Es en situaciones como la que está atravesando el Poli El Ejido este año en el primer tramo liguero cuando se ven los distintos tipos de dirigentes que puede haber en un club de fútbol. Muchos ya habrían mandado al paro a David Cabello, junto a su segundo, Rafa Morales. A tenor de los resultados, seguramente la mayoría lo habrían hecho, asumiendo el riesgo que ello implica y, claro, también el incremento del gasto económico de la temporada. Alejandro Bouza, presidente y futuro máximo accionista de la SAD celeste que está por venir, ni lo ha hecho ni creo que lo haga, más que nada porque sigue confiando, y hace bien, en un proyecto que lidera el entrenador que todos querían que lo liderara. Lo hace, además, trabajando con unos futbolistas que, en la mayoría de los casos, son los futbolistas que todos querían que estuvieran. Y proponiendo un estilo que es el que casi todos querían que se propusiera, porque si algo se sabe de Cabello, el máximo responsable del último ascenso que vivió la familia del Poli, es a lo que quiere jugar.

Así que lo único que falta es que la pelota entre. No es poco, ya, pero ahí adentro están plenamente convencidos de que entrará, porque es que ni cabe más mala suerte, ni tampoco se entiende tan poca producción cuando la calidad, objetivamente, está ahí. Un ejemplo: cualquier equipo de la categoría pagaría traspaso sin pensarlo por Álex Escardó. Cualquiera.

A Cabello y a Morales los echaron de la Cultural Leonesa por un arranque mucho menos malo del que están viviendo en El Ejido. A estas alturas, ya estaban pasando sus lunes al sol y con el curso perdido. Aquellos dirigentes, claro, son de los del otro tipo.

La Cabelleta está aparcada en la puerta de Santo Domingo y aunque parece una tartana, machacada por esta primera parte pedregosa e intrincada del camino, tiene las ruedas perfectas y el depósito lleno. Bouza ya está dentro. Y yo también. Alguna plaza queda libre, pero pocas. Salimos ya.

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