Caballo de batalla para Sánchez: las autonómicas
El PP acertó con su apuesta arriesgada de convocar cuatro elecciones para desgastar a un PSOE que trata de salvarse de la debacle, pero quien sube es Vox
LA iniciativa más inteligente que lanzó a la arena política el PP de Feijóo fue colocar a Pedro Sánchez y el PSOE ante el espejo de unas elecciones que pudieran dejar constancia de la precariedad de sus siglas: convocar en el primer semestre del 2026 cuatro elecciones autonómicas. Las andaluzas vienen obligadas por los plazos que marcan las anteriores, se celebrarán en torno a junio. Las de Extremadura se celebraron hace mes y medio, las de Aragón hoy y, poco después, las de Castilla y León.
Oficialmente, los dirigentes del PP las han convocado por la precariedad la sufrían los gobiernos de Guardiola, Azcón y Mañueco tras la ruptura de relaciones con Vox. Extraoficialmente, buscan movilizar al partido y ponerlo en “estado electoral”. Vox, por su parte, quiere aprovechar esta oportunidad en una época de crecimiento para centrar la campaña en identificar al PP como soporte del Gobierno de Sánchez para aprobar medidas sociales que son contrarias a las que defiende la derecha más radical que representa Vox. Y seguir así pescando votos en las aguas del PP.
Las primeras elecciones del calendario impulsado por el PP fueron las de Extremadura, donde se cumplió el objetivo de Génova de destrozar a la candidatura socialista. El resultado fue demoledor para el PSOE, con un buen número de militantes y votantes socialistas que se plantean ya si está el partido y el Gobierno en las mejores mano, con un Sánchez que se empeñó en un candidato que tenía todas las de perder. No se cumplió, en cambio, el objetivo del PP de reforzar a su candidata y actual presidenta del Gobierno extremeño, María Guardiola. No logró la mayoría suficiente para gobernar sin el lastre de Vox, y no está claro que pueda hacerlo en solitario como pretende. Vox dobló votos y exige más incluso de lo que le correspondería.
Para Feijóo, es importante que en las elecciones de Aragón Vox no cumpla los resultados triunfalistas que le auguran las encuestas, y así se le bajen los humos respecto no sólo al futuro del Gobierno de Azcón, sino también a que rebaje sus exigencias con Guardiola en las negociaciones que se reanudarán la semana próxima y que están más o menos paralizadas, a la espera de lo que ocurra hoy.
Alegría, demasiado sanchista
En Aragón, se da una situación insólita: el PSOE no juega a ganar las elecciones, sino a ganar a Vox. Así de complicadas están las cosas para su candidata, Pilar Alegría, ministra de Educación, ex portavoz del Gobierno de Sánchez y seguidora irredenta del presidente del Gobierno.
Los sondeos le son adversos. Aunque jamás lo reconocerá, es de dominio público que su principal problema es que se trata de la candidata impuesta por Sánchez, sin el respaldo del PSOE aragonés. Es más, como ministra y portavoz apoyó el modelo de financiación que exigían los independentistas catalanes. Sánchez, y su candidata, priorizaron los intereses de su Gobierno a los de los ciudadanos de Aragón.
Se hacen todo tipo de especulaciones sobre el futuro de Alegría y el PSOE. Si al fracaso de Extremadura se suma el de Aragón -absolutamente inadmisible si además de la bajada significativa de escaños Vox quedara como segunda fuerza- difícilmente sobreviviría Sánchez mucho tiempo. Es un hombre que jamás tira la toalla y está empeñado en completar la legislatura, pero una catástrofe como esa, una humillación en una región de tanto peso político y económico, daría impulso a los distintos sectores críticos que se están desarrollando en el PSOE y que no están organizados, pero podría sumarse a las muchas voces y sectores ciudadanos que no pueden más de un presidente que no defiende los intereses de los españoles sino aceptar lo que sea con tal de seguir gobernando.
No ayuda a Pilar Alegría, y tampoco a su mentor que el final de la campaña y la fecha de las elecciones haya coincidido con una situación en España de sucesión de desastres: el accidente de Adamuz y sus consecuencias en el transporte ferroviario en España, más allá de lo más grave: las víctimas mortales. Un accidente pocas veces es evitable, pero éste ha expuesto en toda su extensión la precariedad del transporte en España. A ello hay que añadir el cambio climático que se sufre estos días que afecta a toda España, con especial incidencia en Andalucía.
En esta situación de emergencia máxima, de alarma, Vox encuentra terreno abonado. Por una parte incrementa las acusaciones al PP, de su apoyo a políticas del PSOE contrarias a lo que defiende Vox, entre ellas las relacionadas con la inmigración o con acuerdos europeos que ponen en riesgo algunos de los sectores agrícolas españolas.
Tras las elecciones de Aragón, los presidentes Mañueco y Moreno esperan las suyas. Para Sánchez, es fundamental llegar a esas citas con su figura maltrecha mínimamente recompuesta. Pero los acontecimientos últimos lo hacen difícil.
Mañueco también conoce los inconvenientes de gobernar con Vox, y pondrá lo que esté en su mano para no verse obligado a retomar una relación que cree indeseable desde el punto de vista político. Confía en lograr una mayoría suficiente para, con el apoyo de algunos de los partidos regionales, no se vea obligadlo a repetir un modelo que ya intentó con Vox y que acabó muy mal. Algo parecido a lo que sucede con Azcón, que podría contar con el apoyo de Aragón Existe, al que auguran 2 o 3 escaños.
En Andalucía, Moreno intentará repetir la mayoría absoluta, aunque lo tiene menos fácil que en la anterior convocatoria. Ha revivido de la polémica por los fallos a los cribados del cáncer de mama, que no fueron exactamente como afirmaban quienes acusaban al sistema sanitario andaluz. Por otra parte, la reacción ante las inundaciones y catástrofes naturales por el cambio climático, con medidas acometidas de inmediato y ayuda a las docenas de miles de personas afectadas, le han permitido recuperar la imagen de buen gestor y cercanía con la gente que le convirtieron en el triunfador de las elecciones últimas.
La estrategia del PP de promover cuatro elecciones autonómicas en seis meses para desgastar a un Gobierno y un PSOE en crisis era arriesgada. Entre otras razones, porque el PP aparece estancado, apenas sube con un Vox fortalecido porque no comete errores quien no toma decisiones, como es el caso del partido de Abascal. Al que además favorece Sánchez promoviendo iniciativas con las que sabe que Abascal moviliza la calle.
La primera prueba, la de Extremadura, la salvó el PP, pero el resultado quedó por debajo del que buscaba. La segunda, hoy, tiene en vilo al PSOE, al PP y a Vox.
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