Las presas que evitaron una tragedia aún mayor por las borrascas en Andalucía
Tranco de Beas, Giribaile, Iznájar, Breña, Negratín, Guadalcacín y Guadalhorce lograron contener unas crecidas que pudieron tener peores consecuencias
Los desembalses han evitado consecuencias más graves para la población al evitar avenidas más destructivas
Las borrascas que han azotado a la comunidad autónoma a lo largo de las dos últimas semanas, han puesto a prueba a todo el sistema hídrico de Andalucía. Por complicar aún más la labor de ingeniería a la que se enfrentaba, los embalses andaluces dependen de dos administraciones, aunque en este caso los criterios técnicos mandan. Éstos han desarrollado a lo largo de los últimos días un auténtico encaje de bolillos para mantener los niveles de almacenamiento dentro de los límites de seguridad. Hubo anegaciones, crecidas y terrenos inundados, pero sin ese trabajo, pudo ser muchísimo peor.
Había que monitorizar en tiempo real el estado de todas las instalaciones, tanto de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), como de las dependientes de la Junta de Andalucía. Se trataba de desembalsar en una para traspasar agua a otra en previsión de futuras aportaciones en la primera de ellas. Se observaba –también en tiempo real– las previsiones de la Agencia Española de Meteorología (Aemet) para determinar la llegada de más precipitaciones que hicieran necesario disponer de una mayor capacidad de almacenamiento. Se consiguió. A pesar de los daños, de los desalojados, de los destrozos en las infraestructuras y de las pérdidas económicas (lo verdaderamente importante) se ha evitado una tragedia de unas dimensiones parecidas a la magnitud de las lluvias.
La Asociación de Comunidades de Regantes de Andalucía (Feragua), determinó cinco instalaciones como claves a la hora de evitar unas consecuencias más dramáticas. Se trata de las presas de Tranco de Beas y Giribaile en la provincia de Jaén; Iznájar y Breña en Córdoba y Negratín en Granada, todas ellas en la demarcación de la CHG. Más de 300.000 personas se hubieran visto afectadas por unas crecidas incontroladas. A ellas hay que añadir la del Guadalcacín en Cádiz y Guadalhorce en Málaga en las dependientes de la Junta.
Especialmente significativo es el caso del embalse de mayor capacidad en la comunidad autónoma. El pantano de Iznájar en la provincia de Córdoba fue considerada una presa fallida. Se inundaron varias viviendas de la localidad que le da nombre para su construcción. Ella sola es capaz de almacenar más del 11% de todos los recursos de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Entre sus funciones primitivas, estaban la protección a los municipios de Puente Genil, Écija o Palma del Río para los que, como se ha comprobado en estos últimos días, las inundaciones no eran un fenómeno extraño. Se pretendía que actuara como freno a las crecidas del río Genil. Sólo se llenó en cuatro ocasiones, la última hace más de 13 años y se trató de una etapa de lluvias muy abundantes (de hecho los embalses de la CHG marcaron hitos históricos).
En estas dos últimas semanas ha cumplido con creces su función. A pesar de que en esos lugares se registraron crecidas que anegaron amplias superficies y que obligaron a evacuar a cientos de vecinos, pudo ser muchísimo peor. Valga un dato para corroborarlo. Justo antes de este episodio de tormentas, el pasado 26 de enero, el embalse apenas tenía almacenados 244 hectómetros cúbicos, lo que significaba el 26,54% de su capacidad total. Dos semanas después, la cantidad de agua embalsada llega a superar los 530 hectómetros cúbicos, el 57% del volumen total, es decir, se ha más que duplicado.
El Tranco de Beas en la Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas y fue hasta la construcción del de Iznájar, el embalse más grande de Andalucía. Su evolución en las últimas dos semanas con las aportaciones de Leonardo y Marta ha sido todavía más significativa. Hace quince días apenas tenía 148 hectómetros cúbicos y hoy casi los ha triplicado hasta llegar a los 373, esto es, ha pasado de estar del 28% al 74% en tan solo dos semanas.
El Giribaile, también en la provincia de Jaén es uno de los más recientes de toda España. De hecho se terminó de construir en el año 1997. Hace quince días de sus casi 500 hectómetros cúbicos de capacidad, apenas contaba con 135; hoy sobrepasa los 266 más del 54%.
Además del de Iznájar, Córdoba tiene otra instalación cuyo comportamiento ha resultado clave a la hora de contener las consecuencias de las crecidas. Se trata del embalse de la Breña. Se trata de una construcción hecha sobre una anterior y en su momento se convirtió en la presa de hormigón compactado más grande de Europa. Su capacidad aumentó en ocho veces respecto a su predecesora. Su situación la hace recibir recursos del Guadiato y, mediante impulsión, del Guadalquivir. Puede contener más de 823 hectómetros cúbicos y antes de la llegada de las borrascas, no llegaba a los 373; a finales de la semana pasada alcanzó los 600, el 72% de su capacidad.
