Ganadería caprina: “Una familia necesita mínimo 700 cabras para sobrevivir”

Sector ganadero

Cati Guirao explica cuál es la situación actual de la ganadería caprina de leche dónde los costes son cada día más elevados

Una historia de esfuerzo y superación detrás de una explotación de ganado caprino

Ganadería caprina: “Una familia necesita mínimo 700 cabras para sobrevivir”
Ganadería caprina: “Una familia necesita mínimo 700 cabras para sobrevivir” / Javier Alonso
Macarena González

15 de junio 2024 - 06:00

LA cabra siempre tira al monte. Un refrán que hace referencia a volver a los orígenes y que une a la perfección la dos grandes premisas de éste reportaje sobre el ganado caprino y el oficio del cabrero. En mitad de una de las zonas montañosas de Chirivel se encuentra uno de los grandes refugios caprinos de la provincia, con mucha historia y una historia de superación abrumadora, la de Cati Guirao.

Una mujer empoderada y segura de sí misma recibe al equipo de Diario de Almería, al que cuenta emocionada cómo fue su vuelta al campo después de crear su vida en Francia. Y lo hizo apostando por lo de siempre, las cabras, un negocio familiar heredado de su padre que fue en su momento uno de los grandes ganaderos de la comarca. Con mucho esfuerzo, sacrificio y valentía Cati Guirao levantó con sus propias manos y sacó adelante lo el que hoy es su negocio ganadero, un corral con cerca de 700 cabras que ha dado de comer durante muchos años a una familia numerosa de 5 hijos.

“Yo lo hice todo nuevo, tiré la casa y la construí para estar cerca de la nave. Cuando mi padre nos anunció que se iba a jubilar y decidí regresar, lo he pasado muy mal desde entonces porque fue un cambio muy duro en uno de los mejores momentos de mi vida. He pasado mucho para sacarlo todo adelante, pero le he echado mucho coraje y al final lo he sacado, algo de lo que hoy en día me siento infinitamente orgullosa”, relata Cati.

La jornada comienza antes de las 6 de la mañana, llueva, nieve o haga calor. Desde horas tempranas, comienzan las labores en el corral que van desde la alimentación de los animales a la adecuación y limpieza de la zona, hasta el ordeñado, que se realiza dos veces al día, mañana y tarde. La hora de acabar nunca se sabe, según nos cuenta, y las vacaciones por supuesto inexistentes. “En invierno cuando sientes el viento y te tienes que levantar, se ponen los pelos de punta, pero vienes. Yo no he faltado ni un día a mi trabajo ni por motivos de salud”.

El camino no ha sido fácil. La ganadería caprina se enfrenta numerosos desafíos, desde las fluctuaciones del mercado hasta las duras condiciones climáticas. “Conforme están los costes, hay que tener un buen número de cabras para sacarles rentabilidad. Una familia que tenga hijos en los tiempos que corren no puede vivir con 250 cabras, necesita mínimo 700 o 800 cabras para poder sacar la leche necesaria.”, apunta

El precio del grado de la leche, ha experimentado recientemente una ligera bajada, de 0,21 euros a 0,17. En este negocio, cuanto más grados de grasa tenga la leche, más cara la cobra el productor. Esto pone todavía más difícil a los ganaderos poder sacar adelante su trabajo, ya que las cabras de leche son cada vez menos rentables por los constes elevados que cada vez dejan un menor beneficio. “Me gustaría que los precios estuvieran en una situación que nos diera para vivir a los ganaderos, al que hace los quesos, y a todos los que trabajamos en esto".

Actualmente, con la sequía que azota a toda la península y que se ha cebado especialmente con esta zona de la provincia almeriense, la situación ha empeorado notablemente para el sector caprino, al que afecta principalmente en el alimento de los animales. La cabra, es importante que tenga una alimentación equilibrada entre el fresco y el cereal, siendo éste último imprescindible para que dé leche con un alto porcentaje de grasa, que es la que se paga al ganadero. “Está todo por las nubes, la avena, la alfalfa, los piensos… todo ha subido por la falta de cereal, que hay que traerlo de otras zonas en las que el porte encarece muchísimo el coste. En el tema de la paja se han cebado con nosotros. Cada vez cuesta más y más, porque tenemos que comprar el producto aparte de la inversión que hicimos para tener nuestra propia siembra.”

Entre grandes extensiones de campos de cereal que en esta campaña no han llegado ni siquiera a brotar, es donde estas cerca de 700 cabras pastorean libremente para obtener el alimento fresco que necesitan. “ No salgo al pastoreo porque tenemos todo el terreno vallado, aproximadamente unas 10 hectáreas. Pero los animales necesitan salir, y más cuando están preñadas que si no andan pueden incluso llegar a enfermar de las patas. Además todos los años hemos plantado nuestra propia avena y una vez espigada las dejamos salir para que coman el cereal que necesitan suponiendo un importante ahorro de dinero en pienso”, explica.

En el mes de septiembre hará 25 años en este oficio, que es uno “de los más sacrificados”. Cati, acaba de cumplir sus 65 años y está a punto de jubilarse para dar paso al relevo generacional, dónde su nuera y uno de sus hijos tomarán el mando del que ha sido durante toda la vida el negocio que les ha sacado adelante, “ Hace unos meses me dice mi hijo que su mujer está pensando en quedarse con las cabras, cuando yo las estaba quitando. Este año hemos dejado unos 300 chotos porque necesitan más”.

El negocio de momento sigue siendo rentable, pero tiene épocas mejores y otras peores, por lo que esta mujer “todoterreno” complementa su actividad ganadera con el cultivo de sus almendros. Ella misma maneja el tractor, labra, sulfata, y mantiene una finca productiva de aproximadamente 70 hectáreas. “De mi trabajo me encanta todo, tanto cuidar de las cabras, como si cojo el tractor para irme a las almendras que es uno de los momentos que más disfruto”.

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