El Loot de Txeron

La delirante y adictiva penitencia de Blasphemous

  • El metroidvania de los sevillanos Game Kitchen plasma en píxeles la obra del icónico pintor Francisco Goya en una aventura cargada de acción y misticismo

La delirante y adictiva penitencia de Blasphemous La delirante y adictiva penitencia de Blasphemous

La delirante y adictiva penitencia de Blasphemous

La producción patria en el sector de los videojuegos va creciendo de forma lenta pero incansable. Cada vez son más los títulos que empiezan a brillar con luz propia y hacerse un hueco en un sector tan competitivo y saturado de propuestas, aunque aún lejos por ejemplo del éxito que en el pasado obtuvieron producciones de Pyro Studios y Rebel Act Studios como Commandos y Blade: The Edge of Darkness.

El último ejemplo es Blasphemous del estudio sevillano The Game Kitchen. Un metroidvania que se inspira en los óleos de Francisco de Goya para retratar las procesiones de disciplinantes. Unos 200 años después, este grupo de desarrolladores ha descubierto en sus pinturas una manera única de homenajear a su cultura y lo hace con la añeja técnica del pixel art que tan buenos juegos nos dio en la década del os 80 y 90 combinando un sistema de combate frenético con una estética oscura y barroca, iconografía cristiana y arte mudéjar.

Cuenta Mauricio García, CEO de The Game Kitchen, que desde el principio sabían que era una apuesta arriesgada pero apunta que “nosotros nos hemos criado también con el folclore japonés a través de sus videojuegos así que, ¿por qué no íbamos a poder exportar el nuestro? ¿por qué no iba a poder ocurrir al revés?”.

En Blasphemous nos encarnamos en la figura de El Penitente, un personaje que debe expiar sus pecados si quiere librar a la humanidad de la maldición que en la que se ha sumido. Para conseguirlo, habremos de atravesar los escenarios de un universo fantástico, plagado de referencias a imágenes de Goya, al folklore andaluz y la iconografía religiosa: coronas de espinas, capirotes, enemigos que utilizan ataques que simulan flagelaciones, arquitectura tan reconocible como el puente de Triana o incluso letras de canciones de Lola Flores.

Con el Penitente, el jugador deberá bregar contra gigantescas y peligrosas criaturas inspiradas en todo tipo de iconos de la religión (como La Piedad de Miguel Ángel) con la ayuda de su arma: el Mea Culpa. Estas batallas inmisericordes ponen a prueba la habilidad del jugador, pero todo esfuerzo se ve recompensado en forma de habilidades y potenciadores que se muestran en el Rosario que porta el protagonista.

El juego luce un apartado visual muy característico. El juego luce un apartado visual muy característico.

El juego luce un apartado visual muy característico.

Los fans de los videojuegos retro encontrarán algunos elementos del género comúnmente llamado ‘Metroidvania’ (con exploración y acción en un mapeado laberíntico), aunque desde The Game Kitchen insisten en que es “algo más”, y buscaban imprimir su sello de autor. “Queríamos ir más allá, imprimir algo diferente, más poético. Que el juego suscitase curiosidad. Que el jugador descubra referencias y se interese por ellas, sin necesidad de explicarlas explícitamente en el juego”, cuenta Mauricio García. “Si un pequeño porcentaje de los que prueban Blasphemous acaban buscando a Goya en Google, será que algo hemos hecho bien”.

Para dar luz a Blasphemous, los responsables de Game Kitchen hicieron uso de una campaña de financiación de crowfounding. La participación fue masiva. El objetivo era conseguir 50.000 euros, pero consiguieron 333.246 euros, por lo que se replantearon el proyecto: mejoraron el juego por niveles, hicieron un intenso estudio del arte andaluz e invirtieron en la banda sonora, que serpentea entre los ritmos medievales y las letras de Lola Flores.

Para los creadores del videojuego el éxito del producto está precisamente en “el poder de evocación del arte”: “La impronta de lo que se evoca en el juego perdurará en el tiempo”, ha asegurado García. Uno de los puntos que más quebraderos de cabeza ha producido en el equipo ha sido la iconografía religiosa, tan presente en la cultura andaluza: “Ha habido mucha censura para no ofender la sensibilidad religiosa”, han asegurado los creadores.

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