Más allá del "error de navegación": las familias de los fallecidos en Níjar denuncian los fallos sistémicos de la escuela de vuelo

La investigación carga contra la "escasa supervisión" de la escuela One Air y emite ocho recomendaciones de seguridad para corregir sus deficiencias

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La avioneta que impactó en Cabo de Gata contra una ladera apenas se adentró en tierra dos kilómetros / D.A.

Cuando el pasado 13 de febrero la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes de Aviación Civil (CIAIAC) hizo público su informe final sobre el accidente del Cerro del Fraile, los titulares fueron rápidos y quirúrgicos: un error de navegación causó el siniestro. Técnicamente, es cierto. La aeronave Diamond DA20-C1, matrícula EC-KUX, se adentró en tierra firme en una noche cerrada y colisionó contra la ladera. Sin embargo, para Blanca y Graci, madres del instructor y del alumno fallecidos aquella fatídica noche de octubre de 2023, esos titulares son una verdad incompleta, una simplificación que añade dolor a la pérdida y que oculta la cadena de errores organizativos que sentenciaron a sus hijos antes incluso de despegar.

"Es indignante que se apunte directamente a los chicos", lamenta Graci, madre del alumno piloto de 28 años, con una voz que mezcla el duelo con la firmeza de quien ha leído las 72 páginas del informe técnico buscando respuestas. "A partir de la página 42, todo apunta a la escuela. Hay brechas de seguridad que son clamorosas".

Las familias han decidido alzar la voz para contextualizar el dictamen oficial. No niegan el desenlace técnico, pero exigen que se ponga el foco en los "factores contribuyentes" que el propio Ministerio de Transportes destaca: la falta de cultura de seguridad, la nula supervisión y una planificación deficiente por parte de la escuela operadora, One Air.

Una ruta inédita en la "boca del lobo"

Blanca, madre del instructor de 24 años —un joven que no era un novato, sino un Licenciado en Piloto Comercial y Operaciones Aéreas formado en la Universidad de Salamanca—, explica con precisión las circunstancias de aquel vuelo. No era una práctica rutinaria. "Se les mandó en un vuelo nocturno muy largo, que nunca antes se había hecho en visual nocturno", detalla. La ruta habitual de instrucción nocturna solía discurrir hacia Granada, Sevilla o Córdoba, zonas con amplias referencias lumínicas de ciudades y autovías. Aquella noche, sin embargo, la escuela planificó una travesía entre Almería y Valencia, sobrevolando el Cabo de Gata.

El informe oficial A-033/2023 confirma este extremo: era la primera vez que se volaba este tramo en condiciones de Vuelo Visual Nocturno (VFRN). El escenario no podía ser más hostil. Según el documento, la zona del accidente se caracteriza por una orografía montañosa y una "nula iluminación", al carecer de núcleos urbanos o carreteras. Para empeorar la situación, la luna se encontraba en fase menguante, con apenas un 20,6% de iluminación. "Era una boca de lobo", describen las familias.

"Ellos iban por línea de costa, como les había marcado la escuela", asegura Blanca, defendiendo la actuación de la tripulación. El plan era salir del punto S (Cabo de Gata) y adentrarse mar adentro. Sin embargo, en esa oscuridad absoluta, sin horizonte visible que separara el mar del cielo y con una avioneta de instrucción básica sin los instrumentos avanzados de otras aeronaves, la desorientación espacial se convirtió en una trampa mortal. Graci es tajante al respecto: "El anuncio de la escuela vende vuelos nocturnos con las luces de Málaga de fondo, pero allí no tenían ninguna referencia. Ninguna".

La escuela, en el punto de mira de Aviación Civil

Lo que más duele a las familias es la sensación de que sus hijos fueron enviados a una misión para la que la organización no había evaluado los riesgos. "No hubo planificación en condiciones. Dijeron: 'bueno, vamos a probar a ver'. Y eso les costó la vida", denuncia Graci.

Esta percepción no es fruto del dolor materno, sino que está respaldada —para ambas— por la contundencia del informe de la CIAIAC. De las diez recomendaciones de seguridad que emite el organismo estatal para evitar futuros accidentes, ocho van dirigidas exclusivamente a One Air. Un porcentaje abrumador que señala fallos estructurales en la operadora.

