Utopías posibles

Luis Ibáñez Luque

Recuperar el amor

27 de febrero 2026 - 03:08

Hace un par de días planteé a un grupo de docentes si se habían parado a pensar alguna vez lo poco que hablamos de amor en la escuela. ¿Debemos hablar de amor y sentimientos? ¿es un tema escolar, o algo que debe pertenecer al ámbito exclusivamente personal y familiar? ¿qué ocurre con las familias en que no hay relaciones de confianza o éstas están atravesadas por la toxicidad, la violencia, el interés o la comodidad?

Me decían que el amor no se puede explicar, que «se siente» o «no se siente». Solo cuando les planteé si tendrían afinidad por personas de culturas lejanas, con hábitos de vida muy distintos a los suyos y si a lo largo de la historia se habían dado los mismos conceptos de amor, cayeron en la cuenta de que el amor es social, histórico, y por tanto modificable. Educable.

Consideraban que el amor basado en sentimientos está trasnochado, porque hoy en día la revolución tecnológica ha cambiado todo. Decían que en los 90 todo era distinto, supuestamente mejor: las canciones eran más inocentes, los hábitos sociales, menos violentos. Dialogamos sobre los chistes machistas de esa época, canciones como «La mataré», de Loquillo… y cómo en esa época se produjo el comienzo de la postmodernidad, la teoría del «todo vale» que en nuestros días se ha llevado a extremo, con la «postverdad» y la dificultad cada vez mayor de distinguir la verdad de los bulos, la ciencia de la opinión, los datos de la manipulación.

Decían que tampoco es aplicable porque su contexto es de una gran diversidad cultural. En la zona hay una fuerte inmigración y los mensajes son fuertemente machistas. Pusieron algunos ejemplos. Les dije que en mi escuela, muy de clase media y muy de blancos, españoles, católicos, los mensajes dan auténtico miedo. No se aprecian grandes diferencias respecto a lo que planteaban.

El colmo vino cuando alguien comentó que «cuando hacen charlas de sexología, el alumnado marroquí sale de la clase, porque si no las familias la van a liar». Hay cosas que los chavales tienen derecho a conocer, relacionadas con su propia salud, seguridad y bienestar, independientemente de la familia en que les ha tocado nacer. Todavía existen el plan de centro y el consejo escolar, y lo que ahí se aprueba es ley, como lo es la sintaxis de lengua, la geometría en matemáticas o los verbos irregulares en inglés.

Peligroso camino llevamos. Urge superar el relativismo y apostar por modelos de relaciones estables, universales, basadas en los derechos humanos y duraderas.

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