Documentos desclasificados admiten que Palomares fue una gran operación de propaganda

El informe "Palomares Summary Report" detalla cómo se gestionó la opinión pública para evitar el pánico internacional

Palomares cumple 60 años con el plutonio aún bajo tierra y sin salida cerrada

El Gobierno de los Estados Unidos desclasificó informes donde se dejaba claro que Palomares fue un acto de propapaganda. / DDA

Almería fue el epicentro de uno de los ejercicios de propaganda más sofisticados de la Guerra Fría a partir del 17 de enero 1966, hace justo 60 años, según admite el "Palomares Summary Report". El documento, redactado originalmente en 1975 y compuesto por 217 páginas, confiesa que la gestión del accidente no solo fue una operación de limpieza física, sino un esfuerzo masivo de relaciones públicas para proteger la imagen militar de los Estados Unidos. Esta revelación oficial confirma que la colisión de los aviones fue tratada, desde el primer momento, como una crisis de reputación internacional que debía ser contenida mediante una narrativa diseñada milimétricamente.

La desclasificación de este informe pone de relieve que el famoso baño del embajador Angier Biddle Duke no fue una coincidencia, sino una estrategia de marketing político. El objetivo era desactivar, mediante una imagen visual potente, cualquier duda sobre la seguridad de las aguas del Mediterráneo tras la caída de las bombas. Los mandos militares reconocen en el texto que este tipo de gestos eran vitales para calmar a los aliados europeos y proyectar una sensación de control total en un momento de máxima tensión geopolítica.

El informe detalla cómo se gestionó a los más de cien periodistas que inundaron la zona, creando un centro de prensa que filtraba la información de manera quirúrgica. La transparencia que se vendió al mundo era, en realidad, una apertura controlada donde solo se mostraba aquello que reforzaba la idea de un éxito tecnológico estadounidense. El documento admite sin tapujos que se permitieron visitas guiadas para que la prensa internacional viera exclusivamente lo que Washington quería que viera.

El triunfo de la imagen pública sobre la radiactividad

La "Operación Camp Wilson" fue descrita en los medios como un despliegue heroico, ocultando bajo un barniz de eficiencia los graves fallos de seguridad que permitieron el accidente. El informe subraya que cada rueda de prensa y cada comunicado estaban diseñados para silenciar la propaganda comunista que denunciaba la contaminación en suelo español. La prioridad absoluta no era solo recoger el plutonio esparcido, sino ganar la batalla por el relato en los principales periódicos de todo el mundo.

El campamento Wilson de Palomares. / DDA

Incluso el contacto directo con la población local de Palomares estuvo teñido de esta voluntad de marketing preventivo. Los militares repartían dulces y mostraban una cara amable para evitar que el descontento social se convirtiera en una protesta política contra las bases estadounidenses en España. El documento revela que se vigilaba estrechamente el ánimo de los vecinos para intervenir de inmediato si la narrativa oficial empezaba a flaquear en las calles del pueblo.

El raspado de la tierra y la retirada forzosa de cultivos de tomates fueron presentados como medidas de precaución generosa, cuando en realidad eran operaciones críticas de descontaminación bajo presión. El informe admite que la visibilidad de estas tareas ayudaba a construir una imagen de responsabilidad ambiental frente a la opinión pública. Sin embargo, la técnica de arar la tierra en lugar de retirarla fue una decisión de compromiso para ahorrar tiempo y costes logísticos.

Compensaciones económicas y control social en la comarca

El sistema de reclamaciones también funcionó como una válvula de escape para la creciente tensión social en la provincia almeriense. Al pagar rápidamente pequeñas sumas por daños materiales inmediatos, se evitaba que los agricultores se organizaran para exigir responsabilidades mayores o estudios de salud a largo plazo. El informe reconoce que la rapidez en los pagos fue una herramienta eficaz de pacificación civil durante los meses que duró la compleja búsqueda marítima.

La recuperación de la bomba en el fondo del mar fue el gran final de esta calculada obra de propaganda internacional. Se permitió que las cámaras captaran el momento para demostrar la superioridad tecnológica de los sumergibles Alvin y Aluminaut ante el bloque soviético. El sumario técnico deja claro que el éxito del rescate fue utilizado para enterrar mediáticamente el hecho de que una bomba termonuclear estuvo perdida durante casi tres meses.

A nivel diplomático, el informe confiesa que se utilizaron los canales oficiales para asegurar al gobierno español que todo estaba bajo control, minimizando los riesgos biológicos reales. La relación entre Madrid y Washington se mantuvo estable gracias a este pacto de silencio y propaganda que evitó una crisis mayor entre ambos aliados. El documento es, en esencia, un manual de cómo transformar un desastre potencial en una victoria comunicativa de primer orden.

La figura de la Duquesa de Medina Sidonia se menciona en el informe como una amenaza directa a esta paz artificial. Sus intentos de movilizar a los campesinos eran vistos como una interferencia molesta en un plan de comunicación que ya estaba perfectamente engrasado. La propaganda oficial trabajó activamente para desacreditar cualquier voz disidente que se saliera del guion establecido por la Agencia de Defensa Nuclear de los Estados Unidos.

Incluso los bioensayos realizados a los residentes se comunicaron como una prueba de cuidado médico, ocultando que los datos se utilizaban para alimentar investigaciones científicas sobre la exposición al plutonio. El informe técnico desvela que la tranquilidad de la población era un objetivo secundario frente a la necesidad de mantener el orden político. La ciencia y la manipulación informativa caminaron de la mano durante toda la operación en la pedanía de Cuevas del Almanzora.

El traslado de los residuos hacia Estados Unidos fue otro hito fundamental de las relaciones públicas en el puerto de Cartagena. Ver los barriles salir de España fue la prueba visual que el mundo necesitaba para creer que el peligro se había ido para siempre. Sin embargo, el informe admite con frialdad que la contaminación residual permaneció en el suelo almeriense, protegida por el olvido mediático y la desclasificación tardía de estos documentos.

Hoy, al leer el sumario de 1975, queda claro que Palomares fue el laboratorio donde se perfeccionó la gestión de crisis gubernamentales modernas. La capacidad de controlar la información y de imponer una verdad oficial sobre los hechos técnicos es el gran legado que documenta este archivo histórico. La Almería de 1966 fue, ante todo, un escenario donde la imagen venció a la realidad durante décadas de opacidad.

Finalmente, el documento concluye que el éxito de la misión no solo fue físico, sino fundamentalmente moral y psicológico. Se logró que el mundo aceptara la presencia de armas nucleares como un riesgo gestionable, siempre y cuando hubiera una maquinaria de propaganda capaz de explicarlo convenientemente. Palomares dejó de ser una tragedia para convertirse en un ejemplo de gestión administrativa y comunicativa para el Pentágono.

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