Tan solo uno de cada tres almerienses mantiene un "peso saludable"
El exceso de peso deja de ser excepcional y se convierte en el patrón dominante en la provincia de Almería
Engordan más que el resto: las provincias de Andalucía con más sobrepeso
Solo el 34% de la población adulta de la provincia de Almería mantiene un peso considerado normal. Es una de las proporciones más bajas de Andalucía y sitúa a la provincia en un escenario claro: dos de cada tres adultos viven ya fuera del rango saludable.
El exceso de peso no es una anomalía ni un fenómeno puntual. Es el patrón dominante. El sobrepeso afecta al 44% de los adultos, el porcentaje más alto de toda la comunidad, y la obesidad alcanza el 19,9%, con un 6% de obesidad severa. El resultado es un IMC medio de 26,8 kg/m², claramente por encima del umbral de sobrepeso.
La paradoja andaluza: tradición saludable, práctica real deficiente
Estos datos chocan con una realidad cultural conocida: Andalucía es cuna de la dieta mediterránea. Aceite de oliva, legumbres, frutas, verduras y pescado forman parte del imaginario colectivo. Pero el problema es que ya no forman parte del día a día de una parte creciente de la población.
La dieta mediterránea existe como referencia, pero no como hábito cotidiano. Cocinar requiere tiempo, planificación y energía. Y eso es justo lo que falta en muchos hogares.
Comer peor no es comer más, es comer distinto
El desplazamiento no se produce solo en la cantidad, sino en el tipo de alimentos. El aumento del sobrepeso coincide con un mayor consumo de productos ultraprocesados, comidas rápidas y platos preparados, densos en calorías y pobres en nutrientes.
Cuando este tipo de alimentación deja de ser ocasional y pasa a repetirse varias veces por semana, el balance energético se rompe de forma silenciosa. El cuerpo acumula peso sin que la persona tenga sensación clara de estar “comiendo de más”.
Estrés, cansancio y sedentarismo: el contexto que explican los números
Los datos de peso no se entienden sin el modelo de vida. Jornadas laborales largas, desplazamientos, estrés crónico y falta de descanso favorecen elecciones alimentarias rápidas y reducen la actividad física cotidiana.
El dietista-nutricionista Pablo Ojeda, en declaraciones publicadas en medios del grupo Joly, lo resumía así: “No es solo un problema de comida, es un problema de ritmo de vida: comemos peor porque vivimos con menos tiempo y más estrés”.
Menos movimiento del que parece
A esta ecuación se suma un nivel de actividad física insuficiente. Caminar menos, pasar más horas sentados y concentrar el ejercicio en momentos puntuales no compensa la inactividad diaria. El resultado es un desplazamiento general del peso corporal hacia tramos superiores.
Eso explica que, en Almería, solo el 29 % de los hombres mantenga normopeso, frente al 39,1 % de las mujeres, una de las brechas de género más amplias de Andalucía.
Cuando el normopeso se convierte en minoría
El dato clave no es solo cuántas personas tienen sobrepeso, sino cuántas logran mantenerse dentro de márgenes saludables. En Almería, esa franja ya es minoritaria.
Cuando dos de cada tres adultos están por encima del peso recomendado, el sobrepeso deja de ser una excepción individual y pasa a ser un problema estructural, con impacto directo en enfermedades crónicas, gasto sanitario y calidad de vida futura.
Los datos no apuntan a un problema puntual
La fotografía que dibujan las cifras no es transitoria. Es el resultado de años de cambios acumulados en alimentación, trabajo, movilidad y hábitos cotidianos. Andalucía sigue sabiendo cómo se come bien. Lo que ha cambiado es cómo se vive.
Y mientras ese contexto no se modifique, los porcentajes difícilmente volverán atrás.
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