Distintos

05 de mayo 2025 - 03:09

Las comparaciones siempre son odiosas. Cada uno es como es y juega como le da la gana, siempre y cuando el entrenador te dé licencia para que des vuelo a tu imaginación, y eso, en el fútbol de hoy, sucede cada vez menos. Claro que no se puede jugar solo con la imaginación, ya que si tu cuerpo no hace lo que tu cabeza piensa, estás en el horno. Si yo hubiera jugado la mitad de lo que imaginaba, estaría dentro del once histórico mundial, pero mis piernas solo fueron capaces de ejecutar torpemente aquello que yo pensaba o miraba en un campo de fútbol y parecía tan fácil y sencillo. Por lo que he podido comprobar a lo largo de los años, no he sido el único al que le ha sucedido. De los jugadores que he visto a través de los años, me sobran dedos en las manos para contar aquellos distintos, a los que hay darles la pelota y dejarles la improvisación como recurso para saldar la contienda. Pelé jugó un mundial con 17 años. Menotti, dejó a Maradona fuera de la lista definitiva del equipo que ganó la copa del mundo de 1978 disputada en Argentina, y eso que Diego, desde los 15 años que era Maradona para el mundo del fútbol. Messi a los 17 años tenía escasos registros para suponer que llegaría a ser tal vez el mejor de todos los tiempos. Ahora estamos ante la presencia de un chico que lleva dos temporadas en el fútbol profesional, es español, pero parece venido de otra galaxia. Se llama Lamine Yamal y juega en el Barcelona. Con 100 partidos como profesional, ya merece la pena pagar una entrada para verle jugar. En este Barça de las remontadas, quien iba a decirlo, el chico se pone el equipo a la espalda y sale campo abierto a correr y regatear. No importa cuántos son, sino que vayan saliendo, parece decir el joven extremo que con cada jugada pone de pie a todo el estadio. No es Messi, es Lamine Yamal. Para parecerse al argentino el delantero del Barcelona tiene que tomar mucha sopa y tirarse 15 o 20 años en la élite siendo Maradona todos los días, que es lo que ha hecho Messi. Tiempo al tiempo. Depende de él y de las lesiones. De su cabeza y los pies. Lo demás lo tiene todo.

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