El cuarto embalse más extenso de Andalucía es el Negratín, en la provincia de Granada. Destinada principalmente al riego, se trata de una instalación clave para canalizar las crecidas del GuadianaMenor. y evitar que éstas lleguen a la vega de Guadix. Sus actuales 277 hectómetros cúbicos, apenas tienen que ver con los 143 que se consignaban el 26 de enero. Una de las consecuencias de esta buena salud en el estado de sus reservas es la vuelta al trasvase de 50 hectómetros cúbicos al año hasta las instalaciones del embalse de Cuevas del Almanzora en Almería, al superar el umbral de 210 hectómetros cúbicos, cantidad por debajo de la cual se suspende el envío de agua.
En la cuenca del Guadalete-Barbate, el embalse de Guadalcacín puede asistir a un episodio que sólo se ha visto una vez desde los años 90 cuando fue proyectado: el desembalse de agua. “Cuando el embalse de Guadalcacín tenga que soltar agua supondrá que la provincia de Cádiz estará bajo las aguas”. Fue la frase pronunciada hace 30 años por uno de los ingenieros encargados del proyecto. Sus más de 800 hectómetros cúbicos se han quedado pequeños ante la llegada de una cantidad de agua nunca antes vista. La segunda presa más extensa de Andalucía se llena porque Los Hurones –responsable del abastecimiento de tres cuartas partes de la provincia de Cádiz– lleva días soltando agua. La regulación de la Junta pretende conseguir que éste último se quede en torno al 90% de su capacidad para tener el suficiente margen de maniobra para recoger las precipitaciones que se prevén en la zona.
Su papel en la regulación de las crecidas de los últimos días, podría haber sido todavía mayor si se hubiera dado curso a las insistentes peticiones de conexión del Guadalcacín con el embalse de Bornos. Se evitaría así uno de los problemas de anegaciones surgidos en Jerez. Cuando Bornos llega al máximo de su capacidad, alivia en el de Arcos y éste en el Guadalete que eleva el nivel en la campiña jerezana.
Un año y medio. Es lo que ha tardado el pantano de Guadalhorce o mejor dicho el sistema de seis embalses que lo componen, en pasar de su mínimo histórico alcanzado en septiembre de 2024 cuando se quedó con 12 hectómetros cúbicos, a desembalsar. El que da nombre a todo el sistema tiene 123 hectómetros cúbicos, el Guadalteba, 150. Sobrepasado el límite de seguridad, ambos han comenzado a aliviar a un ritmo de 40 metros cúbicos por segundo. El tercero, el Conde del Guadalhorce, lo hace a 35. También en la provincia de Málaga, también el embalse del Limonero intenta no sobrepasar su límite de seguridad y fue imitado por Casasola y Concepción, responsable este último del abastecimiento de la Costa del Sol.
Todas ellas y los técnicos que las regulan han conseguido lo que buscaban que las crecidas, aunque han afectado a un número más que importante de personas que tuvieron que ser desalojadas –llegaron a ser más de 11.000– y a unas pérdidas todavía en proceso de evaluación, no ocasionaran unos daños más importantes y que se llevaran por delante vidas, además de propiedades.
Un proyecto fallido en Jaén
La historia comienza en 1996, cuando una tormenta caída sobre las montañas de Los Villares sorprendió a los vecinos de Los Puentes en Jaén. Treinta años después, las aguas se han vuelto a desbordar en el mismo lugar. En 2002, el entonces ministro Cristóbal Montoro y líderes populares se reunían para proyectar una presa sobre el río Eliche en el paraje los Cañones que evitaría futuras crecidas. Apenas dos años después, el ayuntamiento de Los Villares canalizaba el descontento vecinal a esta instalación. El PSOE, entonces a cargo de la Consejería de Medio Ambiente, la secundó.
En 2006, el Ministerio de Medio Ambiente no consiguió calmar los ánimos de los vecinos con un informe que aseguraba que la presa no afectaría al término municipal de Los Villares. Meses después, cuando la CHG publicó el proyecto en el BOE, se desataron las protestas. El vicepresidente de la Junta, Gaspar Zarrías, puso cifras al proyecto: 36 millones de euros y el inicio de las obras en 2009. En 2010 la denuncia llegó a la Comisión Europea y un año después, el delegado del Gobierno en Jaén, Felipe López anunció definitivamente que la presa no se llevaría a cabo.
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