Barenboim y Beethoven

El más denso y sublime Beethoven está en estas versiones sabiamente desmenuzado

Hace un tiempo cayó en mis manos una deliciosa cajita de la discográfica DECCA conteniendo la integral de las sinfonías de Beethoven en cinco CDS. Su intérprete, Daniel Barenboim, dirige en este caso a la West-Easter Divan Orchestra, un conjunto integrado por jóvenes músicos talentosos procedentes de varios países de Oriente Medio, como Palestina, Israel, Siria, Líbano, Egipto o Jordania. La historia de esta agrupación se remonta a 1999, cuando Barenboim y Edward Said decidieron fundar una orquesta para que músicos de distintos países en conflicto "tuvieran una oportunidad de tocar juntos". Sostienen sus creadores que para tocar una obra musical hay que escuchar con atención al "otro" intérprete que está junto a ti; una forma de hermanarse, nutrirse y superar fanatismos, intolerancias e ignorancias. Tan es así que esta integral beethoveniana se presenta bajo el título de "Beethoven para todos". En todo caso, la grabación, que es de 2011, ofrece una espléndida oportunidad para comprobar el grado de madurez que Barenboim ha alcanzado como director de orquesta. Este celebrado intérprete, que alcanzó fama mundial como virtuoso pianista, ha encontrado en esta faceta un campo donde mostrar su talento de una forma aún más reseñable. No se ha cansado de repetir que Beethoven es su compositor predilecto y la Heroica, en concreto, su obra más idolatrada. En esta integral sinfónica, Barenboim se sitúa en la estela emocional y sonora de los más grandes intérpretes del pathos beethoveniano, como Furtwängler o Klemperer; especialmente al primero le debe la profundidad y el carácter verdaderamente grandioso de estas nuevas versiones. Escuchándolas todas, desde la primera a la novena, no se le puede reprochar nada; son absolutamente impecables. En especial, la novena alcanza cotas inmensas, tanto en su primer movimiento como en el finale, con la poderosa orgía sonora del coro. El más denso y sublime Beethoven está en estas versiones sabiamente desmenuzado, compás a compás, con todas sus asperezas y delicadezas. Hay un equilibrio perfecto entre la brillantez técnica -en especial de toda la sección de cuerda, que suena como el mejor Karajan pero sin su discurso lineal y facilón, gratuitamente apresurado- y lo abrupto de una música que, en ciertos pasajes ha de sonar violenta, estruendosa. Una oportunidad única para escuchar al verdadero Beethoven.

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