El dandi

07 de enero 2026 - 03:05

Para ser un buen flâneur es imprescindible ser un refinado dandi. No es cuestión de dinero, sino de clase y estilo. Hay que leer a Verlaine cada día, sobre todo el poema que dice “A los dioses y a los héroes nos igualas y al lograr que seamos los únicos dandis conviertes nuestro orgullo en cumbres radiantes”. Hay que ir al Entrefinos, sentarse en la terraza antes de que venga la muchedumbre, pedir un vino de calidad y dibujar la perspectiva de la calle en un bloc con un lápiz pequeño siempre portado en la cartera, mientras Emilia y amigos, entendidos en arte, se sientan enfrente y tras una breve conversación sobre como huir de los grupos de urban sketching y sobre quién decide lo que es buen y mal arte, concluir que lo deciden personas con nombres y apellidos que seleccionan obras para los museos, recomiendan artistas para las exposiciones e inflan las monetarias expectativas de revalorización con consejos que llevan asociado un subrepticio porcentaje. O aún peor, hablan bien de ellos sin llevarse nada a cambio. Para ser un dandi hay que ser inevitablemente un esteta, alguien que no puede vivir sin apreciar el arte en cualquier sitio, no siempre en los museos y en las exposiciones, preferiblemente lejos de los museos y las exposiciones. Y van al Entrefinos y allí encuentran de soslayo a Juan Aguilera y se presentan como buen oyente de su programa sobre la Semana Santa de Almería, para escarnio de los que no gustan de estas patrias celebraciones. Alguien, muy bobo, dijo una vez que en su radio en esas fechas ellos estaban con la cultura y no con las procesiones. Ya hay que ser bobo, inculto y mentecato. Ese no ha estado con la cultura ni de lejos y sí con los porcentajes. Un dandi no se presenta así como así sin dejar su tarjeta profesional y su tarjeta de columnista del Diario de Almería, bien ganada tanto una como otra y lleva a sus amigos al Entrefinos para dejar constancia de que la elegancia y distinción no es una cuestión contable a la par que puede ir también a cualquier otro bar de medio pelo dicho sin peyorar. Como el de al lado del kiosko de la Carrera del Perú, que ha puesto un dibujo mío en la pared. No llevaré allí a los amigos pero sí que iré cuando pueda para demostrar que el dandismo no está reñido con los bajos fondos, que no están allí, sino donde están las personas que se creen de rancio abolengo y son entes tumefactos, esta vez, peyorando.

stats