Una investigación insta a realizar claras en el pinar de la Sierra de Los Filabres de Almería para evitar su muerte
Medio Ambiente
Expertos de la Universidad de Córdoba llevan diez años recogiendo datos para el estudio que determina que la caída de las hojas responde a patrones de mortalidad
La Sierra de los Filabres, un ejemplo de repoblación forestal en Almería
La gestión de los pinares mediterráneos, como el de la Sierra de Los Filabres en la provincia de Almería, afronta hoy un reto clave: anticiparse al deterioro de las masas forestales antes de que la mortalidad sea irreversible. En este contexto, un estudio del grupo ERSAF de la Universidad de Córdoba demuestra cómo la teledetección avanzada puede convertirse en una herramienta estratégica para la planificación selvícola.
La investigación, desarrollada en las sierras de Los Filabres (Almería) y Baza (Granada), utiliza series temporales de datos LiDAR del Plan Nacional de Ortofotografía Aérea junto con información climática y trabajo de campo para analizar la evolución estructural de pinares de repoblación. Este enfoque ha permitido detectar pérdidas tempranas de crecimiento asociadas a procesos de defoliación (caída de hojas), uno de los indicadores más fiables del estado de salud del arbolado.
Gracias al análisis de datos recogidos durante la última década, el equipo investigador ha logrado cartografiar con gran precisión las zonas donde el estrés climático y la elevada densidad del arbolado incrementan el riesgo de decaimiento. Los resultados muestran que los episodios de temperaturas anormalmente altas, especialmente en verano, actúan como desencadenantes de procesos de defoliación, cuyos efectos se ven agravados en masas con escasa gestión selvícola.
Más allá del diagnóstico, el estudio aporta una base objetiva para orientar las políticas forestales hacia intervenciones preventivas. La información obtenida permite diseñar programas de claras adaptados al riesgo real de defoliación y mortalidad, favoreciendo estructuras forestales más diversas, resilientes y adaptadas a escenarios de cambio climático.
La Junta de Andalucía ya tiene conocimiento de este estudio tan relevante y Diario de Almería ha contactado con el delegado territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente, Manuel de la Torre, para conocer cuáles son los planes que la administración autonómica tiene, o en los que está trabajando, para salvar de la muerte a esta zona de Almería considerada el pulmón verde de la provincia, con más de 151,000 hectáreas de extensión y una riqueza en flora y fauna inigualable.
“La defoliación habla de la salud del árbol”
Según los investigadores del grupo Ersaf de la Universidad de Córdoba (UCO), María Ángeles Varo y Rafael María Navarro, “la pérdida de hojas o defoliación es uno de los parámetros que mejor indica el estado de salud de los árboles en general, y muy particularmente en masas de pinar sometidos a procesos de estrés. Al perder hojas, el árbol sufre un importante deterioro de su capacidad fotosintética, y con ello una merma del crecimiento que anticipa los procesos de mortalidad. Identificar las causas que producen los procesos de defoliación es un aspecto crucial para adoptar las medidas selvícolas adecuadas que frenen el declive de estas masas”. Como ha explicado Varo Martínez, “estas masas de pinos provienen de plantaciones realizadas entre los años 50 y 80, y que, en muchos casos, no han estado sujetas a tratamientos selvícolas, lo que provoca, aparte del aumento del riesgo de incendios, un incremento del riesgo de sufrir procesos de mortalidad vinculados a factores climáticos (como sequías severas) o bióticos (como plagas y enfermedades). Las masas de pinos con poca gestión tienen mayor densidad del arbolado, y esto supone una mayor probabilidad de que ocurran procesos de defoliación”. Por ello, el equipo de investigación sostiene que “las políticas de gestión de los bosques deberían orientarse a regular la espesura del arbolado a través de programas de claras basados en el riesgo de que ocurran procesos de defoliación o mortalidad, favoreciendo, a la vez, la diversidad estructural y específica de los pinares procedentes de repoblación”.
Como explica De la Torre, la Junta de Andalucía lleva ya años trabajando precisamente en la prevención con el desarrollo de tratamientos selvícolas para disminuir la densidad, así como con tratamientos de aprovechamiento. Y ya se trabaja en la planificación para los próximos diez años con los denominados proyectos de ordenación. “La Administración, desde la Delegación territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente, trabaja con una planificación periódica, anual, para realizar el trabajo de la forma más científica y sostenible posible, y se trabaja en dos vías: con tratamientos selvícolas y de aprovechamiento con el objetivo de bajar al densidad de pinar. En los últimos diez años, por dar un dato, se ha actuado en más de 3.000 hectáreas de terreno (donde había mayor necesidad) con contratos de aprovechamiento, es decir, adjudicados a empresas que sacan renatabilidad económica a esa madera, bien convirtiéndola en peles, biomasa de astilla o madera para palés. Otro dato de interés, es que sólo en el último año se han obtenido de esta sierra unas 15.000 toneladas de madera a través de este tipo estos tratamientos normalmente adjudicados a empresas también de Almería. Y desde el año 2022, desde que estoy al frente de la Delegación Territorial, se ha intervenido en unas 4.800 hectáreas con los tratamientos selvícolas que garantizan la persistencia y estabilidad de las formaciones forestales e interfieren también en la prevención de incendios”.
