Traumas visibles e invisibles: cómo nos marcan y cómo se trabajan

Cuida tu salud mental

Existen traumas evidentes y otros silenciosos que pasan desapercibidos, pero ambos pueden afectar profundamente a nuestra salud mental

Mañana es el Blue Monday, o el día más triste del año

Desastre por la colisión de dos trenes en Córdoba
Desastre por la colisión de dos trenes en Córdoba / D.A.
Raúl Carrera Fernández
- Psicólogo en Antas

25 de enero 2026 - 07:01

El accidente de Adamuz es y continúa siendo la noticia de esta semana, tanto por su componente trágico como por la mirada esperanzadora que hemos encontrado en Julio, el joven adolescente que ayudó a rescatar un gran número de personas que estaban atrapadas. Es por ello que, en la página de hoy, hablaremos sobre los traumas y cómo afrontarlos. No podemos resumir en esta página todo lo que sabemos sobre los traumas, pero sí que me gustaría que pudiérais entender qué es un trauma, los diferentes tipos y cómo se trabajan en terapia.

Qué es un Trauma

Un trauma es un acontecimiento no normativo (no “nos toca” vivirlo), que atenta a la vida de alguien, y donde nosotros podemos ser partícipes directos o indirectos. Aunque antiguamente se consideraba el trauma como un evento estresante que vivíamos, también nos dimos cuenta que puede ser un evento estresante que le puede suceder a otra persona pero que al saberlo nosotros también nos genera ese malestar. Un ejemplo de evento traumático “indirecto” sería el que puede experimentar una persona que se dedica a comprobar el contenido que hay en internet para saber si se puede publicar o no y está continuamente expuesto a contenido de personas que están sufriendo algún tipo de violencia.

¿Por qué para una persona puede ser un contenido traumático pero para otra no? Tiene que ver con la forma en la que procesamos la información de ese evento. Pongamos por ejemplo lo que ha sucedido en Adamuz. Las personas que han vivido esa situación procesarán lo sucedido de diferentes maneras. Ahora bien, si tu cerebro empieza a olvidar detalles, procesa lo sucedido a través de imágenes con un componente emocional elevado, no ha tenido experiencias previas, se ha disparado la ansiedad… su cerebro activa su modo alarma, bloquea ciertos pensamientos y procesa lo sucedido de forma “fragmentada”. ¿Qué quiere decir eso? Que los recuerdos no se almacenan siguiendo un orden lógico e integrado, sino que se procesa de forma parcial e intenta olvidar partes de él, donde el componente emocional de alarma, miedo, impotencia… domina la situación.

En cambio, otra persona que haya estado allí, si ha procesado lo sucedido de una forma ordenada, sin olvidos, dándole el valor emocional a cada hecho y después de lo sucedido ha podido compartirlo sin que ese componente emocional le haga desbordar, entonces habrá pasado por una situación alarmante pero no traumática para él.

Como habéis podido ver, el vivir una experiencia estresante no la convierte en traumática, pero sí que la hace más probable. Pasemos ahora a diferenciar los dos tipos de traumas: los traumas y los Traumas.

Traumas y traumas

Como puedes comprobar, diferenciamos los traumas si son con T mayúscula o t minúscula. Imagínate un árbol hecho con Tes. Tendríamos el tronco con la T mayúscula, y las raíces con las t minúsculas.

El tronco simboliza el Trauma que es observable, con T mayúscula. Es lo que entendemos comúnmente por trauma. Sería el accidente de Adamuz, un accidente de tráfico, la muerte de un familiar o una mascota, que te despidan de un trabajo, que tu pareja te haya dejado… Lo que tienen en común estos Traumas es que tienen un inicio y un final, y son claramente detectables. Esto es, como el tronco. Estos traumas, al ser más fácilmente observables, es más fácil que la persona sea consciente de él (y también el terapeuta) y se pueda trabajar en la consulta.

Por otro lado, tenemos los traumas con t minúscula, que se encuentran en las raíces y son más difíciles de detectar, tanto para el paciente como en muchos casos por el terapeuta. Te voy a poner una serie de ejemplos, pero quiero que antes reflexiones acerca de lo siguiente: normalizar una situación no la hace más sana, sólo se ha normalizado. No es normal:

  • En casa te insultan, te ridiculizan o te hacen sentir inútil de forma habitual.
  • Tu pareja revisa el móvil, las redes sociales o decide con quién puedes o no quedar.
  • En la escuela o instituto te acosaban y nadie intervenía, haciéndote sentir que “no era para tanto”.
  • Creciste en un ambiente donde tus emociones eran minimizadas (“no llores”, “no exageres”).
  • Tuviste que madurar demasiado pronto porque los adultos no estaban emocionalmente disponibles.
  • Vives o vivías con críticas constantes hacia lo que haces, dices o cómo eres.
  • Aprendiste a callarte para evitar conflictos o enfados en casa, porque la comunicación asertiva estaba prohibida.
  • Te comparaban contínuamente con otros, haciéndote sentir insuficiente.
  • Recibiste cariño sólo cuando cumplías unas expectativas o te portabas “bien”.
  • Has vivido durante años en un clima de tensión, miedo o imprevisibilidad, aunque no haya habido gritos ni golpes.

Pregunta: ¿te has sentido identificada por alguna de estas situaciones? Al leer alguna de estas, ¿sientes que algo se te ha removido por dentro?

Estas situaciones también tienen un componente traumático, donde en muchas ocasiones sentimos que dejamos de ser nosotros, estamos en estado de alerta, más desconcentrados, hiperactivos, nos cuesta conciliar el sueño, intentamos evitar hablar de estos temas, nos sentimos más inseguros, estamos en un estado más apático… Estas situaciones también son traumáticas, y por ello han de ser trabajadas.

Tratamiento del trauma

Primero de todo, se trata de ir al psicólogo (ya sea privado o de la seguridad social), y aprender a vincularse de una forma sana con tu terapeuta. Después, adquirir herramientas de regulación y de gestión emocional (respiración, creencias limitantes, aumentar la seguridad en uno mismo, asertividad, hábitos del día a día más sanos, ejercicio físico, etc.) y una vez tienes herramientas para regularte, se trabaja la situación traumática. Por experiencia tanto personal como profesional, recomiendo utilizar la técnica EMDR para trabajar los traumas, un enfoque altamente reconocido como válido para conseguir que la situación traumática pase a ser un recuerdo sin componente emocional asociado, simple y llanamente eso, un recuerdo. Para ello, recuerda que el profesional ha de tener experiencia y formación en EMDR.

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