Desembarcos a punta de pistola en Almería: las mafias fuerzan a los inmigrantes a saltar al mar
La Guardia Civil investiga el uso de armas de fuego para acelerar la huida de narcolanchas en la costaAlmería cierra 2025 con más de 5.000 inmigrantes llegados en patera y pone el foco policial en los 'petaqueros'
La ruta migratoria argelina hacia Almería ha dado un salto cualitativo en violencia y riesgo extremo, con mafias que ya utilizan armas de fuego para forzar desembarcos rápidos y garantizar la huida de sus embarcaciones. El último episodio, ocurrido en la zona de Aguamarga, evidencia una táctica cada vez más frecuente: obligar a los inmigrantes a lanzarse al mar lejos de la orilla, incluso a personas que no saben nadar, para evitar cualquier contacto con tierra y acelerar el retorno a Argelia.
El suceso se produjo en la tarde del pasado domingo, cuando una narcolancha de gran capacidad alcanzó la cala del antiguo embarcadero de mineral, entre Cala Sorbas y Aguamarga, y sus ocupantes fueron amenazados a punta de pistola para saltar al agua a unos cien metros de la costa. El balance inicial fue un fallecido confirmado y momentos de máxima tensión ante la posibilidad de más desaparecidos, mientras la embarcación emprendía la huida sin que pudiera ser interceptada.
Las grabaciones del momento, difundidas posteriormente, recogen el horror de los testigos presenciales. “Los están tirando al agua, pero exagerado, de cabeza”, se escucha decir mientras varias personas son arrojadas sin ningún tipo de precaución. La Guardia Civil, presente en el dispositivo marítimo, logró recuperar el cuerpo del fallecido, pero no pudo impedir la fuga de los traficantes tras deshacerse de su carga humana.
Tecnología punta al servicio del crimen
El episodio vuelve a poner el foco en la superioridad técnica de las redes criminales, que operan con narcolanchas de última generación de más de once metros de eslora y hasta cuatro motores fueraborda que pueden sumar cerca de 900 caballos de potencia. “¡Dios santo, tres motores!”, exclama uno de los testigos al observar una nave capaz de alcanzar velocidades de hasta 60 nudos.
Estas embarcaciones, cada vez más del tipo Phantom, pueden cubrir el trayecto desde el Golfo de Orán hasta la costa almeriense en poco más de dos horas y media, y cuentan con radares de largo alcance que detectan patrulleras policiales a más de veinte kilómetros. Esta capacidad permite a las mafias navegar a alta velocidad solo cuando es necesario, minimizando riesgos y maximizando la huida.
La violencia forma parte estructural del trayecto. Para evitar encallar o perder tiempo, los patrones no se aproximan a la playa y obligan a los ocupantes a lanzarse al mar “sin pensárselo”, según relatan los testigos. Con la llegada del buen tiempo, estas organizaciones pueden realizar hasta cuatro viajes diarios, consolidando a Almería como un enclave estratégico para el triple negocio del hachís, el petaqueo y el transporte humano.
Colapso asistencial y falta de medios
La precariedad del dispositivo en tierra quedó patente tras el desembarco de Aguamarga. 83 inmigrantes quedaron bajo custodia de solo seis agentes de la Guardia Civil, en una zona de difícil acceso y sin medios suficientes para un traslado inmediato. La falta de conductores y vehículos obligó a prolongar las operaciones hasta las cuatro de la madrugada, con personas empapadas y exhaustas esperando a la intemperie.
La asistencia humanitaria también sufrió retrasos críticos. El equipo de Cruz Roja no pudo llegar con mantas y atención básica hasta casi seis horas después del desembarco. Muchos supervivientes presentaban signos de hipotermia tras haber sido obligados a nadar bajo amenaza de muerte, en un escenario que evidenció la saturación del sistema de respuesta en el litoral almeriense.
Almería, epicentro de la ruta argelina
Las cifras oficiales confirman la magnitud del problema. En 2024, llegaron a la provincia 4.067 personas en 357 embarcaciones, mientras que en 2023 la cifra ascendió a 6.433 migrantes en 492 lanchas, consolidando a Almería como principal puerta de entrada de la ruta argelina en el sur peninsular.
La aparición de desembarcos en los que se encañona a los ocupantes para forzarlos al agua marca un punto de inflexión en la gestión de la frontera sur. Los agentes alertan de que se enfrentan a organizaciones con mejores medios técnicos que los disponibles para la vigilancia pública, capaces de imponer la violencia como herramienta operativa.
Búsqueda de desaparecidos tras el horror
Tras el desembarco, se activaron operativos de búsqueda ante el testimonio de supervivientes que alertaron de personas que no lograron alcanzar la costa. En las primeras horas, la Guardia Civil contó incluso con el apoyo de medios internacionales, en un intento de minimizar una tragedia que ya se había cobrado una vida confirmada.
Lo ocurrido en Carboneras y Níjar vuelve a poner sobre la mesa la urgente necesidad de refuerzos humanos y materiales en la vigilancia de la costa. Mientras las narcolanchas sigan operando con motores de 900 caballos y radares de largo alcance, y la custodia en tierra dependa de recursos mínimos, el litoral almeriense seguirá siendo escenario de desembarcos violentos donde la vida humana queda en segundo plano.
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