El docente que enseñó en el CEIP Rafael Alberti que para educar no hay que tener prisa se jubila
Homenaje al 'profe Manolo'
Es el más antiguo de la plantilla de este colegio público de la capital en el que ha dejado una huella imborrable
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Hay despedidas que no suenan a final, sino a legado. La jubilación del profe Manolo en el Colegio de Educación Infantil y Primaria (CEIP) Rafael Alberti de Almería es una de ellas. Porque no se va solo un maestro; se queda, para siempre, una manera de enseñar y de vivir la escuela.
Manolo, con 60 años recién cumplidos (el 1 de enero) cierra ahora la puerta del gimnasio, esa que ha abierto durante décadas con la misma naturalidad con la que recibía a cada grupo de alumnos. Dieciocho promociones han pasado por sus clases de Educación Física. Dieciocho generaciones que aprendieron a correr, a saltar, a estirar… pero, sobre todo, a respetar, a compartir, a creer en la igualdad y en el valor del compañerismo.
Antonio Alonso, director del CEIP Rafael Alberti: “Manolo, gracias por tu entrega a los niños, tu apoyo a los maestros y tu lealtad a la dirección. Un honor trabajar contigo”
El maestro más antiguo del colegio de la capital (llegó en 2008) ha sido también uno de los más constantes y queridos. Constante en el ejemplo. En la palabra medida. En la mirada atenta al que se quedaba atrás. En esa mezcla tan suya de cariño y disciplina, donde el orden nunca estaba reñido con la humanidad, ni la exigencia con la ternura.
En un mundo que va deprisa, Manolo siempre repetía su lema como quien deja una huella en el suelo del patio: “Yo no tengo prisa”. No tenía prisa para que un niño aprendiera una lección, ni para que una niña entendiera su valor. No tenía prisa para corregir, para escuchar, para volver a explicar. Porque educar, para él, nunca fue una carrera de velocidad, sino un camino que se recorre juntos.
Silvia Baños, maestra de Música: “Es el buen rollo personificado. Imposible discutir con él, siempre ve el lado positivo de todo y te lo contagia”
En sus clases se aprendía que ganar no era lo más importante, que ayudar al compañero caído también suma puntos, que el respeto empieza por uno mismo y se extiende al resto. Valores humanos que no aparecían en el horario escolar, pero que Manolo impartía cada día, sin falta, como la asignatura más importante. Ha sido fabricante de su propio material didáctico. Artículos que él mismo adaptaba para que cualquiera con necesidades educativas especiales pudiera realizar las actividades y jugar como los demás. Logró que un menor en silla de ruedas jugara al fútbol.
Mónica Leal, maestra de Educación Infantil: “Lo vamos a echar mucho de menos; los niños más, incluso los infantiles que ni han sido sus alumnos y lo adoran”
Hoy, día 5 de enero, el CEIP Rafael Alberti se despide oficialmente (es la fecha exacta de su jubilación) de un docente, pero celebra a un maestro. De esos que dejan marca aunque no la busquen. De esos que, cuando se van, siguen estando presentes en cada gesto, en cada norma justa, en cada “tranquilo, inténtalo otra vez”.
Fue el último viernes lectivo antes de las vacaciones de Navidad cuando la comunidad educativa lo despidió con honores. Lágrimas en los rostros de cada niño y niña. Emociones contenidas entre la plantilla docente y sentimientos de gratitud por parte de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos, AMPA La Marina, que le entregaron una placa conmemorativa como recuerdo de su paso por este centro educativo y por el corazón de todas y cada una de las familias. Incluso de aquellas a cuyos hijos no les ha impartido clase. Y es que el profe Manolo era el profe de todo el alumnado, porque aunque en Educación Infantil no hay Educación Física, los niños y niñas de 3, 4 y 5 años, que han aprendido con él la canción de La Lechuza, también han sentido como suya esta sentimental marcha a otra etapa de su vida.
Julia Cruz, maestra de Inglés: “Manolo es compañero y amigo, pero sobre todo, lo que más destaco de él es que es una buena persona”
Loly Ortiz Núñez, presidenta de la AMPA La Marina: “Las familias solo tenemos palabra de agradecimiento; nuestros hijos e hijas han sido felices con él”
Al acto de homenaje y despedida no quisieron faltar antiguos alumnos que ya están en el instituto o incluso en la Universidad. Todos emocionados, sin poder contener las lágrimas, incluido el protagonista.
Ahora tendrá todo el tiempo para viajar, jugar al padel, ver jugar al Poli Almería o disfrutar de la familia, de sus dos hijos y su esposa, que son sus pasiones.
Gracias, profe Manolo, por no tener prisa. Porque gracias a eso, enseñaste a cientos de niños y niñas de Almería a ir lejos.
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