Exigencia de una respuesta pública más ambiciosa
Pero a pesar del esfuerzo de la Junta de Andalucía y de la intensidad con la que desarrollan las tareas de prevención en el bosque, según los investigadores de la Universidad de Córdoba, la situación de los pinares de repoblación en Andalucía exige una respuesta pública más ambiciosa y decidida. Como explican, las sierras de Baza y Filabres, dos enclaves estratégicos para la protección del suelo, la biodiversidad y la prevención de la desertificación, están experimentando procesos acelerados de defoliación y mortalidad forestal, por lo resulta imprescindible que la Junta de Andalucía pase de una política reactiva a una estrategia más preventiva de gestión forestal. Y advierten que no actuar supone asumir costes ambientales, económicos y sociales crecientes: mayor riesgo de incendios forestales, pérdida de servicios ecosistémicos y degradación de territorios ya especialmente vulnerables. Frente a ello, explica, una gestión activa basada en la ciencia y apoyada en herramientas de teledetección permitiría optimizar los recursos públicos y maximizar el impacto de las inversiones forestales.
La evidencia científica está sobre la mesa, por lo que corresponde ahora a administración integrar este conocimiento en sus políticas forestales y liderar una respuesta decidida que garantice la viabilidad a largo plazo de los bosques mediterráneos andaluces en un escenario de cambio climático cada vez más extremo.
La procesionaria en el pulmón de Almería, otra amenaza
Además del impacto climático y de la densidad del arbolado, los pinares de la Sierra de Los Filabres afrontan desde hace años un problema añadido: la plaga de la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), uno de los agentes biológicos más dañinos para los pinares mediterráneos. Esta oruga defoliadora se alimenta de las acículas de pino, debilitando los árboles y facilitando su susceptibilidad a otros estreses ambientales.
Según las últimas informaciones publicadas por este periódico, la procesionaria “ya mete miedo” en Almería y ha afectado de forma especialmente intensa a los pinares de Los Filabres, donde su presencia se repite año tras año con consecuencias visibles en la pérdida de color y salud de los árboles. La plaga ha llegado a debilitar tanto los pinares que incluso pequeñas enfermedades o condiciones adversas terminan por ocasionar la muerte de los ejemplares más afectados, muchos de ellos centenarios.
Este fenómeno no solo reduce la productividad y vitalidad del bosque, sino que agrava los procesos de defoliación detectados por el estudio de la Universidad de Córdoba, reforzando el círculo vicioso entre estrés climático, plagas y mortalidad forestal.
La gravedad de la situación ha llevado en los últimos años a actuaciones de la propia Junta de Andalucía con la colocación de trampas y tratamientos en tierra, pensado sobre todo en la conveniencia de mantener limpias zonas de ocio por la afección que pueda tener la oruga en las personas y en los animales como los perros, que pueden llegar incluso a morir.
El delegado territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, Manuel de la Torre, explica que “en general, a mí no me han reportado en estos años los técnicos que la procesionaria se identifique como un factor definitivo en el decaimiento de pinar de la Sierra de Los Filabres. El decaimiento no ha sido por la procesionaria que, además de con las trampas, también se controla a nivel natural. En el monte hay muchos depredadores, sobre todo aves, también murciélagos, que actúan sobre la procesionaria. Cuando vamos por la carretera y vemos los nidos es llamativo y parece que hay muchos, pero al final, a lo que es el pinar no le afecta tanto como nosotros nos creemos. Es más una afección de incomodidad para nosotros, estética para el paisaje y de salud para las personas”, señala el delegado.
Hay activo un Plan de Seguimiento desde el año 1991
El Plan de Seguimiento de la Procesionaria está activo y participa no solo la Consejería de Medio Ambiente, sino también otros departamentos de la Junta de Andalucía. Este Plan pretende controlar la plaga respetando al máximo el medio ambiente, por lo que se intenta realizar el menor número de actuaciones, sólo en los lugares donde sea estrictamente necesario y con las técnicas más específicas posibles. De este modo se evita la posible aparición de resistencias a los plaguicidas, brotes de plagas secundarias, contaminación, toxicidad y se mantiene la población de parásitos y predadores. La procesionaria del pino está presente en toda la superficie de pinar de Andalucía si bien la afección varía de un año a otro, por lo que en el año 1991 se comenzaron a definir las bases del Plan de Lucha Integrada contra la Procesionaria del Pino, que han permitido conocer su evolución y facilitar su control.
Técnicos forestales consultados señalan que, si bien las campañas de lucha integrada son un paso adelante, su alcance y coordinación con las actuaciones de gestión forestal activa (como claras o tratamientos selvícolas masivos) deben aumentarse para que estos tratamientos sean realmente eficaces en un territorio tan extenso y complejo como Los Filabres.
Lo que está claro para los investigadores es que la persistencia de la procesionaria, unida al estrés térmico e hídrico que sufren estos pinares, exige una respuesta integrada que combine control de plagas, manejo forestal y adaptación al cambio climático.
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