Málaga, Granada y Almería están cada día más cerca de Marruecos y Argelia
El movimiento entre las placas africana y euroasiática acerca lentamente ciudades de Andalucía y el norte de Marruecos a razón de milímetros por año
Granada, Málaga, Murcia y Almería se deforman ya en el sentido de las agujas del reloj
El mar de Alborán separa a simple vista las costas andaluzas del norte de África, pero bajo el agua ocurre un proceso lento y constante que acerca ambos lados. Las ciudades del sur peninsular y del Rif marroquí están sobre placas que convergen y se aproximan milímetro a milímetro sin que nadie lo perciba en el día a día.
Los datos de satélite muestran que el sur de la península, incluida Andalucía, se desplaza lentamente hacia el continente africano. El movimiento es mínimo, apenas unos milímetros al año, pero constante y medible con tecnología geodésica moderna.
Las provincias de Almería, Granada y Málaga se sitúan justo frente al norte de Marruecos, en el entorno del mar de Alborán, una zona tectónica activa donde la placa africana empuja hacia el norte y la euroasiática resiste ese avance.
Ese empuje no se produce en una sola falla visible, sino en un mosaico de fracturas y microajustes que deforman lentamente el terreno. Las ciudades no cambian de sitio de forma perceptible, pero toda la región se mueve como un bloque.
Ciudades frente a frente en el mar de Alborán
En el mapa, varias ciudades andaluzas y marroquíes quedan casi alineadas frente a frente. Entre Málaga y la ciudad marroquí de Alhucemas hay apenas unos 130 o 150 kilómetros en línea recta, una de las distancias más cortas del mar de Alborán.
Más al este, el puerto granadino de Motril queda frente a la zona de Nador y Melilla, con distancias que rondan los 170 o 190 kilómetros. Es una franja del Mediterráneo donde el tránsito marítimo ha sido constante durante siglos.
En el extremo oriental, Almería mira hacia el Rif oriental marroquí, con separaciones que rondan los 180 o 200 kilómetros. Es la provincia peninsular más próxima a África en esa zona del Mediterráneo.
Todas estas ciudades están sobre bloques de tierra que se aproximan entre sí a un ritmo de entre 4 y 6 milímetros anuales. Es una velocidad imposible de notar sin instrumentos científicos.
Un movimiento real, pero a escala de millones de años
A ese ritmo, la distancia entre ambas orillas se reduce solo unos centímetros cada década. En un siglo, la aproximación apenas alcanza medio metro, una cantidad irrelevante para cualquier cambio visible en mapas o costas.
Sin embargo, a escala geológica, ese desplazamiento acumulado durante millones de años puede transformar por completo el Mediterráneo occidental. Los modelos científicos apuntan a procesos de colisión, levantamiento de montañas y actividad sísmica.
El mar de Alborán actúa como una zona de deformación difusa donde se absorbe parte de ese choque entre placas. Por eso el sur de España y el norte de Marruecos comparten una historia sísmica y geológica común.
Las ciudades de ambas orillas seguirán frente a frente durante generaciones, pero bajo sus calles el terreno continúa ese desplazamiento lento y silencioso que, con el paso de millones de años, acabará acercando aún más Europa y África.
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