La transformación de las izquierdas

04 de marzo 2026 - 03:08

La izquierda se reinventa continuamente, siempre ha sido así. Surgió de la corriente más igualitaria de la Ilustración, reclamando mayor libertad, igualdad de oportunidades, y mejor reparto de la riqueza. Pero fanatizada cometió excesos sangrientos, véase los jacobinos. Éstos fueron quien impulsaron con más empuje el cambio dirigido hacia la ruptura, y desaparición, de los restos del Antiguo Régimen. Basados en planteamientos utópicos sometían aquellos que quería salvar, y eran intolerantes con otras posturas dialogantes. Durante el siglo diecinueve incorporó a su ideología los derechos de los trabajadores, en la nueva situación socioeconómica provocada por la revolución industrial. Se racionalizó, organizó, y construyó un cuerpo doctrinal reivindicativo basado en la igualdad social, la distribución equitativa de los bienes según el esfuerzo personal, la ayuda al necesitado, elevando el trabajo a estandarte de sus demandas. Así fue que a principios del siglo veinte la figura del trabajador se convirtió en el nuevo Titán. La técnica y el trabajo serían sus guías. El comunismo integró estas ideas, luchando por una sociedad igualitaria, basada en la ciencia, el materialismo dialéctico, olvidándose de la libertad personal, y del ámbito espiritual de las personas, siendo sus sociedades dictaduras, donde el individuo era mero instrumento del Estado.

En la segunda mitad del siglo XX, eran muchos los intelectuales, e ideólogos de izquierdas, quienes se dieron cuenta de los errores cometidos por el sistema comunista, pues todos los regímenes de esta ideología aparecían como rancias dictaduras, sometidas al capricho del líder de turno o grupo privilegiado. Surgió una nueva izquierda combativa, que no olvidaba muchos principios comunistas, con ideas más abiertas y liberales, convirtiendo el trabajo en pesada obligación, aliándose con aquellos sectores tecnocapitalistas, ajenos a ideas conservadoras, para romper el esquema de la Historia, buscando su final, proponiendo una sociedad más igualitaria, ecológica, feminista y transversal. El mito de la igualdad absoluta ha seguido siendo su eje, a costa de la libertad personal, apostando por un mayor control social, considerando los conceptos del mérito, y esfuerzo individual, como ideas desniveladoras que atentan contra la igualdad del hombre común. Mientras, los dirigentes engendrarán dirigentes. Las nuevas izquierdas y el capitalismo estructural buscan iguales fines.

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