Utopías posibles
Pensamiento crítico en tiempos de guerra
Jaque. De un tiempo a esta parte, toda vez que en una discusión se encastillan en sus respectivas opiniones políticas y se huelen que las cantinelas argumentativas de uno y otro amenazan con prolongarse como discos rayados per saecula saeculorum para, total, concluir de nuevo en tablas y estar varias semanas de morros y sin dirigirse la palabra más que por cumplir delante de la familia, los dos cuñados suelen resolver la disputa echando una partidita de ajedrez a ver qué tal. El ajedrez temático de moros y cristianos que Darío Roch Ariza traslada del aparador del pasillo a la mesa de camilla convertida ahora en el silente campo de batalla en el que aguarda el marido de su hermana, esto es, Victoriano Carrión Conde, cobra en esta sazón doble y virulento valor simbólico o metafórico, si se quiere, pues, por un lado, el juego dirime incruentamente la contienda, mientras que, por otro, las figuras nazaríes y castellanas emblematizan de algún modo los dos bandos enfrentados en el conflicto armado que ha sido objeto de la controversia: la guerra de Irán.
Índice y pulgar pinzan por la mitra al obispo que oficia de alfil en el ejército cristiano y apenas lo han situado en el escaque blanco del tablero desde donde conmina en diagonal con dar mulé al rey moro cuando Victoriano ya se arrepiente del lance. La palabra «jaque» suena tan endeble de su boca como la frase «it’s going to be finished pretty quickly» de la de su admirado Donald Trump, quien asimismo querría dar el mate del loco al líder supremo iraní sin saber que las guerras de verdad se ganan cuando se doblega a los peones, esto es, al pueblo. Lo otro es secundario: a Jameneí muerto Jameneí puesto. De esta hecha, a Victoriano, aun cuando termine ganando la partida, le costará perdonar a su cuñado Darío la diatriba en la que este le ha reprochado que injuria la rojigualda que tanto le gusta lucir en la muñeca cabe el Rolex al ansiar que el gobierno español secunde una guerra colonial iniciada por la tiranía anglo-sionista para parasitar Oriente Medio; y en la que le ha preguntado retóricamente si considera que la somanta que sufrió su hijo hace unos días en el cole por parte de un matón de diez años también puede calificarse como «ataque preventivo».
Entre tanto, Darío calla, observa y ejecuta una férrea defensa disponiendo su tropa en el tablero con la misma agudeza de quien siembra de drones el territorio enemigo.
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