Lo que no cabía en ‘Las bombas de Palomares 60 años después’

El libro del doctor Francisco Laynez lo narra detalladamente de manera amena y sencilla

El accidente de las bombas de Palomares fue el día de San Antón y la gente creía que eran cohetes

Dos de las cuatro ‘bombas de Palomares’, conservadas actualmente en el Museo de la Ciencia Nuclear de Alburquerque (Nuevo México).
Dos de las cuatro ‘bombas de Palomares’, conservadas actualmente en el Museo de la Ciencia Nuclear de Alburquerque (Nuevo México).

Resulta extraño que haya habido que esperar 60 años para que se haya escrito el gran libro sobre las bombas de Palomares. Las razones eran obvias: todo lo relacionado con aquel accidente aéreo permanecía top secret. Pero en 2024, el Dr. Francisco Laynez fue destinado al Hospital de Huércal Overa. “A lo largo de siete años establecí contacto con muchos habitantres de Palomares, enfermos míos, y familiares. A todos les preguntaba por sus experiencias el día del accidente y todos me respondían con amabilidad. Poco a poco fui acumulando testimionios de primera mano”... “En 2016 impartí por vez primera una conferencia sobre Palomares en el Congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina Interna, celebrado en Mojácar, la primera impartida en España sobre el tema”.

Una década despues, el 12 de enero de 2026, se presentó el libro ‘Las bombas de Palomares 60 años después’. Son 300 páginas de rigor investigativo y amenidad en la narración. En el mismo se recogen testimonios de viva voz de los protagonistas, único medio de conseguir información. Casi todo está incluido en el libro. Pero algo tuvo que quedar fuera por razones de espacio. Vamos a rescatarlo. “Desde el principio, el general Wilson, máxima autoridad de la Fuerza Aérrea de EE.UU. en Torrejón, quiso marcar distancia entre sus hombres y la población local, a pesar de que la misma noche todos compartieron cerveza y cigarrillos en un bar local y los lugareños invitaron a una zarzuela de mariscos a los americanos. Pero el general dijo que nanai. Las pocas veces que tenían contactos, intecambiaban cigarrillos mentolados (en España no había), carretes de fotos y cuerdas de los paracaídas, de gran resiatencia con los que los palomareños se hacían cinturones”.

Loa americanos daban tabaco mentolado a los lugareños y éstos, carretes de fotos

Eso sí, con los niños había cierta permisividad: “Entraban en el campamento americano y les daban chocolatinas, caramelos y chuches”. Pero no sucedió igual entre otros americanos que llegaron al reclamo de accidente. “Eddie Fowlie, autor de la única foto del instante del choque, invitó a David Lean, director de Lawrence de Arabia a su casa. Vino con una bellísima neozelandesa, Bárbara Cole, una morenaza espectacular de 1’80 de estatura. La susodicha se aburría y comenzó una relación con ¡el cabo de la Guardia Civil! Y ahí vemos al cabo, chiquitito, con bigote, uniforme y tricornio, paseando por la playa al caer la tarde con la parienta que le sacaba una cabeza y llamativamente vestida. Fue la comidilla del lugar”.

Francisco Laynez, autor de 'Palomares, 60 años después'.
Francisco Laynez, autor de 'Palomares, 60 años después'. / Marian León

Lo que no transcendió del baño de Fraga Iribarne y el embajador Duke

Como la cuarta bomba no aparecía, el ministro de Información y Turismo, Fraga, quiso dar un golpe de efecto y se lo comunicó al embajador de EE. UU. Angier Duke, cuya mujer le sugirió la idea de darse ambos un baño en la playa de Palomares. Como el día 8 de marzo el ministro debía inaugurar elParador de Mojácar, se acordó que esa sería la fecha del baño. Sin que se sepa cómo, la actriz Anne Baxter, que rodaba en Almería la película ‘Las siete magnífícas’ se enteró del tema y propuso que todas ellas se bañaran también y en bikini, prenda prácticamente desconocida en España. Fraga aceptó pero la esposa del embajador se negó en redondo, con el argumento de que los periódicos publicarían al día siguiente la foto de ‘las siete magníficas’ en bikini en grande y la de Fraga yDuke en chico... si es que la ponían. Así pues, no hubo baño femenino. Curiosamente, hubo dos baños. El embajador llegó a la playa a las 9 de la mañana y se dio un capuzón en el agua a ver cómo estaba. “Mejor que la de Nueva York en mayo”, dijo. Dos horas más tarde llegó Fraga, se puso su enorme bañador y ambos se dieron juntos el famoso baño. “Hacía un frío que pelaba”, dijo posteriormente. El baño se produjo en Palomares y no en Mojácar, como algunos se empeñan en manener 60 años después. Y en una agua muy fría.

Para encontrar la cuarta bomba, los americanos hicieron de todo menos hacerle caso a Paco elcatalán, el pescador que la vio caer. “Especialistas en aerodinámica construyeron réplicas perfectas del artefacto y las dejaban caer desde la misma altura; pero las falsas bombas caían erráticamente y no daban con la verdadera. Incluso pidieron ayuda a ingenieros de las minas de Rodalquilar. Pero la situación era surrealista: debían buscar ‘un objeto del que no podían decirle sus medidas, su composición, su contenido ni para qué servía’. Evidentemente, con estas ‘pistas’ no fueron capaces”.

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