Figura de sentido
Sarah Thomas
Una habitación propia
Las mujeres que trabajan en el manipulado de frutas y hortalizas de Almería son uno de los referentes más claros que tenemos en la provincia de lo que significa el feminismo, que no es otra cosa que defender derechos e igualdad.
Estas trabajadoras, que son un pilar fundamental del principal motor de la economía almeriense, piden cosas que a la patronal del sector deben parecerle tan ‘extravagantes’ como una subida salarial que esté por encima del salario mínimo interprofesional y la reducción de su jornada laboral de 48 a 46 horas, con la idea de situarla algún día en las 40 horas semanales, tal y como marca el Estatuto de los Trabajadores.
Este conflicto laboral, que sale a la luz cada vez que tienen que negociar un nuevo convenio, debería sonrojarnos a todos, fundamentalmente porque su origen tiene mucho que ver con una realidad que, a día de hoy, todavía cuesta entender: que las mujeres, al igual que los hombres, deben tener salarios y condiciones laborales dignas.
En este asunto, al igual que en otros muy similares, no hemos visto ningún interés y mucho menos un apoyo explícito a su lucha por parte del Partido Popular o de Vox, tan dados siempre a darse golpes de pecho en defensa de nuestro campo.
Cuesta trabajo entender que les importen tan poco las manos que hacen posible que unos productos de primerísima calidad como los nuestros lleguen en condiciones impecables al resto de España y Europa.
Pues bien, defender la igualdad también va de esto y conviene recordarlo cuando alguien se pone detrás de una pancarta del 8M.
También conviene comprender que quien negocia con la ultraderecha y la blanquea, como está haciendo el Partido Popular, termina compartiendo la banalización de la violencia machista y los postulados negacionistas que tanto daño están haciendo a nuestra sociedad.
Las redes se han convertido en el principal espacio donde proliferan esos referentes del ‘machirulismo’, donde cada día se vierten toneladas de odio y acoso contra las mujeres por el solo hecho de serlas, desplegando una estrategia perfectamente orquestada que vulnera los principios básicos de la igualdad y la libertad.
Este 8 de marzo nos apremia a pasar a la acción, a ser más activistas que nunca en la lucha contra la violencia machista, en la defensa de la igualdad y de los derechos laborales de las mujeres. Cada palabra, cada gesto cuenta para seguir transformando una sociedad que necesita urgentemente pensar más en femenino.
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