Utopías posibles
Pensamiento crítico en tiempos de guerra
Las guerras, con carácter general, no tienen justificación, o, quizás mejor, no deben considerarse una solución plausible y conveniente. Si bien el teólogo y jurista español Francisco de Victoria, ante la conquista de América, elaboró, entre los siglos XV y XVI, una teoría de la guerra justa, que le otorgaba ese carácter cuando confluían distintas circunstancias: precisamente una justa causa, como una agresión previa y no el motivo de expansión territorial; la intención recta y la proporcionalidad, de modo que se evite la crueldad excesiva y la aniquilación del enemigo; la ilicitud de matar directa e intencionadamente a inocentes; y las resoluciones del vencedor como juez, que no vengador, a fin de reparar los daños y aminorar los prejuicios de la nación o el estado vencido. Las guerras antiguas, además, solían hacerse de acuerdo con un protocolo bélico o guerrero, y, si era incumplido por uno de los contendientes, se reprochaba tal vulneración de las reglas. En los tiempos de hogaño, las guerras posmodernas parecen responder a decisiones precipitadas, sin una previsión ajustada de su transcurso y desarrollo. Se dicen, también, guerras “quirúrgicas”, como si los objetivos de las explosiones no afectaran, a modo de efectos colaterales, a los inocentes y se cebaran solo con las fuerzas militares y la dirigencia política. Son, asimismo, guerras a distancia -aviones, misiles y drones mediante-, pues, entre las consecuencias de los efectos bélicos, está la desconfianza y la falta de apoyo ciudadano -sobre todo electoral- a los dirigentes -decir estadistas es otra cosa- que las inician y han de recibir ataúdes de soldados y civiles que pierden su vida en la contienda. Se pretende, igualmente, que sean guerras episódicas y rápidas, como si una pavorosa demostración de fuerza llevara a la pronta rendición del enemigo. No ha resultado así en Ucrania, aunque lo pareciera al inicio de las hostilidades. Estas fueron bastante más cortas en el tiempo, hasta el momento, en Gaza. Y la duración es imprevisible en Irán, aunque tanto se anuncie como se rectifique que el fin está próximo. Cierto es, en cualquier caso, que se viven tiempos de guerra, principalmente por sus efectos mundiales -los continuos enfrentamientos sanguinarios en países africanos son desapercibidos-, y que esta sucesión contemporánea de guerras posmodernas lleva a plantear y replantear los presupuestos del pacifismo y los fundamentos del nombrado nuevo orden mundial.
Ante lo que sirven de poco consignas o instrumentalizaciones a beneficio de la coyuntura, por más que las guerras y su transcurso respondan en gran medida a ello.
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