Choque mortal en el cielo de Almería: explosión, restos esparcidos y la caída de bombas nucleares

El avión cisterna explotó tras la colisión, provocando la muerte instantánea de sus cuatro tripulantes

Almería, a segundos de una explosión nuclear histórica: la historia de Palomares

Uno de los aviones que chocó en el cielo de Almería, ya sobre el suelo de Palomares. / DDA

Una maniobra rutinaria fallida colocó a Almería al borde de una explosión nuclear el 17 de enero de 1966. La colisión en pleno vuelo entre un bombardero B-52G armado con cuatro bombas termonucleares y un avión cisterna KC-135A no fue un accidente fortuito, sino el resultado de una sucesión de errores humanos durante una operación crítica de reabastecimiento aéreo en plena Guerra Fría.

El bombardero sobrevolaba la provincia cumpliendo la ruta “Saddle Rock”, parte del programa de vigilancia atómica permanente de Estados Unidos. Estas misiones, conocidas como “Chrome Dome”, mantenían bombarderos armados con armas nucleares en vuelo continuo para garantizar una respuesta inmediata ante un ataque soviético.

La colisión que desató la crisis

El informe desclasificado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos confirma que el choque se produjo durante la aproximación del B-52 a la pértiga de repostaje del KC-135. La maniobra exigía una precisión extrema. Cualquier desviación podía resultar fatal.

Un B-52 en plena misión de largo alcance recibe combustible de un KC-135 Stratotanker, la misma combinación de aeronaves que protagonizó el accidente nuclear de Palomares. / U.S. Air Force / Wikimedia Commons

La colisión fue devastadora. El avión cisterna, cargado con miles de litros de combustible altamente inflamable, explotó de inmediato, convirtiéndose en una bola de fuego que causó la muerte instantánea de sus cuatro tripulantes.

El bombardero se desintegra sobre Palomares

El impacto arrancó el ala izquierda del B-52 y provocó que el fuselaje se fragmentara en el aire. Los restos de los motores y secciones de cola cayeron sobre el entorno de Palomares, mientras las cuatro bombas termonucleares B28RI iniciaban su caída libre hacia el pueblo y el mar cercano.

Siete tripulantes viajaban en el bombardero. Cuatro lograron eyectarse y sobrevivieron, algunos tras caer al Mediterráneo. Los equipos de rescate se activaron minutos después de que los radares de Vera perdieran el contacto con ambas aeronaves.

El destino de las bombas nucleares

La dispersión de los restos complicó la localización inmediata de las cargas nucleares. Los informes describen un despliegue militar sin precedentes en la provincia de Almería, con unidades terrestres, aéreas y navales movilizadas para asegurar cada punto de impacto.

Resto de uno de los aviones. / DDA

La prioridad absoluta fue evitar una detonación accidental y recuperar las armas antes de que se produjera cualquier interferencia externa en un contexto de máxima tensión internacional.

Seguridad militar y tecnología sensible

El análisis de los restos se centró en impedir que componentes estratégicos de los aviones cayeran en manos de servicios de inteligencia extranjeros. Sistemas electrónicos y de navegación quedaron esparcidos entre campos agrícolas y playas, protegidos bajo estrictos protocolos de seguridad nacional.

El estado de los motores permitió descartar fallos mecánicos previos. La investigación concluyó que la causa fue un error de maniobra durante la fase de acoplamiento, una de las más delicadas del vuelo estratégico.

Un punto de inflexión global

La retirada de los restos de los aviones se desarrolló en paralelo a la descontaminación del plutonio. Toneladas de chatarra militar fueron enviadas de vuelta a Estados Unidos para su análisis y destrucción en bases seguras.

El accidente de Palomares marcó un antes y un después en los protocolos de reabastecimiento aéreo. Las lecciones aprendidas de aquella colisión llevaron a revisar los procedimientos de las misiones estratégicas en todo el mundo, para evitar que una maniobra rutinaria volviera a colocar a una población civil a segundos de una catástrofe nuclear.

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