El burka balear

07 de febrero 2026 - 03:07

El pasado martes los parlamentarios de las Islas Baleares sacaron adelante una proposición para eliminar el burka de los espacios públicos españoles. Hubo inmediato traslado de la petición al presidente Sánchez. La propuesta salió adelante gracias a los votos del PP y de Vox, confluencia, no por esperada, menos alejada de reparos.

Todo ello desencadenó una dialéctica algo más que curiosa. La derecha esgrimió argumentos feministas. Entienden que el burka es una cárcel que atrapa a las mujeres y, por descontado, las humilla. Ese razonamiento, siglas al margen, lo podría suscribir un sector considerable de la población. De hecho, ya se ha suscrito en parte de Europa desde hace tiempo. Se ha prohibido el uso público del velo integral islámico en Francia, en Bélgica, en Bulgaria , en los Países Bajos o en Austria. En Suiza incluso se realizó un referéndum en 2021. En Alemania se aplica a funcionarias, juezas y militares. En Dinamarca no se admite en los centros de enseñanza. O lo que es lo mismo, la propuesta balear está en completa sintonía con Europa.

La izquierda española, sin embargo, manifestó una percepción diferente. Considera que esa iniciativa es una muestra palmaria de islamofobia. En verdad cuesta digerir tanta demagogia, tan profundamente ignorante. El 25% de la población mundial es musulmana, en torno a 2000 millones de personas. Solo el 3 % de ellos, en la mejor de las estimaciones, son salafistas que recurren al niqab y al burka. El resto del islam, el 97 %, es ajeno a esa práctica. Tengo entrañabilísimos amigos musulmanes, hombres sabios y santos, a los que no imagino cubriendo el rostro de sus esposas y hermanas. Ha habido figuras tan cruciales en el Mundo Árabe como Gamal Abdel Nasser que excluyeron cualquier clase de velo, incluidos el chador y el hiyab, de la vida pública. Tampoco me imagino a Mohammed Arkoun, el más grande islamólogo del siglo XX, imponiendo el uso de esas prendas.

Diría que más bien es justo lo contrario, que la islamofobia consiste en identificar una religión de paz con las concepciones fanáticas de sus integristas. Yo no he dejado de ser nunca cristiano, un tanto heterodoxo y poco amante de la jerarquía vaticana, pero cristiano, a fin de cuentas. Me ofendería que me identificaran con los Legionarios de Cristo o con el Opus Dei. Pues esto es lo mismo. Por lo demás, esa discusión es un fiel exponente del desconcierto de país en el que vivimos, con la derecha y la extrema derecha defendiendo posiciones más avanzadas y europeas que la izquierda. Cosas veredes, amigo Sancho.

stats