Cada vez más apretados: Almería roza los 90 habitantes por kilómetro cuadrado

El crecimiento demográfico se concentra en el litoral, el Poniente y el área metropolitana mientras el interior pierde peso

Ocho de cada diez nuevos almerienses nacen fuera: así crece la provincia

Gran cantidad de almerienses en el Paseo Marítimo de Almería capital.
Gran cantidad de almerienses en el Paseo Marítimo de Almería capital. / DDA

Almería ya vive como una provincia densa. Cada vez hay más gente en el mismo espacio, sin que el territorio haya cambiado de tamaño. La provincia se acerca a los 90 habitantes por kilómetro cuadrado, una cifra impensable hace apenas medio siglo y que empieza a tener efectos visibles sobre la vivienda, los servicios y la organización del territorio. La comparación ayuda a dimensionar el fenómeno: mientras Groenlandia apenas alcanza 0,03 habitantes por km², Almería concentra población hasta situarse en 88,2 habitantes por km², según los últimos datos oficiales.

La provincia suma 773.577 habitantes, repartidos sobre una superficie de 8.774 kilómetros cuadrados, lo que explica ese nivel medio de densidad. A comienzos de los años ochenta, la cifra apenas superaba los 46 habitantes por km², un contraste que refleja la magnitud del cambio acumulado en apenas cuatro décadas.

En dos generaciones, Almería ha pasado de algo más de 407.000 habitantes en 1980 a rozar los 774.000 actuales. El crecimiento se aproxima al 90 %, pero lo más relevante no es solo cuántos son, sino cómo y dónde se concentran sobre el territorio.

Este aumento de densidad no es un fenómeno neutro. Allí donde se concentra la población se intensifican la presión sobre la vivienda, el consumo de suelo, la demanda de infraestructuras y la competencia por recursos como el agua, el transporte o los servicios públicos, mientras otras zonas pierden peso demográfico y capacidad para sostenerlos.

Un crecimiento muy desigual

La densificación no se reparte de forma homogénea. Las comarcas del litoral, el Poniente y el entorno metropolitano de la capital absorben buena parte del aumento de población, impulsadas por el empleo, los servicios y la conectividad, mientras amplias zonas del interior permanecen estancadas o incluso en retroceso.

El área metropolitana de Almería capital, el Poniente y el Bajo Andarax registran los mayores incrementos relativos de densidad. Son espacios con mayor capacidad de absorción demográfica y donde se concentran los principales motores económicos de la provincia.

En contraste, numerosos municipios del interior mantienen padrones estables o directamente decrecientes, lo que acentúa los desequilibrios territoriales y consolida una brecha demográfica que se arrastra desde hace décadas.

Almería frente al mundo (y a sus vecinas)

En términos comparativos, Almería ocupa una posición intermedia a escala global. Está muy lejos de los territorios más densos del planeta, como Macao o Singapur, que superan ampliamente los 7.000 habitantes por km², pero también se sitúa a gran distancia de los grandes vacíos demográficos, como Groenlandia, Mongolia o el Sáhara, donde la densidad cae por debajo de dos habitantes por km².

En el entorno más cercano, la provincia ya presenta valores similares o incluso superiores a los de Granada o Jaén, y se aproxima a Córdoba, aunque todavía queda por debajo de Málaga, una de las provincias más densamente pobladas de Andalucía.

Uno de los factores clave de este proceso es la inmigración. La población extranjera ha pasado de ser testimonial a convertirse en un pilar del crecimiento demográfico, especialmente vinculada a la agricultura intensiva, los servicios y el empleo urbano.

Envejecimiento y dependencia del saldo migratorio

Este crecimiento convive, además, con un acusado envejecimiento poblacional. La edad media supera ya los 42 años y el peso de las personas mayores aumenta de forma sostenida, mientras la natalidad se mantiene en niveles muy bajos.

La fecundidad, que en los años ochenta rondaba los tres hijos por mujer, se sitúa hoy en torno a 1,45, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional. La provincia crece, pero lo hace sin nacimientos suficientes para sostener ese aumento.

El saldo migratorio ha cambiado de signo de forma estructural. Tras décadas perdiendo población, Almería encadena años con balances positivos, lo que explica buena parte del incremento de densidad registrado desde comienzos del siglo XXI.

El impacto ya es perceptible. El mercado de la vivienda, la planificación urbana, la movilidad, la sanidad y el acceso a recursos básicos empiezan a reflejar los efectos de una población cada vez más concentrada en determinados puntos del mapa provincial.

Hoy, Almería presenta densidades propias de provincias históricamente más pobladas, aunque con un modelo territorial muy distinto. La cuestión ya no es si seguirá creciendo, sino cómo se ordenará ese crecimiento para evitar tensiones sobre un territorio que, sin cambiar de tamaño, está cada vez más lleno.

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