Cortijo Cabrera, a subasta en Almería: la ruina que quiso ser el gran sueño de la sierra
Un ambicioso complejo recreativo levantado en 2002 en la Sierra de Cabrera sale ahora a subasta concursal, en estado de ruina técnica y con importantes obligaciones urbanísticas y fiscales asociadas
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En el paraje de Cortijo Cabrera, dentro del término municipal de Turre, las estructuras del complejo emergen entre bancales y monte bajo de la Sierra de Cabrera. Torres sin uso, muros deteriorados y una piscina vacía componen hoy un paisaje detenido en el tiempo. Este conjunto urbanístico, concebido a comienzos de los años 2000 como un proyecto recreativo de alto nivel, vuelve ahora a la actualidad tras salir a subasta pública en un proceso concursal.
Cortijo Cabrera no es un enclave histórico ni una edificación tradicional. El complejo se proyecta y comienza a construirse en 2002, en plena etapa de expansión inmobiliaria del Levante almeriense. La iniciativa plantea un desarrollo singular, alejado del modelo de costa, apoyado en el entorno natural y en la idea de crear un espacio recreativo y deportivo de referencia en la sierra. Desde el inicio, el planteamiento es ambicioso y de gran escala para su ubicación.
La configuración original del complejo
Según la documentación publicada en la ficha de subasta de Escrapalia Inmuebles, el conjunto se asienta sobre una parcela de 13.200 metros cuadrados, con una orografía en bancales, y se compone de varias edificaciones diferenciadas. El proyecto incluye cuatro torres con usos específicos: una torre de vivienda de tres plantas, una torre de servicios y administración de seis alturas, una torre de vestuarios y oficinas y una cuarta torre destinada a comunicaciones y salas de reuniones. A estas se suman un edificio restaurante de más de 300 metros cuadrados, un local comercial, un chiringuito-bar, una piscina de 65 metros cuadrados y dos pistas de bolos sobre hierba natural que ocupan unos 3.200 metros cuadrados.
El complejo fue concebido inicialmente como un resort de alto standing, con una combinación de usos recreativos, deportivos y de servicios, pensado para integrarse en el entorno de la Sierra de Cabrera y atraer un turismo de perfil medio-alto, alejado de la primera línea de costa.
El giro hacia el uso hotelero
En 2006, el planeamiento municipal permite una modificación puntual que cambia el uso original residencial por hotelero y comercial. El complejo pasa a tener asignado un techo hotelero transferido de 1.538 metros cuadrados y un techo comercial de 380 metros cuadrados, con la posibilidad de reconvertirse en un hotel de cuatro estrellas. Llega a redactarse un proyecto básico de rehabilitación hotelera, pero nunca se ejecuta. A pesar de ello, el uso hotelero aprobado en 2006 continúa vigente.
A partir de ese momento, la actividad se detiene y el conjunto entra en una fase de abandono progresivo, sin que llegue a materializarse ninguna de las iniciativas de reapertura o reconversión planteadas sobre el papel.
Ruina técnica y abandono total
Con el paso de los años, las edificaciones sufren vandalismo, deterioro estructural y derrumbes parciales. La propia documentación concursal califica el estado del conjunto como de deterioro técnico severo, fijando el valor constructivo de las edificaciones en cero euros. El complejo requiere una rehabilitación integral o, en su caso, la demolición completa de las estructuras existentes, ya que el activo ha perdido cualquier funcionalidad real.
El valor latente del conjunto se limita al suelo y a su encaje urbanístico, condicionado por múltiples problemas sin resolver. El suelo está clasificado como Suelo Urbanizable Sectorizado, dentro del Plan Parcial Cortijo Cabrera, Sector 3, Polígono 1, con ordenanza R-3 y uso característico hotelero y comercial. Sin embargo, el desarrollo nunca llega a adquirir la condición de solar. Las obras de urbanización no han sido recepcionadas por el Ayuntamiento y existe una importante incertidumbre legal tras una sentencia de 2019 que anula acuerdos de la Junta de Compensación. Las cargas pendientes de urbanización se estiman en torno a 38 euros por metro cuadrado.
La subasta concursal
El conjunto inmobiliario, identificado como la finca registral 10.888 del Registro de la Propiedad de Mojácar, se subasta actualmente en el portal Escrapalia Inmuebles. La puja se abre sin precio de reserva, con un valor de salida de 70.000 euros, frente a una tasación oficial de 257.400 euros realizada en febrero de 2023, lo que supone una rebaja muy significativa respecto a su valoración teórica.
El activo procede de la liquidación concursal de la mercantil Amavico Inmuebles S.L., dentro de un procedimiento seguido ante el Juzgado de lo Mercantil número 9 de Barcelona. La subasta se realiza por encargo de la Administración Concursal, mediante un proceso de venta extrajudicial gestionado por una entidad especializada.
El proceso exige un depósito de garantía de 17.500 euros, equivalente al 25% del precio de salida, que solo se devuelve en caso de no resultar adjudicatario.
La letra pequeña del anuncio
La ficha del lote detalla que todos los gastos derivados de la operación recaen sobre el comprador. Esto incluye la plusvalía municipal, los gastos notariales, el IVA o el ITP, según corresponda, y una comisión de gestión del 4% del precio de adjudicación más 1.000 euros fijos, a los que se añade el 21% de IVA. Además, el adjudicatario asume las deudas municipales pendientes, entre ellas un IBI acumulado estimado entre 35.000 y 40.000 euros, así como las afecciones urbanísticas inherentes a la finca.
Qué se compra realmente
Aunque el inmueble se transmite formalmente libre de cargas hipotecarias, la subasta deja claro que el comprador adquiere el activo “como está”, tanto en su estado físico como jurídico, renunciando expresamente a cualquier reclamación por vicios ocultos. El valor del conjunto no reside en las edificaciones existentes, sino en la compleja posibilidad de una futura reconversión hotelera o comercial, o en la demolición y nuevo desarrollo del suelo, siempre supeditado a la resolución de los problemas urbanísticos pendientes.
Dos décadas después de su concepción, Cortijo Cabrera se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de proyectos que nacen con grandes expectativas y se quedan a medio camino. No llegó a funcionar, no llegó a abrir y nunca alcanzó el papel para el que fue concebido. Su salida ahora a subasta concursal resume una etapa del desarrollo inmobiliario en la sierra y deja en el aire una pregunta que sigue sin respuesta: qué futuro puede tener un enclave que lo tuvo todo sobre el papel y nada en la práctica.
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