El informe detalla que el Sistema de Gestión de la Seguridad Operacional (SMS) de la escuela era inmaduro e ineficaz. No existía una identificación de peligros específica para los vuelos visuales nocturnos, ni se habían evaluado los riesgos de una ruta nueva y compleja como la de Almería-Valencia. Aviación Civil constata que "el personal directivo no tenía conocimiento" de cómo se ejecutaban realmente los vuelos. La investigación reveló una "relajación en la disciplina de operación" generalizada: era práctica habitual en la escuela que los alumnos e instructores no siguieran las planificaciones oficiales, guiándose por autovías o la costa, sin que nadie desde la dirección corrigiera esta deriva. "A esta escuela le importa nuestra seguridad un carajo", llegó a decirle el alumno a su madre en una ocasión, según relata Graci, quien asegura que en la academia imperaba el miedo a reportar incidencias: "Al que se quejaba lo tildaban de loco". El informe corrobora esta falta de cultura de reporte: antes del accidente, el sistema de seguridad recibía menos de 40 notificaciones al año.

Algunas de las conclusiones relativas a One Air del informe. / D.A.

El fallo del equipo de emergencia: seis horas de angustia

Otro de los puntos que indigna a las familias es el fallo de los sistemas de supervivencia de la aeronave, una Diamond DA20-C1 que Graci califica como "la más básica" para este tipo de travesías. Tras el impacto contra el Cerro del Fraile, la baliza de emergencia (ELT), diseñada para emitir una señal de socorro vía satélite, no funcionó.

El motivo, según el informe, fue mecánico y previsible: la baliza estaba sujeta con cinchas de velcro. Al producirse la desaceleración brutal del choque, el dispositivo salió despedido, rompiendo el cable de la antena y quedando inutilizado. "Les advirtieron que de la forma que iba anclada la baliza eso no era seguro", recuerda Graci. El resultado de este fallo técnico fue devastador para la gestión de la emergencia: los servicios de rescate tardaron seis horas en localizar los restos. "Imagínese si hubieran quedado con vida", reflexiona la madre, pensando en esas horas de silencio y oscuridad en el monte.

A esto se suma la sospecha de las familias sobre el funcionamiento de los instrumentos de vuelo. Blanca sugiere que "algún altímetro debió marcar un error", lo que explicaría por qué, creyendo volar seguros, no lograron superar la elevación del terreno. Aunque el informe técnico descarta el fallo del altímetro como causa raíz, sí reconoce un comportamiento errático del transpondedor en vuelos previos, con discrepancias de altitud de hasta 200 pies. "Ellos creían que volaban a una altitud cuando en realidad no era esa, y se comieron el monte", resume Graci con crudeza.

Un sistema que falló a dos jóvenes

Para Blanca y Graci, el accidente del 10 de octubre de 2023 no fue un hecho aislado ni una simple maniobra errada de dos pilotos jóvenes. Fue el colapso de un sistema de seguridad que debía protegerlos. Blanca recuerda a su hijo como una persona "sumamente responsable", un profesional que había dedicado años a formarse académicamente antes de sentarse en esa cabina. "Me parece tremendamente injusto que se encabece la noticia solo con el error de navegación", escribe en su carta, dolida por la simplificación mediática.

Las madres insisten en que el informe de la CIAIAC es una hoja de ruta de todo lo que no funcionó en tierra antes de que fallara en el aire. La "escasa supervisión" citada por los investigadores no es un detalle menor; es —para ambas— el caldo de cultivo donde se gestó la tragedia. Creen que, si la escuela hubiera monitorizado los vuelos anteriores, se habría dado cuenta de que los alumnos volaban de forma visual improvisada; si hubiera existido una cultura de seguridad real, se habría evaluado el peligro de volar sobre el Cabo de Gata en una noche sin luna.

"Esto no es de recibo", concluye Graci, quien adelanta que las familias no se quedarán de brazos cruzados. Por el momento, su batalla es por la verdad y por la memoria: que se sepa que sus hijos no fueron los únicos responsables de aquel trágico final. Que detrás del "error de pilotaje" había una organización que, según el Estado, tiene ahora la obligación de reformar sus cimientos para que ningún otro alumno o instructor tenga que pagar con su vida la falta de planificación.

El informe A-033/2023 ya es público y sus conclusiones son inamovibles. Pero la interpretación de esas conclusiones, la lectura humana y sistémica de la tragedia, pertenece a estas dos madres que, unidas por el dolor, exigen que se lea hasta la última página. Porque es allí, en la letra pequeña de las recomendaciones y los hallazgos sistémicos, donde se esconde la verdadera historia de lo que ocurrió en los cielos de Níjar.

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