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Solo 9 minutos desde la llamada hasta la asistencia en carretera

  • Aunque el trabajo ha caído de forma considerable, es un servicio necesario

  • Ellos también temen por su seguridad

Solo 9 minutos desde la llamada hasta la asistencia en carretera. Solo 9 minutos desde la llamada hasta la asistencia en carretera.

Solo 9 minutos desde la llamada hasta la asistencia en carretera. / Fran Murcia

Solamente 9 minutos desde la llamada hasta que llega al servicio. La asistencia en carretera se ha convertido en un servicio casi exclusivo por la escasez de coches que circulan por las carreteras y, por consecuencia, por la poca demandan que tienen actualmente. Aunque son servicios de primera necesidad, su colectivo también se ve afectado por las pocas intervenciones que efectúan a lo largo del día. Su día a día se basa en la espera de que suene una llamada telefónica.

José Ángel Viñolo, de Grúas Aguadulce, asegura que “se nota bastante en nuestro trabajo. Hay muy poco, lo mínimo. Tenemos que estar de todas formas, haya más o menos porque somos de primera necesidad. Si hay alguna avería tenemos que estar ahí”.

El trabajador apunta que en esta situación donde el coronavirus, Covid-19, está matando a gente por todo el mundo “hay miedo” porque “estamos en la calle con la gente y nunca sabes a quién vas a coger, de dónde viene o con quién se ha relacionado. En el taller nos conocemos del trabajo, pero cada uno cuando sale de su puesto tiene su familia, unos vecinos…, y no sabes qué puede llegar a pasar”.

Viñolo asegura que los servicios que realiza no son los que eran: “Ahora se va a lo justo, una batería, una rueda pinchada o algún accidente, pero como hay menos coches, también hay menos accidentes”.A la hora de prevenir infectarse con el nuevo coronavirus, el trabajador apunta que “no hay mascarillas por ningún lado. Nos han dicho que utilicemos guantes, que nos lavemos mucho las manos, que le pongamos fundas al volante, a los asientos…”.

José Ángel Viñolo, de Grúas Aguadulce. José Ángel Viñolo, de Grúas Aguadulce.

José Ángel Viñolo, de Grúas Aguadulce. / Fran Murcia.

Javier López lleva trabajando desde hace seis meses en Grúas Aguadulce. Al igual que su compañero, asegura que “hay mucho menos trabajo. Aun así, sale mucha gente a la calle. Se ven muchos controles de la Policía Local para evitar esa salida. Dentro de lo que cabe el trabajo es prácticamente nulo, vamos tirando”.

Por su parte, López no siente miedo por su salud “porque somos jóvenes y estamos en forma. No es miedo hacia nosotros, sino a nuestros mayores: por nuestros abuelos, vecinos… El poder pegárselo a otras personas que están más en riesgo que nosotros”.

El trabajador apunta que “económicamente va a hacer daño. Ahora llegamos muy pronto a los servicios porque no hay casi nada. Antes, era un no parar. Los lunes suelen ser movidos, pero el primero del confinamiento fue demasiado tranquilo. Estamos casi todo el domingo en la base. Estamos haciendo turnos por semana”.

López lleva seis meses trabajando en la empresa y desde que ha empezado manifiesta que “lo que peor llevo son los accidentes porque no sabes cómo va a quedar la persona. Eso te lo llevas a casa”.Lo que sí ha vivido en este tiempo ha sido las concentraciones y atascos de la A-7 por el corte de la carretera El Cañarete: “Ahí sí que se han producido accidentes. Hay un problema cuando ves a personas con la cabeza girada mirando el móvil, no respetando la velocidad… Hay que tener conciencia que desde ese tramo hasta Viator es una circunvalación. En el resto de las ciudades se aplica un límite de 80 kilómetros por hora y aquí es de 120”.

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