“Hay muchos sitios que necesitan gente”: la construcción busca mano de obra en Almería

Empresas de obra civil vinculadas a proyectos como el soterramiento del AVE aseguran que hay demanda de trabajadores para cuadrillas y oficios en la capital

“Vine en patera y hoy doy trabajo en Almería”: cómo Adama Faye cambió su destino

Algunos de los trabajadores de Adama Faye en Almería en la Avenida del Mediterráneo desarrollando las obras del AVE. / JAVIER ALONSO

La escena se repite en varios puntos de la ciudad. Cuadrillas trabajando a la vez, máquinas moviendo material y pequeñas empresas entrando y saliendo de cada tramo según avanza la Almería subterránea del AVE. En mitad de ese movimiento, algunos responsables de obra coinciden en un mensaje sencillo: falta gente para trabajar.

“Hay muchos sitios que necesitan gente”, resume Adama Faye mientras supervisa a su cuadrilla en la avenida del Mediterráneo. Su empresa participa en tareas de organización de obra civil, una fase clave antes de los acabados definitivos. No habla de teorías ni de estadísticas, sino de lo que ve cada día en la calle.

En su caso, mantiene a una veintena de trabajadores repartidos entre la capital y otros frentes como Carboneras. Una parte de la plantilla coloca losas, bordillos y arquetas en el trazado urbano del soterramiento, mientras otra se encarga de encofrados y muros en zonas vinculadas a la infraestructura ferroviaria.

Trabajo de la empresa de Adama Faye en la Avenida del Mediterráneo de Almería. / Javier Alonso

El funcionamiento del sector se basa en esa lógica. Varias empresas coinciden en el mismo tramo, cada una con su cometido. “Hay varias empresas trabajando y cada una lleva cosas diferentes”, explica Faye. Esa coordinación es habitual en las grandes obras, donde la subcontratación permite avanzar por fases.

En el caso del soterramiento, los trabajos han entrado en una etapa de organización urbana: redes de saneamiento, preparación de aceras, colocación de bordillos y ajustes de cotas. Es una fase que requiere mano de obra constante y perfiles de oficio, desde fontaneros hasta peones especializados.

Personal en los tajos

Desde dentro del propio sector, el diagnóstico es simple: hay trabajo, pero no siempre hay suficientes trabajadores disponibles. Faye lo resume sin rodeos: “Si nos dan trabajo, podemos meter más gente”. Es una idea que se repite entre pequeñas contratas que dependen del volumen de obra pública.

El crecimiento de muchas empresas se produce de forma gradual. Empiezan con uno o dos trabajadores, reciben encargos puntuales y, si el flujo de obras se mantiene, amplían cuadrillas. En ese modelo, cada contrato supone nuevos puestos de trabajo. Sin continuidad, la plantilla se reduce.

Adama Faye, de cerca. / Javier Alonso

En el entorno del AVE, varias empresas operan al mismo tiempo en distintos tramos de la capital. Algunas se encargan de estructuras, otras de servicios, otras de acabados. Esa fragmentación multiplica la necesidad de personal en cada fase del proceso constructivo.

El perfil de los trabajadores también refleja la realidad del sector. Muchas cuadrillas están formadas por empleados extranjeros que han encontrado en la construcción una vía de entrada al mercado laboral. Faye reconoce que en su empresa la mayoría procede de países africanos, junto a trabajadores de otros orígenes y algún empleado español.

La obra pública como motor de empleo

La evolución de estas pequeñas empresas depende casi siempre de la continuidad de los proyectos. Cuando hay obras, crecen. Cuando se frenan, se contraen. “Si crecemos nosotros, trabaja más gente”, insiste Faye, que vincula directamente el volumen de contratos con el empleo.

En el caso del soterramiento, los trabajos han ido avanzando por tramos desde zonas como Los Molinos hasta la avenida del Mediterráneo, con próximas fases en rotondas, pasos y el entorno de la estación. Cada fase activa nuevos encargos y nuevas cuadrillas.

La escena diaria es la misma: equipos colocando losas, ajustando arquetas o preparando el terreno para los siguientes oficios. No hay grandes discursos, solo trabajo acumulado. Y en medio de ese ritmo, una frase que se repite entre los responsables de cuadrilla: hay obra, pero faltan manos.

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