Agricultura
  • La Frutería ‘Los Agricultores’ se convierte en la más famosa de Los Ángeles por sus precios, sus ventas y el carisma de la familia

  • Compra al campo de Almería, Granada y Murcia, saltándose a los intermediarios

“Vecinica, sandías a un euro”

Paco selecciona un ejemplar de sandía delante de su frutería, sita junto al Mercado de Los Ángeles. Paco selecciona un ejemplar de sandía delante de su frutería, sita junto al Mercado de Los Ángeles.

Paco selecciona un ejemplar de sandía delante de su frutería, sita junto al Mercado de Los Ángeles. / Rafael González

Escrito por

· Pablo Laynez

Redactor

Por mucho que uno salga en las redes sociales, si no tiene gracejo, no engancha. Y Paco lo desprende por todos los poros de su piel, como se pudo ver en el grupo de Facebook ‘Eres de Almería’ y van a poder leer en este reportaje. La Frutería ‘Los Agricultores’ ha saltado al estrellato gracias a unos precios normales de fruta y verdura en un contexto social en el que comprar una sandía es hipotecar un riñón y parte del otro.

Sorprende ver cómo los clientes se llevan esta dulce y rojiza fruta veraniega a puñaos. “Vecinico, está a un euro. Pruébala y me dices”. Invita Paco. Sin influencias por el obsequio, son dulces como el caramelo, aunque este eslogan está reservado para la venta en camioneta de los melones. Éstos también están baratos. Y las cerezas. Y los tomates. Y las berenjenas.

Aquí hay algo que no cuadra. De los cinco euros la unidad que marcaba en el súper pocos minutos antes de visitar la frutería, al euro por el que las vende Paco. ¡Si es que sólo la bolsa las están vendiendo ya a 0,20 en algunos comercios! El comerciante de Los Ángeles nos explica el secreto.

El tomate, el gran referente de la huerta almeriense, autoservido por una mujer. El tomate, el gran referente de la huerta almeriense, autoservido por una mujer.

El tomate, el gran referente de la huerta almeriense, autoservido por una mujer. / Rafael González

“Nosotros trabajamos directamente con el agricultor, no hay intermediarios que valgan. Vamos directamente a la cooperativa, compramos, cargamos y a la frutería”, donde se forman unas colas que para sacarle unos minutos para la entrevista, poco menos que hay que pedir una audiencia: “Tengo clara mi filosofía, yo prefiero vender cincuenta cajas con un beneficio de 20 céntimos por kilo, a vender poco por tener los precios más caro”. De ahí el cariño y las caras amables que se ven en los 23 metros de frutería.

Ana, mujer de Paco, coge varias cajas de cereza y las pone en el mostrador. Rojas, gordas, apetitosas. La pinta es de haber amanecido todavía colgadas de un cerezo en Abrucena. “A las cuatro de la mañana me levanto, abro la frutería, la cierro a las dos, cojo la furgoneta y me como un bocadillo, para estar por la tarde en la cooperativa comprando. “Rioja, Benahadux, Terque, Gádor, Pechina, Antas... y “Motril para productos tropicales como el mango, la papaya o el aguacate y Lorca para frutas como nísperos o melocotones”. Parece claro que en su frutería no entra nada que no sea nacional: “Siempre tengo producto que han cultivado nuestros agricultores. Cuando no es época de melones, por ejemplo, mis vecinicos me pregunta que por qué no tengo cuando ya hay en algunos supermercados. Yo quiero producto nuestro, que sea fresco y de calidad, no que venga en cámaras frigoríficas”.

Ana, mujer de Paco, sirve unas cerezas recién expuestas a 2,50 el kilo. Ana, mujer de Paco, sirve unas cerezas recién expuestas a 2,50 el kilo.

Ana, mujer de Paco, sirve unas cerezas recién expuestas a 2,50 el kilo. / Rafael González

En un momento en el que las tiendas de barrio están teniendo que bajar la persiana por lo complicado que es luchar contra las grandes superficies, en Los Ángeles hay una frutería que resiste como los galos ante los romanos. “Esto lo comenzó mi abuelo, lo cogió luego mi padre y yo soy la tercera generación. Mis clientes me conocen, me han visto aquí desde que tenía ocho años y ya hay lazos vitales creados con ellos”, cuenta mientras pesa un kilo de cerezas. Éstas también son para su vecinico de Costacabana, en este caso pagadas con gusto y saboreadas mientras se escriben estas líneas.

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