Tabula Rasa

María Dolores Gallego, geometría del espacio

El movimiento también supone para María Dolores Gallego un pilar importante de sus obras

Dentro del programa de apoyo y promoción a los jóvenes artistas de MECA Mediterráneo Centro Artístico, estos días se presenta en el Centro de Arte la exposición Incerteza Viva, de la artista plástica María Dolores Gallego. Bajo el comisariado de Fernando Barrionuevo y la dirección técnica de Rosa Muñoz Bustamante nos presentarán obras de un marcado carácter existencial, a través de las cuales la autora muestra y demuestra los diferentes estados anímicos de la autora y el contrato que se establece entre su discurso y la sociedad.

María Dolores Gallego propone al público asistente experimentar en primera persona, muy lentamente y en detalle la falta de firmeza en los logros conseguidos, la duda constante de no tener nada seguro o el caos y la inestabilidad que atraviesa nuestras vidas y relaciones personales y profesionales a través de esta nueva serie. Se desarrolla en sus obras el concepto de percepción, que se materializa como el conocimiento de una cosa, de un objeto o de una experiencia por medio de las impresiones que explicitan en los sentidos. Quizás, de ahí, la preocupación de la autora por concebir la obra como un todo que se desarrolla en un espacio y tiempo determinado, que debe proyectar todos los enfoques, todos los lenguajes y todas las realidades posibles que se precisen. La obra, como prisma; el espectador, como luz; la artista plástica, como el origen.

El movimiento también supone para María Dolores Gallego un pilar importante de sus obras. "Su carácter no estático y cambiante que nos habla de los tiempos líquidos en los que vivimos y de la complejidad de este mundo caracterizado por las mutaciones, las fluctuaciones, los conflictos y las tensiones políticas, sociales, sanitarias, ambientales, etc., Gallego dixit. Es por ello por lo que el espacio, el vacío y el tiempo adquieren una importancia determinante para comprender la obra de María Dolores. El espacio, porque establece el objeto y el observador en un lugar determinado. Tanto la obra como la perspectiva del espectador adquiere una dimensión redentora. El vacío, la nada que es habitada por la autora, al desplazar el aire, lo inocuo y lo intangible, por lo matérico, lo palpable, lo audible. Y el tiempo, que como estableció Todorov, dependerá de la lectura que establezca la propia obra, la autora y el espectador.

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