Las células del sistema inmune: cómo nos defendemos frente a la gripe

La consulta del especialista

El sistema inmunológico está formado por órganos, tejidos y, sobre todo, células especializadas que trabajan en conjunto para reconocer y eliminar amenazas

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Una mujer se suena la nariz con un pañuelo en la calle durante esta época invernal. / Miguel Ángel Salas
Doctor Ríos

10 de enero 2026 - 18:49

Nuestro cuerpo convive a diario con miles de microorganismos: bacterias, virus, hongos y parásitos. La mayoría no nos causan problemas, pero algunos pueden enfermarnos. Para protegernos, contamos con un sistema de defensa altamente organizado y eficaz: el sistema inmunológico. Este sistema está formado por órganos, tejidos y, sobre todo, células especializadas que trabajan en conjunto para reconocer y eliminar amenazas, como el virus de la gripe.

El virus de la gripe (influenza) es un buen ejemplo para entender cómo actúa el sistema inmune. Se transmite fácilmente por el aire, entra al cuerpo a través de la nariz o la boca y se instala en las vías respiratorias. Una vez allí, intenta invadir nuestras células para multiplicarse. Pero no está solo: el sistema inmunológico lo detecta rápidamente y pone en marcha una respuesta coordinada.

La primera línea de defensa: la inmunidad innata

La respuesta inmune comienza incluso antes de que el virus entre en el cuerpo. La piel y las mucosas, como las de la nariz y la garganta, actúan como barreras físicas. La mucosidad atrapa al virus y los cilios ayudan a expulsarlo. Son como las murallas del castillo. Si el virus logra superar estas barreras, entra en acción la inmunidad innata, que es rápida y no específica. Sus células no distinguen exactamente qué virus es, pero reconocen que algo extraño está presente.

Entre las primeras células en actuar están los macrófagos. Su nombre significa “grandes comedores”, y eso es justamente lo que hacen: engullen al virus o a las células infectadas. Además, liberan sustancias químicas que producen inflamación y atraen a otras células del sistema inmune al lugar de la infección.

Los macrófagos también cumplen una función clave: actúan como mensajeros, mostrando fragmentos del virus a otras células para que la respuesta sea más precisa. Son como el servicio de limpieza de una ciudad que además de limpiar el daño provocado por el virus, activan la voz de alarma y ponen en alerta al resto del sistema inmune.

Una mujer a la salida tras vacunarse en un centro de vacacunación para la gripe. / Josué Correa

Los neutrófilos son las células más abundantes de la sangre y llegan rápidamente al sitio de infección. Ayudan a destruir al virus mediante enzimas y sustancias tóxicas. Su acción es intensa pero breve; tras cumplir su función, mueren, formando parte del proceso inflamatorio. Es la infantería de un ejército por lo que se sacrifican y mueren como la primera línea de batalla. Intentan contener la infección hasta que lleguen células más especializadas.

Las células Natural Killer (NK) se especializan en detectar células infectadas por virus. Si una célula muestra señales de estar “secuestrada” por el virus de la gripe, las NK la destruyen para evitar que el virus siga multiplicándose. Son los GEOS del sistema inmune, el cuerpo de operaciones especiales.

La respuesta específica: la inmunidad adaptativa.

Si el virus no es eliminado rápidamente, entra en acción una respuesta más sofisticada: la inmunidad adaptativa. Esta es más lenta al inicio, pero altamente específica y eficaz.

Linfocitos T: los coordinadores y ejecutores

Los linfocitos T se activan cuando reconocen fragmentos del virus presentados por los macrófagos u otras células.

Linfocitos B y anticuerpos: defensa a distancia

Los linfocitos B producen anticuerpos, proteínas específicas que se unen al virus. Estos anticuerpos pueden:

Gracias a los anticuerpos, el sistema inmune puede neutralizar grandes cantidades de virus sin necesidad de destruir tantas células propias.

La memoria inmunológica: aprender del enemigo

Una de las características más sorprendentes del sistema inmune es su capacidad de memoria. Tras una infección por gripe, algunos linfocitos B y T se convierten en células de memoria. Esto permite que, si el mismo virus vuelve a entrar en el cuerpo, la respuesta sea mucho más rápida y eficaz. Este es el principio en el que se basan las vacunas. Al exponer al sistema inmune a una forma segura del virus (o a partes de él), se genera memoria inmunológica sin causar la enfermedad.

¿Por qué podemos enfermarnos más de una vez?

El virus de la gripe tiene una gran capacidad de cambiar. Sus variaciones hacen que el sistema inmune no siempre lo reconozca de inmediato, razón por la cual podemos tener gripe varias veces a lo largo de la vida y por la que la vacuna se actualiza cada año. Curiosamente, muchos de los síntomas de la gripe —fiebre, malestar, dolor muscular— no son causados directamente por el virus, sino por la respuesta del sistema inmune. Estas reacciones ayudan a combatir la infección, aunque nos hagan sentir mal temporalmente.

El sistema inmunológico es una red compleja y precisa que trabaja sin que seamos conscientes de ello. Cada vez que enfrentamos un virus como el de la gripe, millones de células se comunican, se activan y cooperan para protegernos. Entender cómo funcionan las células del sistema inmune no solo nos ayuda a valorar la importancia de hábitos como la vacunación, sino también a reconocer la increíble capacidad del cuerpo humano para defenderse y adaptarse.

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