Reflexión

Enrique Fernández Bolea

Por la defensa y protección de Baria

El autor analiza en profundidad la importancia que tiene el yacimiento de Baria y lo que supondría que desapareciera en el futuro para la historia

13 de marzo 2026 - 06:38

Es escandaloso. Quienes deberían velar por la preservación de un patrimonio que nos fundamenta, que explica nuestro recorrido por la historia, cuya pérdida supone la mutilación de un legado que nos sustenta como comunidad, se empeñan en propiciar su destrucción. Y lo hacen amparándose en una legalidad que retuercen, que deforman a su antojo. Se ponen del lado de una élite en detrimento de una ciudadanía que los ha elegido y los mantiene, y lo hacen con desvergüenza y sin el más mínimo escrúpulo.

Para ellos, para quienes tienen las competencias de conservación y protección, es prioritario seguir sembrando hormigón en nuestra ya maltrecha franja costera. No ha habido bastante con el destrozo ya cometido. Hay que seguir privilegiando los intereses privados, que ese mamotreto anodino e impersonal de 24 apartamentos de lujo aplaste para siempre una parte de lo poco que queda de la antigua ciudad fenicia, púnica y romana de Baria. Les importa un bledo –y así lo demuestran desde hace décadas– que casi tres mil años de historia que nos conceden identidad se sepulten para siempre con tal de otorgar rédito a una minoría especuladora. Ni siquiera ahora, en los años que corren, se le pone coto a esa codicia secundada por quienes deberían representar el bien común. Ni siquiera las recientes excavaciones de urgencia de 2021-2023, que vienen a confirmar, otra vez, la entidad y relevancia de este yacimiento arqueológico, han servido para que tomen conciencia; pareciese que la decisión estuviese tomada desde hace mucho y lo demás estuviese destinado a cumplir con un mero trámite. De nada sirve que hayan visto la luz un conjunto de estructuras portuarias como una dársena con su atarazana, un hallazgo extremadamente singular, ni otras instalaciones industriales destinadas a la producción de salazones; para ellos, para la administración cuya obligación es defender el interés colectivo, nada es suficiente si hay que resarcir a una constructora, a una más.

La dejación es absoluta. Han aparcado sus obligaciones legales y éticas, pero pretenden solucionarlo de manera grosera, enseñando una parte de nuestro patrimonio en los sótanos destinados a aparcamiento. Da a entender cuál es su verdadera sensibilidad, su compromiso. Todo esto es un enorme despropósito fruto del desprecio demostrado hacia nuestro legado histórico y patrimonial.

Pero qué se puede esperar. Si una parte del Sector 8, aquel que se vio amenazado en 2004 por la construcción de un ataluzado apartahotel, afortunadamente declarado BIC en 2005, aún sigue en manos privadas pese habérsele abonado a sus propietarios un lucro cesante de unos 2.300.000 euros. Si se pagasen los cerca de 15.000 euros en que está establecido su valor catastral pasaría a titularidad pública. Y si no los aceptan, que se expropie de una vez. Aunque da igual, porque hay otra parte de ese mismo sector, al sur de la torre artillada o castillo, que pertenece a la Consejería de Cultura y nunca se ha llevado a cabo una intervención que descubra la inmensa riqueza arqueológica que oculta. En definitiva, no hay intención alguna de actuar sobre esta área, al menos eso es lo que han demostrado en los últimos veinte años.

Imaginemos –es un poner– que en esta parcela (segregada del sector 8 y protegida mediante BIC en 2005) finalmente no se construyese; imaginemos que la referida parte aún en manos privadas pasase a titularidad pública y sobre la superficie total del sector 8 se ejecutase una excavación integral que alumbrase Baria. Imaginemos cómo toda esta zona podría comunicarse con la protegida necrópolis (hipogeos) mediante los antiguos túneles del ferrocarril minero de Luis Siret, uno de los cuales se va a restaurar en fechas próximas. Imaginemos conectar todo ello con el castillo del siglo XVIII (ya restaurado y musealizado), situado en la parte central del área, un mirador excepcional para contemplar e interpretar ese futuro parque arqueológico en que podría convertirse. Imaginemos la visión de la mítica Sierra Almagrera, emporio de riqueza desde los fenicios hasta el siglo XX, complemento oportuno a ese paseo por la historia en que podría transformarse esta franja litoral de Villaricos tras su recuperación y puesta en valor.

Yacimiento de Baria en Villaricos.
Yacimiento de Baria en Villaricos.

Pero no basta con imaginar. Los deseos no se cumplen con pensarlos. Es necesario comprometerse, sumarse a la lucha, presionar cada uno desde su posición, capacidad y posibilidad. La construcción de ese edificio de 24 apartamentos truncaría por completo la visión que hemos imaginado más arriba, la desvirtuaría, sería un deleznable postizo que alteraría para siempre el conjunto, lo degradaría irremediablemente, además de la pérdida que ello supondría. Hay que oponerse, como lo han hecho las trece asociaciones de carácter ecologista y patrimonialista de toda la provincia de Almería que han firmado el manifiesto del pasado 21 de febrero de 2026 Por la defensa y proteccion de Baria, asumiendo una responsabilidad ineludible como ciudadanía, como sociedad. Ahora sí, quien pueda hacer que haga, como lo viene haciendo Unidos por Baria desde hace más de dos décadas; pero también es preciso que el compromiso cunda, que entidades académicas y culturales se vayan sumando (Universidad de Almería, Instituto de Estudios Almerienses…); que agrupaciones vecinales secunden esta empresa de todos; que individualidades de prestigio apoyen de manera desprendida en esta causa justa.

Nos jugamos un legado de siglos que puede traernos beneficio colectivo, un futuro en el que nuestra riqueza arqueológica y patrimonial sirva para hacernos crecer de manera sensible y sostenible. De este modo habremos vencido a esa codicia que se alimenta de intereses espurios sostenidos por unas administraciones irresponsables.

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