El crimen de la prestamista

Fue una de las investigaciones más complejas de la Guardia Civil. El asesinato de Virtudes Nieto fue movido por la codicia de hacerse con una importante cantidad de dinero que había cambiado en el Banco de España de Almería

El crimen de la prestamista

25 de abril 2011 - 01:00

UN singular crimen lleno de intriga con un sospechoso en primer plano y un minucioso trabajo de la Guardia Civil fueron los principales ingredientes de este caso muy popular en los años veinnte del pasado siglo en la comarca del río Andarax, cuyos asesinos pese a una solida coartada fueron finalmente detenidos y puestos a disposición de la Justicia.

La victima tiene un nombre propio, Virtudes Nieto González una mujer de avanzada edad, que llevaba varios años viuda y vivía sola en una modesta casa de planta baja en la localidad de Alsodux . En esas fechas se dedicaba a prestar a la gente del pueblo y localidades limítrofes dinero a rédito. Lo que popularmente se conocia como "dinero a gabela". Virtudes Nieto no tenía parientes cercanos, al menos en el pueblo y no se le conocían amistades, excepto la de Salvador Salmerón Rodulfo de 54 años un amigo que trabajaba como carpintero en Alhabia, hombre avispado y conocedor de las "cuatro reglas" quien era al fin y al cabo el encargado de administrar las cuentas a la vieja usurera.

Unos días antes de su asesinato, Virtudes Nieto se desplazó hasta Almería en el coche de línea para cambiar en el Banco de España una importante cantidad de dinero en billetes de 500 y 1.000 pesetas. El viaje de ida y vuelta lo hizo en el mismo día por la noche. La anciana no viajó sola, lo hizo junto a su amigo y administrador Salvador Salmerón Rodulfo regresando juntos a Alsodux.

La mañana del domingo 10 de febrero de 1925 los vecinos de Virtudes Nieto notaron que la vivienda de la mujer estaba muy cerrada, como si la anciana estuviera ausente aunque sabian que la mujer no se habia movido del pueblo. La puerta se encontraba atrancada y las ventanas entornadas dando la impresión como si no viviese nadie en la misma, aunque sabían perfectamente que la mujer tenía que estar allí aunque llevaban ya varios días sin verla. En el pueblo no la habían visto y nadie contestaba a las llamadas de la puerta. Ante el temor de que la mujer, por su edad estuviese enferma e impedida los propios vecinos de la calle decidieron avisar al juez municipal.

Nada más forzar la puerta de la vivienda se pudo ver que en su interior la casa estaba totalmente revuelta. Los muebles y los cajones de los armarios estaban por los suelos, las ropas en desorden y en la cocina diversos restos como de haber comido alguien. Al mando del juez municipal la vivienda y un pequeño corral fueron minucisiosamente inspeccionadas sin que se encontrase ningun rastro de la mujer a la que se le buscó palmo a palmo no fue hallada. Lo que si se localizó debajo del colchón de su cama en el dormitorio fueron dos pequeñas bolsas de tela de color oscuro que contenían alrededor de unas 4.000 pesetas distribuidas en billetes de 50 y 100.

El caso se presentaba complicado. La Guardia Civil del puesto de la demarcación de Gergal tomó de inmediato cartas en el asunto. Sin apenas pistas, se inició un rastreo por los alrededores de la vivienda llegando hasta una cueva cercana propiedad de la mujer en donde finalmente se encontró su cadver semi ocultos con piedras y ramas. Virtudes Nieto habia sido estrangulada, aunque no se halló el elemento empleado en la consumación del crimen.

La Guardia Civil empezó a ir encajando las piezas del rompecabezas buscando un punto de partido en la investigación. En los primeros momentos fue detenido como principal sospechoso su amigo y administrador de cuentas Salvador Salmerón, quien según unos vecinos lo habían visto unos días antes por las inmediaciones de la cueva. Salmerón proclamó repetidas veces su inocencia resistiendo a los interrogatorios de los agentes de la Benemérita. Según se dijo a Salvador Salmerón los agentes le apreciaron diversos rasguños tanto en el pecho como en los brazos incuriendo además el detenido en diversas contradicciones. Después de varios días encarcelado en la prisión de Gérgal el sospechoso fue puesto en libertad ya que pudo demostrar plenamente su inocencia en el crimen.

Pasaban los dias y cuando ya parecía que el caso estaba olvidado, la Guardia Civil unas semanas más tarde detuvo en las localidades de Huécija y Alsodux a dos personas, ocasionales clientes de la victima, Eduardo Amate y José Nieto, acusados como los suspuestos autores del crimen. Según sus manifestaciones de entonces, se llevaron a la anciana hasta la cueva ubicada en las afueras del pueblo, con intencion de amedrentarla y conseguir que lavíctima les prestara cierta cantidad de dinero que necesitaban para realizar unas reformas de obra en uno de los cortijos de los encausados. La cosa inesperadamente se les complicó. A uno de los sujetos se le fue el asunto de las manos y al aprisionarle la garganta, la mujer que tenía graves problemas respiratorios y padecía del corazón, falleció durante el forcejeo.Tras cubrir el cadaver con matorrales y piedras la abandonaron. La paciente labor y la sagacidad del comandante de puesto de la Guardia Civil de Gérgal posibilitó el esclarecimiento de uno de los casos más complejos que se le presentó a la Benemérita en aquellos años en la provincia de Almería.

Dos meses mas tarde, otro espectacular crimen se convertiría en otra puntual noticia. En este caso fue en la capital y ocurrió el 18 de abril de 1925. Una mujer de las llamadas entonces de "vida alegre" apareció muerta frente a la puerta de una vivienda en el patio del Moro de las de denominadas Cuevas de Duomovich de la capital después de que fuese estrangulada y arrojada por un pequeño terraplén.

Fue identificada como Carmen Fernández Rando de 30 años de edad natural de Málaga. La Policía tomó declaración a un numeroso grupo de personas relacionadas de alguna manera con la fallecida, poniendo especial atención a las declaraciones de Julia Navarro, amiga de la víctima quien dijo que ese día por la tarde un tal Juan López que trabajaba como barrilero en la explanada del puerto estuvo buscando nerviosamente a Carmen Fernández.

Con estos datos la Policía detuvo al sospechoso que en unión de otros dos amigos según manifestó habían estado juntos la noche que supuestamente se produjo el crimen. Al detenido como prueba del homicidio se le ocupó un simple gancho de hierro y una correa.

Según la versión policial, Carmen Fernández fue golpeada y posteriormente arrojada desde lo alto de un pequeño barranco cercano golpeándose con pencas y piedras hasta llegar finalmente frente a la puerta de una de las viviendas del patio del Moro. El cadáver presentaba una fuerte herida en la base craneal, fractura de varias costillas y numerosas heridas y magulladuras en todo el cuerpo. El joven Juan López González, de 28 años de edad, vecino de Almería negó en todo momento a la Policía que hubiese tenido algo que ver con el crimen. Quedó en libertad sin cargos. El autor o autores del crimen nunca fueron detenidos.

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