Esencia e intimismo en Clasijazz

Crónicas desde la ciudad

Simbiosis enriquecedora de voz y guitarra, “Esencia” es el significativo nombre adoptado por el dueto Alba Sorroche y Antonio Cuéllar: “Aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas”

Imagen tras la actuación. / D.A.
Antonio Sevillano

07 de mayo 2025 - 10:31

LBA es una de las voces más sugerentes, frescas y dulces del panorama musical almeriense. Cuando la vean anunciada en cualquier lugar u ocasión no duden en acudir a gozar de su intimista repertorio. Pablo Mazuecos -alma máter de Clasijazz- fue el primer sorprendido de la calidad del dúo y ante la masiva asistencia que ocupó al completo el aforo de la espaciosa Sala Industrial. Y ello a pesar de la limitada promoción, paliada merced al siempre eficaz “boca a oreja” entre amigos y conocedores de su potencial. Visto el éxito, muy probablemente los volveremos a ver anunciada en el mes de septiembre.

Alba Sorroche Sierra es un portento de dicción y afinamiento natural. Una voz femenil por descubrir y aplaudir a la que tuve el placer de escuchar por vez primera en La Guajira (durante un evento solidario organizado por la Fundación NOESSO-Asociación No Estás Solo), Cordel de la Campita y peña El Morato. Aunque no con motivo de la entrega de los Premios Meridiana o el sobrecogedor, según me cuentan, Himno a Andalucía interpretado con motivo del día de nuestra Comunidad. A fuer de sincero, debo subrayar que el antedicho debut nos cautivó, al igual que nos encandiló el sábado su intenso recital de 90 minutos en Clasijazz, a pesar de un molesto conato de afonía. Surgida como una perla talentosa de su concha de nácar, Alba se adueñó del espacio escénico aunando una figura exquisita y elegante con el abordaje sutil de temas cuidadosamente seleccionados y que ya forman ya parte de la memoria colectiva más o menos reciente. Versionados bella y poéticamente.

Una sucesión de títulos que nos recordaba la inicial comparecencia brindada a los pies de la Alcazaba. Alba cautiva con su trino melismático, rico en registros graves y agudos. Siempre sugerente. Nunca desgarrada, pese a que la temática te desgarre el alma. O lo que es lo mismo: de la sensibilidad intimista a la exuberancia interpretativa. Y créanme que no suelo exagerar en alabanzas. Es más, dada su innata capacidad de emocionar, estamos ante una figura emergente que si persevera, es bien dirigida y orientada por especialistas en técnicas respiratorias y vocales, puede (y debe) llegar muy alto en el siempre difícil panorama musical, en el que el azar juega, lamentablemente un rol determinante. Amante de la Naturaleza, defensora del medio ambiente y comprometida con causas sociales hacia los más desfavorecidos, la joven almeriense estudió Educación Infantil en la UAL y hoy dirige un taller de pintura y manualidades para niños (en Librería Zebras); además de asistir a un centro de menores en Los Almendros. Su vocación canora procede, presumiblemente, de un gen familiar por vía paterna: el apellido Sorroche.

Instrumentista avezado, émulo de heterogéneas estrellas (Sabina y Serrat, El Fary, Elvis Presley o Carlos Cano); origen cordobés, autodidacta, creativo y multidisciplinar, por las arterias de Antonio Cuéllar fluye sangre paya y calé. Razón, quizás, de su vena flamenca, aunque en sus comparecencias con Alba las seis cuerdas de la sonanta transitan por derroteros de amor y desamor, de añoranzas, esperanza o fatalidad: canción melódica, baladas, boleros, nanas, tangos o de autores contemporáneas y clásicos. Hace un par de año un “hada madrina” y premonitoria, Mª José Fornieles, los presentó y a renglón seguido el arte y la amistad cómplice los unió profesionalmente. Y en esa tesitura siguen.

Salvo error u omisión, he aquí los temas interpretados a modo de inventario por la coprotagonista de la gozosa velada.

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