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El entrenador rojiblanco, antes del comienzo del encuentro del pasado sábado. / Javier Alonso
Ramón Gómez-Vivancos García

18 de enero 2026 - 21:06

Uno ya no sabe por dónde empezar, ni qué decir. O quizá sí, en cuanto copiara y pegara buena parte de mis escritos de los últimos meses sobre la evolución del conjunto de Rubi, porque todo lo que por desgracia está aconteciendo se ha ido anunciando desde estas líneas. 

Nadie puede negar que gran parte de las últimas victorias de la UDA en liga llegaron gracias a brillantes acciones individuales, no por la solidez y conjunción de un bloque que conforme pasan las jornadas se le ve más desordenado sobre el terreno de juego. Desde la convincente victoria ante el Cádiz en el UD Almería Stadium, no se ha visto un equipo armado, ordenado, intenso y que sabe a lo que juega

Por el contrario, y con independencia del resultado final, el conjunto de Rubi ha sobrevivido de destellos como el que se inventó Embarba este sábado noche para que fusilara Baptistao. Y pare usted de contar, porque la superioridad del Deportivo se puso de manifiesto de principio a fin, con varias ocasiones marradas por parte de los deportivistas.

Adrián Embarba trata de zafarse de la presión de Giacomo Quagliata con Sergio Arribas en segundo plano. / Javier Alonso

Lo mismo ocurrió ante el Granada y en tantos otros partidos donde la UDA estuvo a merced del acierto del contrario, más que del propio. O si no, ahí están los ejemplos de los recientes encuentros disputados ante el Leganés, Andorra, Mirandés o el referido Granada, donde se puntuó gracias a la escasa puntería de los rivales, porque la generación de la UDA vino más bien desde el acierto personal, no por parte de un equipo con un ritmo elevado y con un patrón de juego definido y reconocible. 

Nos podemos retrotraer al encuentro de la pasada campaña disputado en Almería ante el Elche. Finalizó con empate, pero como ocurre en estos momentos, las sensaciones mandaron y fueron las que al final pusieron a cada conjunto en su sitio. Se vio a un Elche conjuntado, ordenado e intenso ante una UDA anárquica, apoyada en obtener algún chispazo individual. Y así fue para poder empatar ese encuentro, pero en una liga regular se podía adivinar el final feliz de los ilicitanos y las dificultades de un equipo con buenos jugadores que actualmente juegan en Champions, como Suárez o Pubill. 

El marchamo de los buenos entrenadores se refleja sobre el campo, y los jugadores de Sarabia lo suelen trasladar al tapete, ya sea en aquel Andorra que descendió por su falta de calidad o en el actual Elche. Su impronta se deja ver. Ahí tenemos la diferencia entre un gran entrenador y otro, como Rubi, que no logra dirigir con éxito a una buena o mala plantilla. 

Las decisiones de Rubi

Amén de lo expuesto, que conforma el caparazón de cualquier equipo, las últimas decisiones de Rubi saltan a la vista. Este sábado colocó a André Horta, un centrocampista organizador, pegado a una banda, prescindió de Embarba en un momento decisivo de la segunda mitad, eliminando así una de las pocas armas de su equipo, el aspecto individual mediante un disparo o el balón parado por parte del madrileño, dejó en el banquillo a Guedes, que siempre responde y con quien de titular casi nunca se pierde, mantuvo sobre el tapete a Arribas, que no es que falle, es que ni participa ni la huele, por no recordar sus erráticas decisiones de antaño en torno a Aridane y varios más. 

Ahora nos anuncia Rubi que la competencia con los nuevos fichajes va a ayudar y a potenciar a su equipo, pero ¿y dónde queda tu decisiva aportación táctica sobre el terreno de juego, míster? Hablamos de un entrenador que nos anunció que a partir del pasado mes de octubre se alcanzaría la velocidad de crucero, pero que en diciembre nos dijo que el equipo iba justo. Ahora nos promete que se irá a más al amparo de la llegada de futbolistas contrastados en la categoría. Así yo también soy buen técnico. 

El entrenador del Almería revisa su reloj durante la contienda. / Javier Alonso

A día de hoy, porque no sabemos lo que puede acontecer en el futuro, no es ya la clasificación, al borde de abandonar el bloque de los seis primeros, o el estar a dos puntos del ascenso directo, sino las sensaciones que transmite un equipo que con peores o mejores jugadores está muy mal dirigido. Hasta ahora Rubi no ha podido o no ha sabido transmitir al equipo su idea, o a lo mejor sí, acompasada con esas elecciones erróneas a nivel individual. 

Si hipotéticamente fuera presidente de la UDA y las condiciones económicas y de límite salarial lo permitieran, cesaría a Rubi. Creo que, en estos momentos, es lo que le hace falta a una plantilla que pide a gritos a un capitán de la nave que ponga orden y rumbo firme a Primera.

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