Autocrítica

31 de enero 2026 - 03:08

Reconocer los errores es uno de los retos más complicados. De niños, cuando creemos que el universo nos rinde pleitesía y debe confabularse para alimentarnos si tenemos hambre, entretenernos si estamos aburridos o brindarnos una mullida cama a nuestro primer bostezo, lloramos cada vez que nos truncan los planes. Razonar que las cosas pueden no salir es un don que el tiempo y la experiencia van forjando en cada individuo. Uno asume que esta capacidad reflexiva va ligada a la madurez y, especialmente, a los cargos de responsabilidad. Por eso, llama tan poderosamente la atención escuchar a entrenadores de la talla de Rubi desvirtuando la realidad cada vez que erran. El Almería no solo lleva dos meses desplegando un fútbol incalificable, sino que acumula el mismo tiempo sin reconocer que lo está haciendo. Esto último hace mucho más preocupante lo primero. Saber lo que está mal y admitirlo es mucho más saludable que hablar de mala suerte o controles decisivos fallados. Mientras dejar claro que se es consciente de la realidad es el primer paso para llegar a tu público, ocultarlo genera recelo. Uno tampoco quiere un mea culpa repetido de forma mecánica e impostada ―con un Arbeloa tenemos más que suficiente en el fútbol español―, pero sí que, de vez en cuando, agradecería percibir en Rubi cierta consciencia de los errores. Que reconozca que su equipo lleva mucho sin presionar bien, desquiciado al sacar el balón jugado, sin brillantez arriba, fallando con los cambios y carente de solidez defensiva es vital para hacernos ver que se están buscando soluciones e, importantísimo, para que empaticemos. Vendernos la moto solo nos aleja más. Y bastante distanciados estamos ya.

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