NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
Una nueva edición de Fitur abre las puertas el miércoles en los pabellones del Ifema como principal escaparate al mundo de los destinos turísticos y las empresas que conforman la industria de los viajes. Y la provincia de Almería volverá a formar parte de la destacada oferta de una región que no ha dejado de crecer hasta convertirse en potencia internacional, la comunidad con mayor peso de la afiliación del sector y una de las que tiene mayor proyección en los mercados emisores. La solidez de la marca Andalucía y la madurez de su modelo turístico, que evoluciona hacia la innovación y sostenibilidad en sus tres vertientes (económica, ambiental y social), están permitiendo diversificar, desconcentrar y desestacionalizar para mantener la senda del crecimiento de forma ininterrumpida desde la crisis del coronavirus. Este año se han vuelto a batir todos los registros anteriores de viajeros y pernoctaciones y se sentaron las bases de un nuevo ecosistema en el que importa la revolución tecnológica, pero también la cohesión territorial, el respeto a la identidad y la contribución a la lucha contra la despoblación con la identificación y generación de nuevas oportunidades para el desarrollo rural, entre otros objetivos que en su día se descuidaron porque la estrategia estaba más orientada a la masificación y otras fórmulas anquilosadas orientadas a un modelo exclusivamente vacacional.
Almería debe aprovechar esta nueva hoja de ruta del turismo andaluz para dar un salto de calidad con el que abrir nuevos mercados y ampliar horizontes potenciando segmentos que han tenido muy poco recorrido. Una provincia de contrastes con las mejores playas de la costa andaluza y enclaves naturales tan singulares como el único desierto de Europa, la geoda de Pulpí, el Karst en Yesos de Sorbas, las sierras de María y Los Filabres, Punta Entinas-Sabinar, las Salinas de Cabo de Gata o los arrecifes de posidonia no puede vivir del viajero estival. Casi la mitad de los visitantes de la estadística anual se concentran en el tercer trimestre (meses de verano), una pesada losa para la creación de empleo y riqueza por una industria turística que no encuentra la forma de romper la estacionalidad. La provincia ha pasado de acaparar el 17% de los turistas de la comunidad en el verano de 2004, en el que su mejor registro con 2,9 millones de visitantes, a un 10% en los últimos años. Es el momento de repensar cómo poner en valor ese patrimonio natural y superar la barrera de los tres millones.
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