Motor | Reportaje a José Antonio Hinojo

De Serón a las dunas del Dakar 2019

  • El seronense José Antonio Hinojo acaba el rally más duro del mundo en una meritoria octava posición en su categoría

  • Narra la dureza de la competición, así como los problemas impensables que ocurren por la acumulación de tantos arduos kilómetros 

Blanco e Hinojo, sobre el buggy. Blanco e Hinojo, sobre el buggy.

Blanco e Hinojo, sobre el buggy.

Una espina había clavada en el orgullo deportivo de José Antonio Hinojo. Como si un enorme clavo hubiera atravesado la goma de la rueda de su buggy, al seronense le dolía en el alma cómo acabó su primera experiencia en el rally más duro del mundo. Hace ocho años comprobó que los microscópicos pelos de un cable podían echar por tierra el trabajo, el sacrificio y el sufrimiento de kilómetros y kilómetros por las áridas tierras de América del Sur. Para llegar a la meta, tan importante es una buena preparación como que todos los factores externos acompañen. En 2019, así ha sido.

Para esta edición, José Antonio se subió en un buggy, un coche que no conocían bien ni él ni su compañero Xavi Blanco, barcelonés. De hecho, a ambos les faltó un poco de rodaje en las primeras etapas, por lo que tiene más mérito todavía el vigesimocuarto puesto en la general, octavo en su categoría. “Como eran menos días de rally, pensaba que iba a ser más fácil que la otra vez, pero no fue así. El Dakar juega a ser la prueba más complicada del mundo, hubo muchos abandonos y muchos accidentes. Es un tópico decir que ha sido la edición más dura de la historia, pero es que realmente lo creo”, afirma el seronense por teléfono.

Los primeros días de carrera, las veredas del Dakar fueron una auténtica tortura. “El ritmo no fue malo, pero necesitábamos conocer más el coche, sólo habíamos hecho una prueba Xavi y yo en Marruecos. La calificación fue un poco mediocre, tuvimos algún enganchón con las dunas y problemas con la navegación”, recuerda el piloto esos primeros contratiempos que posteriormente se multiplicaron, aunque sus sensaciones con el vehículo mejoraron: “Después del maratón, el coche estaba en buenas condiciones y mejoramos en la segunda parte del Dakar. En la sexta etapa, fuimos cuartos, nuestra mejor posición. Pero el penúltimo día tuvimos problemas de navegación, perdimos tiempo buscando un punto y nos penalizaron con 40 minutos. Sin esta sanción, pudimos mejorar en tres o cuatro puestos nuestra clasificación”.

Aún así, su posición fue realmente buena: primer equipo privado español, por delante por ejemplo de Isidre Estévez, y cuarto piloto nacional, por detrás de ilustres en coches o en motos, como son Carlos Sáinz, Nani Roma y Gerard Farrest. “Conseguimos una muy buena posición, estoy orgulloso de ello, pero sabe agridulce porque yo quería podium y estuvimos cerca de conseguirlo. Nos faltó alguna carrera más juntos a Xavi y a mí, ese plus de conducción que te da conocer a tu copiloto”.

Un trayecto lleno de polvo. Un trayecto lleno de polvo.

Un trayecto lleno de polvo.

Ya con la serenidad que da el paso del tiempo, José Antonio recuerda las dunas “como maravillosas, lo complicado son las superficie de polvo fino. Nos quedamos atrapados en una zona así y al bajar del coche, me hundí hasta las rodillas”, una sensación que le da más ganas de volver con el hándicap del coste: “Un proyecto como el Dakar para gente amateur es complicado. Hay que entrenar duro y trabajar más duro todavía en buscar patrocinio”.

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