Un proyecto pionero une Cádiz y Almería bajo el mar para salvar los corales
El proyecto CoralConect conectará 600 kilómetros de litoral andaluz con arrecifes restaurados y micro-reservas marinas durante tres años
Almería esconde bajo el agua uno de los mayores pulmones de Andalucía
El mar no avisa con sirenas. Se apaga en silencio. Bajo la superficie del mar de Alborán, donde durante décadas los corales han resistido como podían al calor, a las invasiones biológicas y a la presión humana, empieza a dibujarse una respuesta inédita. No es un arrecife aislado ni una protección puntual. Es una red. Un corredor vivo de 600 kilómetros que aspira a devolver continuidad, genética y futuro a uno de los ecosistemas más castigados del Mediterráneo.
El proyecto se llama CoralConect y se presenta como el primer corredor ecológico de coral de Europa. La iniciativa une ciencia, restauración activa y planificación ambiental en un mismo trazado submarino que recorrerá el litoral andaluz desde Cádiz hasta Almería, conectando poblaciones de coral hoy fragmentadas y vulnerables.
La propuesta se presenta en Sevilla coincidiendo con el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre. No es una coincidencia simbólica. El calentamiento acelerado del Mediterráneo occidental está detrás de una pérdida de más del 35 % de los corales en algunas zonas del mar de Alborán en apenas una década. El margen de reacción es cada vez más estrecho.
Un corredor submarino de 600 kilómetros
CoralConect plantea una infraestructura verde bajo el mar. No una obra física tradicional, sino una red de arrecifes restaurados y micro-reservas marinas que funcionen como puentes biológicos entre colonias aisladas. El objetivo es claro: permitir que los corales vuelvan a reproducirse, intercambiar material genético y resistir mejor el estrés térmico.
La iniciativa está impulsada por la Asociación Hombre y Territorio (HyT) junto a la Universidad de Sevilla, con financiación de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través de fondos FEDER. La duración prevista del proyecto es de tres años.
No se trata de proteger lo que queda sin más. Se trata de reconstruir conectividad, un concepto habitual en ecosistemas terrestres pero prácticamente inédito a esta escala bajo el mar europeo.
Restaurar no es decorar
La restauración que propone CoralConect no es estética ni simbólica. El proyecto trabaja con técnicas pioneras de recuperación activa: rescate de colonias de coral desprendidas, siembra controlada de larvas, instalación de arrecifes funcionales y seguimiento científico continuado.
Free Espinosa, catedrático de la Universidad de Sevilla y coordinador científico del proyecto, lo explica con claridad: los corales no son solo organismos llamativos. Son arquitectos del ecosistema marino. Su estructura tridimensional crea refugio, zonas de cría y alimento para decenas de especies. Cuando desaparecen, el empobrecimiento es sistémico.
Esa función estructural es la que CoralConect intenta reactivar. No basta con que sobreviva un coral aislado. Necesita formar parte de un sistema interconectado para cumplir su papel ecológico.
Micro-reservas para sostener el corredor
Uno de los ejes del proyecto es la creación de Micro-Reservas Marinas de Coral. Son enclaves pequeños, científicamente delimitados, con alta biodiversidad y sometidos a protección específica. Actuarán como nodos de conservación, reproducción y dispersión larvaria.
Estas micro-reservas no sustituyen a los grandes espacios protegidos, pero los complementan. Funcionan como semillas ecológicas, reforzando la conectividad genética del corredor y aumentando la resiliencia del conjunto frente al cambio climático.
La red se desplegará en enclaves estratégicos donde los corales aún resisten, aunque con un futuro incierto: el Parque Natural del Estrecho, Maro-Cerro Gordo o Cabo de Gata-Níjar, entre otros puntos del litoral andaluz.
La genética como huella invisible
Por primera vez en el Mediterráneo occidental, CoralConect evaluará de forma conjunta la conectividad genética de los corales. No es un detalle técnico menor. La genética revela si las poblaciones están aisladas, debilitadas o todavía intercambian información biológica suficiente para adaptarse.
Alexis Terrón-Sigler, director científico de MedCoral y coordinador del proyecto, lo resume sin rodeos: la pregunta ya no es si los corales están en peligro, sino si somos capaces de actuar a tiempo. Los datos obtenidos permitirán saber qué poblaciones pueden recuperarse, cuáles necesitan intervención urgente y qué zonas funcionan como verdaderos refugios climáticos.
Ese conocimiento no se quedará en informes académicos. Servirá como base científica para el futuro Plan Nacional de Restauración Marina exigido por la nueva normativa europea sobre restauración de la naturaleza.
Un Mediterráneo cada vez más cálido
El mar de Alborán es uno de los puntos más sensibles del Mediterráneo al calentamiento global. El aumento de la temperatura del agua, unido a la llegada de especies invasoras, está alterando equilibrios construidos durante miles de años.
En algunas áreas, más de un tercio de los corales ha desaparecido en apenas diez años. No por un evento catastrófico puntual, sino por una acumulación constante de estrés térmico, episodios de blanqueamiento y pérdida de hábitat.
CoralConect nace precisamente para responder a ese escenario. No promete volver al pasado, pero sí ganar tiempo y aumentar las probabilidades de adaptación.
De Andalucía a Europa
Aunque el corredor se despliega en el litoral andaluz, el proyecto nace con vocación de exportación. Su diseño se alinea con la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y con los compromisos europeos de restauración ecológica, pero aspira a convertirse en un modelo replicable en otros puntos del Mediterráneo y del continente.
Si funciona, demostrará que la restauración marina puede planificarse a gran escala, con criterios científicos y resultados medibles. Y que la conservación ya no puede limitarse a proteger fragmentos aislados de naturaleza.
Un cambio de enfoque
CoralConect no es solo un proyecto ambiental. Es un cambio de mentalidad. Pasar de la defensa pasiva a la reconstrucción activa. De proteger restos a reconectar sistemas. De asumir pérdidas a intervenir con conocimiento.
Bajo el mar de Alborán, mientras la temperatura sigue subiendo, empieza a tejerse una red silenciosa. No se ve desde la costa. No genera titulares inmediatos. Pero puede marcar la diferencia entre un Mediterráneo empobrecido y uno todavía capaz de sostener vida compleja.
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