Falsa majestad

Falta saber -y el tiempo lo dirá- si será capaz de ayudar para dev'olverle al pueblo su mayestática original

Desde que vi a Francisco, el nuevo papa, hubo algo que me agradó sobremanera; sus movimientos, posturas, gestos y muecas faciales eran de lo más normal, o si se me permite, de lo más vulgar. Despojado de todo estiramiento y presunción mayestática, la verdad es que este hombre no me ha parecido -en lo externo- un papa; ni tan siquiera un sacerdote. En esto de la apariencia, la mayoría de los curas -como los reyes- se me han antojado siempre antinaturales, como seres de otra especie bien distinta a la nuestra; personajes a los que no puedes dirigirte de igual a igual, como lo harías con cualquier otra persona. Como dignos aprendices -o seguidores- tienen a una parte nada desdeñable de la clase política, aventajados discípulos en eso de aparentar distancias y autoridades.

Me explicaré. "Mayestático" es un término que desde la Edad Media, en nuestra cultura, se usa como "alusivo a la majestad" o "majestuoso", esto es, "que tiene la solemnidad y elegancia que infunden admiración y respeto". Sin embargo, semejante acepción es del todo ajena a su verdadero origen y uso. La palabra viene del latín "maiestas, maiestatis", que significa realmente "grandeza, dignidad, importancia y soberanía", y se usaba en la civilización romana antigua para referirse a la grandeza o autoridad que procede del pueblo, de su conjunto o de alguno de sus miembros o ciudadanos, eminentes por su valía personal. Tan es así que, en términos de derecho, el "crimen maiestatis" -acusación por delito de lesa majestad- se refiere a actos de traición contra la soberanía del pueblo. En la Edad Media también se generalizó el uso del "plural mayestático" para referirse a papas y reyes (que, para el caso, son la misma cosa). Me refiero al pronombre en plural, "nos", cuando habla el poderoso en primera persona, o el uso de la segunda persona del plural en las formas verbales para dirigirse a él por parte de otros; forma servil y genuflexa de reconocer autoridad, dignidad y superioridad.

Francisco dijo que quería una iglesia "pobre y de los pobres" y hasta ahora todas sus tendencias van en una dirección contraria a lo mayestático medieval. Falta saber -y el tiempo lo dirá- si será capaz de ayudar para devolverle al pueblo su mayestática original, tan ninguneada por sus predecesores y por todos los poderes que en el mundo han sido.

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