego a un referente en el área para cazar los remates.

Definir un once tipo: Rubi ha probado decenas de variantes y varios esquemas, pero no acaba de dar con la tecla ni de encontrar un once tipo con sus lógicos recambios. Tiene a sus intocables (Andrés, Chirino, Monte, Embarba o Arribas), pero pocas veces ha repetido una misma formación. Particularmente llamativa es la mezcolanza que suele acometer en la sala de máquinas, donde resulta imprevisible saber si ahora que no está Lopy va a apostar por Baba con Dzodic, por Dzodic con Gui o por Baba con Gui, impidiendo que ninguna pareja se acabe de asentar en la zona del campo más importante para generar juego.

Cambiar de entrenador: Sería la decisión más drástica y traumática por todo lo que representa Rubi para la UDA a nivel deportivo y por el finiquito que habría que afrontar en el aspecto económico, pero en el club, aunque no se pregone a los cuatro vientos, ya están previendo un posible derrumbe que nadie quiere que se consume. El problema no radica en que el técnico catalán haya perdido la fe de los seguidores, algo que puede recuperarse con dos triunfos seguidos, sino en las sensaciones que emanan del equipo. Ante el Ceuta no se trata solo de vencer para cortar una prolongada crisis, sino por encima de todo convencer, que el seguidor salga satisfecho del Juegos Mediterráneos con lo que ha visto. Por fortuna el vestuario todavía está con su timonel, pero una derrota ante el cuadro caballa podría tener consecuencias catastróficas. Toca confiar en que Rubi le dará la vuelta a la tortilla. Está sobradamente capacitado para ello.

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